miércoles, 14 de diciembre de 2011

MANCHAS EN EL VACÍO por Jean Arp


[Estudió arte en la academia Julian de Paris. En 1915, durante la guerra, se refugió en Zürich donde participó en la creación del movimiento Dada junto a Hall, Huelsenbeck y Tzara entre otros. En la década de 1920, radicado de nuevo en Paris, trabajó intensamente en su obra plástica y publicó los poemas "El pájaro entre los tres" en 1920, "La chaqueta de pirámides" en 1924 y "Configuración" en 1930, todos de corte surrealista. Durante la posguerra su obra plástica alcanzó grandes dimensiones, culminando obras monumentales como los murales de la Unesco en Paris y la Universidad de Harvard en USA y obteniendo el premio de la Bienal de Venecia en 1954. Su aporte al arte abstracto y a las escuelas dadaísta y surrealista, marcaron la gran influencia que ejerció en el desarrollo del arte y la literatura en el siglo XX.
Falleció en Basilea en 1966.

(Extraído de A media voz)]


1

la edad vive de cabello en cabello
a través del aire que ha quedado huérfano
vive como un huevo
que empolla frutas
en una cuerda tendida entre dos alas

el aire tiene la edad de las alas
las frutas nacen de las alas
las hojas de las alas sangran
en los arrastres del aire


2

calaveras
relucientes como soles
van sedientas hacia la fuente del vacío
desdeñadas por los patos avaros
los mamones glotones
y los etcéteras
numerados y firmados por los autores


3

las paredes son de carne humana
los hongos tienen voz de trueno
y enarbolan espadas enormes
contra los ratones ancestrales
con colmillos de elefante



Estrella por Jean Arp


4


las tetas de porcelana se balancean
en trapecios de oro
entre ramas de corbatas
mientras las estrellas cuchichean
y vuelan de fruta en fruta


5

Columnas siamesas lloran
lágrimas de maillots
porque caen siempre a la media noche
de sus platillos de hueso
con puntos que caen de las íes


6

un paisaje en un equipaje piafando se para
ante un canapé de parafina
guantes estelares petrifican
el vacío antropomorfo


7

sílabas de flores cubren
ramos de frondas
tiendas de encaje bailan
zarabandas saltarelos gallardas
con huchas llenas de avispas


8

el fin del aire
y el fin del mundo
son redondos como globos
pero mientras el fin del mundo
está sentado en su silla plegable
el fin del aire salta
desde un árbol de torneos
hasta una jaula vacía
que revolotea en el aire


9.

las mondas de diamantes suavizan las costumbres
los regocijos se prolongan
a veces hasta más allá de la muerte
incluso hasta más allá de la balaustrada
por el espacio utilizado


10.

las nubes golosas hunden
sus tropas y sus colas
en las llagas perfumadas
flores con pelucas de miel
se pasean por el agua charlatana


11.

las bocas de la luz bostezan
y enseñan el vacío
la máquina de sangre
sopla felicidad en las jetas
y repite sin parar
los yernos y las neuras
las nueras y los yerros


12.

¿de verdad es un sarcófago blanco
y no una ermita cubierta de saliva?
si se mandara moler esta aparición
¿caerían por fin agujas relucientes
en la luz podrida?


13.

picos sacan los ojos a la luz
mejillas juguetonas
mano a mano pie a pie
ruedas pies ante sus propios pies
testarudas tetas teutoburgo
gritan los picos con furor tetónico


14.

las bocas están llenas de huevos de lirio
los músculos de yeso llevan
paraguas bípedos
las flores barren leche
con su voz visible
los tallos se asoman fuera del espacio


15.

Siéntate en un dedo de mi pie
cielito blanco y desnudo
sigue siendo un traje sin mirada
sigue blanco y desnudo
deja que las antiguas realidades
recompongan el agua
depilen las almas
echen la última mirada
sigue blanco y desnudo
deja que ronroneen las aureolas
y que tamicen sus pensamientos
deja que las rosas se paseen
por la piel de un enano
deja que los miembros de cuatro voces
agiten plumas de carne
sigue blanco y desnudo


16.

las nubes se desnudan
en mesas carnosas
la camisa de la paja besa
a la esponja paradójica
ten cuidado con los engranajes de los rostros


sábado, 10 de diciembre de 2011

EL HOMBRE APROXIMATIVO (fragmentos) por Tristan Tzara


[Nació en Moinesti, Rumania, el 4 de abril de 1896. Su verdadero nombre parece ser Samy Rosenstock aunque Tzara lo negó rotundamente. En 1916 encontrándose en Zürich, fundó con el judío rumano Marcel Janco, los alemanes Hugo Ball y Huelsenbeck, y el alsaciano Arp, el movimiento Dada. Publicó diversos números de la revista "Dada" cuya influencia fue muy notoria en Alemania y posteriormente en Francia. En 1919 llegó a París, donde estableció el centro del movimiento dadaísta con los colaboradores de "Littérature" : Breton, Aragon, Soupault, Picabia y Jacques Rigaut entre otros. En 1922 se distanció de Breton y sus amigos, que empeñados en una obra más constructiva desembocarían en el surrealismo. En 1929 se reconcilió con los surrealistas hasta 1935, fecha en la que se separó definitivamente para adherirse a la política del Partido Comunista. Falleció en 1963.


(Extraído de A media voz)]


Tzara retratado por Lajos Tihanyi


las campanas suenan sin razón y nosotros también
los ojos de las frutas nos miran atentamente
y todas nuestras acciones son controladas no hay nada oculto
el agua del río ha lavado tanto su lecho
transporta a los dos hijos de las miradas que han arrastrado los pies de los muros en los brazos desgastados de la vida
atraído a los débiles unidos a las tentaciones, agotado de éxtasis
abierto al fondo de las viejas variantes
y desatadas las fuentes de las lágrimas prisioneras
las fuentes sujetas a los cotidianos ahogos
las miradas que agarran con agarran con manos desechadas
el claro producto del día o la ensombrecida aparición
que dan la cuidadosa riqueza de la sonrisa
atornillada como una flor en el ojal de la mañana
los que solicitan el alimento o la voluptuosidad
los realizadores que reciben eléctricas vibraciones los sobresaltos
las aventuras el fuego la certidumbre o la esclavitud
las miradas que se han arrastrado a lo largo de discretas tormentas
han consumido los adoquines de las ciudades y expiado muchas bajezas en las limosnas
se siguen cerradas alrededor de las cintas de agua
y corren hacia los mares llevándose en su peso
las humanas basuras y sus milagros

* * *

hombre aproximativo como yo como tú lector y como los otros
montón de carnes ruidosas y de ecos de consciencia completa en el solo pedazo de voluntad tu nombre transportable y asimilable cortes por las dóciles inflexiones de las mujeres
diversos incomprendidos según la voluptuosidad de las corrientes interrogadoras
hombre aproximativo moviéndote en los poco más o menos del destino
con un corazón como maleta y un vals a guisa de cabeza
vaho sobre el frío hielo tú te abstienes de verte a ti mismo
grande e insignificante entre las joyas de escarcha del paisaje
sin embargo los hombres cantarán en corro bajo los puentes
del frío la boca azul contraída mas lejos que la nada
hombre aproximativo o magnifico o miserable
en la niebla de las castas edades habitación a poco coste los ojos embajadores de fuego
que cada uno interrogue y atienda en el forro de caricias de sus ideas
ojos que rejuvenecen las violencias de los dioses ágiles
saltarín al disparo de los resortes dentarios de la risa
hombre aproximativo como yo tú lector
tienes entre tus manos como para lanzar una bola cifra luminosa tu cabeza de poesía

* * *

coleccionista de colillas en las selvas de éxtasis
y de astros destartalados caídos lejos en la fosa de los secretos
pedazos de país de pesadez despedazados recelos
de titubeantes fluideces de resaca
distraída convalecencia de llamas zancudas
allí arriba donde todo es de piedra
las cubas misteriosas de la fascinación
fermentan el trigo ilusorio de la voz
sobre los ramajes de las cataratas la tarde las arañas de los ojos se mueven inquietas
salvaje esperanza proyectada con los boomerangs y los cometas
en la humedad de azabache que ningún retorno de las alas pensantes desflora
ni de tizones de amor

* * *

las amapolas eléctricas bajo la concha de tortuga arropan los granos de arena y de belleza
el crepúsculo eleva los adioses al horizonte bañado con la fría claridad del estereoscopio
azotado por los resplandores navales de la vuelta a la prisión
y sus caídas de sitio en sitio preparan la electrificación de los ojos
adán y eva se esconden en el bello lugar del fruto hendido
dos vueltas hacen bajar del cielo subterráneamente a los gemelos de otras épocas
con el sabor de los metales pesados los cristales de las estrellas ofrecen el regazo en la entrada de la cueva
en el roquedo petrificado en alto para usted
cayendo en el dejar-ir del invierno que esgrime sus sables
nulidad y embrutecimiento desgranan con sólida mano los árboles en el precipicio
gritando a los nuevos aires las partidas los saltos rapaces del vacío
en la ilusión de las blancuras oscurecidas por el cloroformo
que la piel del hielo lleva al medio día de sangre

* * *

existe un hermoso país en su cabeza
allí donde la promesa del cielo le toca con su mano
desnuda está la piel del cielo y desollada por los racimos de roquedas
los ásperos itinerarios de los convoyes de las penas
han limitado el enfebrecido perfil del aire
y en la cisterna de su memoria el enjambre de las tribus
maduradas en los pérfidos nivelamientos
desagrega la espuma jadeante de la razón sin salida
su maldito zozobrar pasma allí donde acaba tu voluptuosidad crece el vacío
se rompe la espuela de las sórdidas estepas contra la pista de los dólmenes
ventilador que raspa en la caja de resonancia del barranco
barranco embriagado de profundidades gimientes
acolchados con finas escrituras de vértigos desdeñosos y de algas
nuestras miradas resbalando de vertical en vertical se disuelven
dibujan unos ojos de aceite sobre el charco
así te miro yo al pie de la montaña
agarrada como la noche está dispuesta a derramarse
y sobre los escalones escavados que sumergen tu andadura
se ha introducido la muerte hálito de apaciguamiento

* * *

mañana mañana
mañana marcada de cristal y de larvas
mañana de pan cocido
mañana de puertas en locura
mañana guardiana de caballerías
mañana de ardillas y pulidores de vitrales frescos en la costa
mañana que huele bien
aliento pegado a las estrías del iris

* * *

los bares se abren a las confidencias y al interior de los mariscos
danzan las diabólicas vibraciones por donde se filtra el pasado
entre los dientes helados sobre el bocado del aire
escucho todavía la sierra de las nubes
que vacía el horizonte de la madurez de los vestigios variables
y en tu corazón el contorno perturbado y más allá
el abismo se oscurece y es denso el hormigueo de los nadadores en la marmita
en el hombre país inculto y seco ese pataleo se reproduce
con querellas y acritud o terremotos de tierra
y aunque sobre ti las estrellas de los ojos explotan prestidigitador
hombre aproximativo como yo como tú
porque no sabes desparramar tu alma en cartas de juego
en mapas que tus sólidos pies pisotearon
midiendo la fuerza de los acantilados las de las ciudades y los nervios
examinando las escalas de las generaciones los frutos de
las nuevas edades oh sequedad
subterfugios escupidos de ángeles pegajosos grasas de medusa
excremenro de la mar vengadora

jueves, 8 de diciembre de 2011

¡LA LIBERTAD O EL AMOR! (fragmentos) por Robert Desnos


[Poeta francés nacido en Paris en 1900. Después de dejar el colegio a los 16 años, trabajó como empleado de farmacia y empezó a mostrar interés en la literatura publicando escritos en una revista de corte socialista llamada La galería de los jóvenes. En 1919 publicó los primeros poemas en Le fard de argonautes y se reunió con André Breton, Péret, Tzara y Aragon, integrándose en 1920 al grupo surrealista. Mostró sus habilidades literarias jugando con el idioma, y convirtiéndose en un experto de la "escritura automática" en sus poemas titulados "Oasis" y "Asilo amigo". Para ganarse la vida ejerció luego como periodista, publicando crónicas sobre películas, música y teatro. Hacia 1929 se alejó del movimiento surrealista en la gran crisis que señaló el segundo manifiesto de André Breton. Continuó escribiendo en el siguiente decenio publicando obras que incluyeron "Corps et biens" en 1930 y "Le sans cou" en 1934. En la segunda guerra mundial se alistó en el ejército francés, regresó a París durante la ocupación alemana y bajo seudónimos como Lucien Gallois y Pierre Andier, publicó una serie de ensayos contra los nazis que le valieron su reclusión en varios campos de concentración. Falleció ocho días después de ser liberado por el ejército ruso en junio de 1945.

(Extraído de A media voz)]


Portada de la edición de Cabaret Volatire
(mayo 2007)



Navío de madera de ébano que zarpaste rumbo al polo Norte, la muerte se te presenta en forma de bahía circular y glacial, sin pingüinos ni focas, sin osos. Conozco la agonía de un navío atrapado en la banquisa, conozco el estertor del frío y la muerte faraónica de los exploradores árticos y antárticos, con sus ángeles rojos y verdes y el escorbuto y la piel quemada por el frío. Desde una capital europea, un periódico arrastrado por el viento asciende rápidamente hacia el polo aumentando su tamaño y sus dos hojas son dos grandes alas fúnebres.

Y no olvido los telegramas de pésame, ni la estúpida anécdota de la bandera nacional clavada en el hielo, ni el regreso de los cuerpos sobre armores de artillería.

Estúpida evocación de la vida libre de los desiertos. Ya sean de hielo o de pórfido, en un navío o en un vagón, perdidos entre la gente o en el espacio, esta sentimental imagen del desorden universal no me afecta.

Sus labios hacen brotar lágrimas de mis ojos. Ella está ahí. Su palabra golpea mis sienes con su temible martillear. Imagino sus muslos con espontáneas ganas de andar. Te amo y tú finges ignorarme. Quiero creer que finges ignorarme o más bien no, porque tus gestos están repletos de alusiones. La frase más banal conlleva sobreentendidos conmovedores cuando eres tú quien me dirige la palabra.

¡Me has dicho que estabas triste! ¿Se lo habrías dicho a alguien que te resultara indiferente? Me has dicho la palabra "amor". ¿Cómo no ibas a darte cuenta de mi emoción? ¿Cómo no ibas a querer provocarla?

O si me ignoras es porque está mal impreso este calendario, tú, cuya presencia no me es siquiera necesaria. ¡Tus fotografías en mis paredes y los vivos recuerdos que he guardado en el corazón de mis encuentros contigo sólo juegan un mezquino papel en mi amor! Tú eres, sí tú, grande en mi sueño, siempre estás presente, sola en escena y sin embargo careces de papel.

Rara vez te cruzas en mi camino. Estoy en la edad en que uno empieza a mirarse los delgados dedos, y en que la juventud es tan plena, tan real que no va a tardar en marchitarse. Tus labios hacen brotar lágrimas de mis ojos, te acuestas completamente desnuda en mi cerebro y ya no me atrevo a dormirme.

Y además estoy harto, ya ves, de hablar de ti en voz alta.

* * *

La creación colectiva por René Magritte


Aquí llega el comerciante de esponjas.

Corsaire Sanglot le pregunta con la mirada y éste le revela que su poética carga no le sugiere ideas normales.

No trata de paisajes submarinos ensangrentados por los corales, por los combates de los peces voraces, por las heridas de los náufragos cuya sangre emerge nebulosamente a la superficie, ni una hermosa millonaria que, superviviente de un célebre naufragio y salvada de una insolación gracias a una milagrosa sombrilla, más tarde, al pasar por esos mismos parajes a bordo de un buque, expresará el deseo de nadar en esas aguas transparentes y coloreadas. Se detendrán las máquinas. Cesará el fragor de las turbinas. Las órdenes breves de los oficiales enguantados de negro resonarán un instante, antes de que advenga el silencio. Los pasajeros se acodarán a la borda. La joven millonaria se lanzará al agua apenas vestida con un ligero bañador blanco. Nadará durante media hora sorprendida por no encontrar en las olas el sabor a sal sino el del fósforo. Cuando suba al puente, estará roja, toda roja como una flor magnífica, lo cual tendrá relación con el desastre. Los hombres, enamorados de ella desde que zarparon de un puerto europeo, se volverán frenéticos, y los últimos gavieros, el comandante y los mecánicos también se la comerán con los ojos. El navío reemprenderá la ruta interrumpida un instante, pero todas esas miradas, hasta entonces reducidas a observar el horizontal maridaje del mar y el cielo, se clavarán en la danza del tiránico fantasma rojo. Rojo como las señales de alarma dispuestas a lo largo de las vías férreas, rojo como el incendio de un navío cargado de un explosivo blanco, rojo como el vino. Enseguida se confundirá con las llamas de las lumbres de la maquinaria, con los pliegues de los pabellones que sacuden la extremidad de los mástiles de popa, con los vuelos de los pájaros marinos y de los peces tropicales. Unos icebergs fálicos descenderán por capricho hasta los cálidos mares del sur. Una noche alcanzarán la estela transversal y el fantasma se reflejará en ellos mejor que en un espejo. Un abrazo salvaje detendrá ahí el viaje de largo recorrido.

No, no son historias banales las narradas por las esponjas al comerciante que recorre la calle cercada por gasógenos. Tampoco lo es la historia de aquellos pescadores de tortugas marinas que, en una red, sintieron un día la presencia de un peso inesperado. Recuperada la red con dificultad, descubrieron entre sus mallas un busto antiguo y mutilado y una sirena: una sirena pez hasta la cintura y mujer de la cintura a los pies. Desde aquel día, la existencia se volvió insoportable a bordo de aquel barco. La red sólo pescaba estrellas carnosas y sedosas, medusas transparentes y blandas como bailarinas en tutú recientemente asesinadas, anémonas y algas mágicas. El agua de los depósitos se transformó en finas perlas y los alimentos en flores de los Alpes: edelweiss y clemátides. El hambre torturó a los marineros pero nadie pensó en devolver al mar a la augural criatura que había provocado la hambruna. En la proa ella soñaba sin parecer preocuparle su nueva vida. La tripulación sucumbió en pocos días y el esquife, a merced de las corrientes, sigue aún hoy recorriendo los océanos.


jueves, 1 de diciembre de 2011

BATUCADA por Aimé Césaire


[Biografía de Aimé Cesaire aquí]


Los arrozales de colillas de escupitajo sobre el extraño emplazamiento
de mi simplicidad se tatúan con picachos
Las palabras perforadas en mi saliva resurgen en cuidades de
esclusa abierta, más palidas sobre los arrabales
Oh las ciudades transparentes montadas en yaks
sangre lenta orinando a las hojas de filigrana el último recuerdo
el bulevar cometa herido brusco pájaro traspasado
se arrebata en pleno cielo
acribillado de flechas
Es la noche como me gusta muy socavada y muy nula
abanico de dedos de brújula bajados bruscamente de la blanca risa de los sueños

Batucada
cuando el mundo sea desnudo y bermejo
como una matriz calcinada por los grandes soles del amor
batucada
cuando el mundo sea sin indagación
un corazón maravilloso donde se estampe el decorado
de las miradas rotas en pedazos
por vez primera

cuando las imantaciones hagan caer en la trampa a las estrellas
cuando el amor y la muerte sean
un solo coralillo vuelto a soldar alrededor del brazo sin brazalete
sin hollín
sin defensa
batucada del río crecido de lágrimas de cocodrilos y de fuetes al garete
batucada del árbol de serpientes de los danzarines de la pradera
de rosas de Pensilvania mirando a los ojos a la nariz a las orejas
a las ventanas de la cabeza cortada
del guillotinado
batucada de la mujer de los brazos de mar de la cabellera de manantial submarino
la rigidez cadavérica transforma los cuerpos
en lágrimas de acero
todas las fasmas foliáceas hacen un mar de yucas azules y de balsas
todos los fantasmas neuróticos se han desbocado
batucada
cuando el mundo sea de abstracción seducida
de retoños de sal gema
los jardunes del mar
por la primera y última vez
un mástil de carabela olvidada arde almendro del naufragio
un cocotero un baobab una hoja de papel
una apelación sin lugar
batucada

cuando el mundo sea una mina al aire libre
cuando el mundo tenga la altura del puente de mando
mi deseo
tu deseo
conjugados en un salto en el vacío respirado
delante del alero de nuestros ojos revienten espumeantes
todos los polvos de soles poblados de paracaídas
de incendios voluntarios de oriflamas de trigo rojo
batucada de ojos podridos
batucada de ojos de melaza
batucada de la mar doliente encostrada de islas
el Congo es un salto de sol naciente en la punta de un hilo
un balde de ciudades sangrantes
un manojo de toronjil en la noche forzada
batucada
cuando el mundo sea una torre de silencio
donde seremos la carroña y el buitre
todas las lluvias de papagayos
todas las dimensiones de chinchillas
baticada de rotas trompas de párpado de aceite de virulentos chorlitos reales
batucada de la lluvia matada hendida finamente de orejas enrojecidas
purulencia y vigilancia
habiendo violado hasta la transparencia el sexo estrecho del crepúsculo
el gran negro del amanecer
hasta el fondo del mar de piedra agrietada
espera los frutos de hambre de las ciudades engarrotadas
batucada
¡Oh! sobre el último vacío
-salpicante salpicado-
hasta la rabia del paisaje
¡las terminantes órdenes de una sangre severa!

Y el navío voló por encima del cráter en el umbral mismo de la hora surcada de águilas
y el navío avanzó en haces tranquilos de estrellas errantes
en haces leonados de muelles cortados y de panoplias
y el navío soltó una andanada de ratones
de telegramas de cauris de huríes
un danzarín wolof bailaba de puntillas y emitía señales
en la punta del mástil mayor
toda la noche se le vio bailar cargado de amuletos y de alcohol
saltando a la altura de las estrellas carnosas
un ejército de cuervos
un ejército de cuchillos
un ejército de parábolas
y el navío combado soltó un ejército de caballos
A medianoche la tierra se adentró en el canal del cráter
y el viento de diamantes tendido de sotanas rojas
fuera del olvido
sopló cascos de caballo cantan la aventura de la muerte a su voz de leche
sobre los jardines del arco iris plantado de algarrobos
batucada
cuando el mundo sea un vivero donde pescaré mis ojos al sedal de los tuyos
batucada
cuando el mundo sea el látex de largo recorrido de carnes del sueño bebido
batucada
batucada de oleajes y singultos
batucada de sollozos escarnecidos
batucada de búfalos asustados
batucada de desafíos de avisperos de color de carmín
en la rapiña del fuego y del cielo esfumado
batucada de manos
batucada de senos
batucada de los siete pecados decapitados
batucada del sexo de beso de pájaro de huida de pez
batucada de princesa negra con diadema de sol que se funde
batucada de princesa atizando mil guardias desconocidos
mil jardines olvidados bajo la arena y el arco iris
batucada de la princesa con muslos de Congo
de Borneo
de Casamancia

batucada de noche sin centro
de noche sin labios
portando por corbata el velamen de mi galera sin nombre
de mi pájaro de bumerang
he lanzado mi ojo en el vaivén de mar en la Guinea de la desesperación y de la muerte
todo lo extraño se solidifica en la isla de Pascua, isla de Pascua
todo lo extraño tajado de caballerías de la sombra
un arroyo de agua fresca corre en mi mano sargazo de gritos fundidos
Y el navío desarbolado ahondó en los sesos de las noches obstinadas
mi exilio-minarete-sed-de-ramas
batucada
Las corrientes rodaron racimos de sables de plata
y de cucharas de basca
y el viento agujereado por los dedos del sol
rapó con fuego las axilas de las islas de pelo de espuma
batucada de tierras preñadas
batucada de mar amurallada
batucada de villas jorobadas de pies podridos de muertos deletreados en la inaceptables desesperanza del recuerdo
Basse Pointe, Diamant, Tartane y Caravalle
siclos de oro, garlopas de flotación asaltadas de gavillas y neguillas
sesos tristes arrastrados por orgarmos
armadillos nebulosos
¡O los krúmenes chocarreros de mi barra!
el sol ha saltado de las grandes bolsas marsupiales del mar sin claraboya
en plena álgebra de cabellos postizos y de vías sin tranvía;
batucada, los ríos lagartean en el yelmo desprendido de los barrancos
las cañas se bambolean a los bandazos de la tierra en crecimiento de joroba de camella
las ensenadas desculan con luces irresponsables las vejigas sin reflujo de las piedras

sol, ¡a las gargantas!
negro chillón, negro matancero, negro corsario batucada despliegue de especies y de moscas
Dormida manada de yeguas bajo el bambucal
sangra, sangra manada de carambas
Asesino te indulto en nombre de la violación
Te indulto en nombre del Espíritu Santo
Te indulto con mis manos de salamandra
El día pasará como una ola con las ciudades en bandolera
en su morral de conchas henchidas de pólvora
Sol, sol, roja serpentaria asomada a mi trance
el río de azagayas que los hombres llaman mi cara
el río de pie alrededor del mundo
golpeará la roca artesiana de un centenar de estrellas de monzón

Libertad, mi únco pirata, agua de año nuevo, mi única sed
amor mi único sampán
haremos escurrir nuestros dedos de risa y de calabaza
entre los dientes helados de la Bella-durmiente.

De Las armas milagrosas

La jungla de Wifredo Lam

miércoles, 23 de noviembre de 2011

LA LANGOSTA Y LA LATA DE CORNED-BEEF QUE LLEVABA EL DOCTOR FAUSTROLL EN BANDOLERA por Alfred Jarry


[Biografía de Alfred Jarry aquí]


Una lata de corned-beef, colgada como unos gemelos,
Vio pasar a una langosta que se parecía fraternalmente,
Iba ésta acorazada de un duro caparazón
Sobre el cual estaba escrito que el interior como la lata, carecía de espinas,
(Boneless and economical);
Y bajo la cola replegada
Probablemente ocultaba una llave para abrirla.
Enamorado de repente, el corned-beef sedentario
Declaró a la pequeña lata automóvil de conserva viva
Que si consentía en aclimatarse
Cerca de él, en los terrestres escaparates,
Sería condecorada con muchas medallas de oro.


Ubu Roi de Joan Miró

jueves, 17 de noviembre de 2011

LO ARCANGÉLICO (fragmento) por Georges Bataille


[Escritor y ensayista francés, nacido en Billom, Puy-de-Dôme. Estudia en la Ecole des Chartes, de París, donde se gradúa en 1922, y en la Escuela Superior de Estudios Hispánicos, de Madrid, a donde acude en 1923, le sirven para ganarse la vida como numismático en la Biblioteca Nacional de París, donde ingresa en 1924. Su contacto con la filosofía viene de las lecturas de Nietzsche, realizadas en 1923, y de Hegel en 1929. Su obra, preferentemente literaria - ensayos, suele decirse, que parecen novelas y que no llegan a serlo- entra en el terreno de la filosofía, en el ámbito propio de la corriente posestructuralista francesa, cuyo exponente principal es Derrida, y cuya preocupación central es investigar por qué se vincula la racionalidad con la palabra escrita, y poner en evidencia el trasfondo de irracionalidad que hay en esta creencia y la crítica total al concepto de sujeto. Su obra filosóficamente más importante la forman La experiencia interior (1943), El culpable (1944) y Sobre Nietzsche (1945), libros escritos durante la ocupación alemana, Suma ateológica I (1954), y Suma ateológica II (1961). Son particularmente interesantes sus escritos sobre estética y sobre erotismo. Fundó las revistas Documents (1929-1930) y Critique (1946) y la sociedad secreta Acéphale (1936-1939).

(Extraído de El poder de la palabra)]



Inmensidad criminal
agrietada vasija de la inmensidad
ruina sin límites

inmensidad que me abruma blanda
yo, blando
el universo es culpable

la locura alada mi locura
desgarra la inmensidad
y la inmensidad me desgarra

estoy solo
hombres ciegos leerán estas líneas
en interminables túneles

caigo en la inmensidad
que cae en sí misma
más negra que mi muerte

el sol es negro
la belleza de los seres es el fondo de las cuevas un grito
de la noche absoluta

lo que ama en la luz
el estremecimiento que la hiela
es el deseo de la noche

miento
y queda clavado el universo
en mis mentiras dementes

la intensidad
y yo
nos descubrimos uno a otro nuestras mentiras

la verdad muere
y el grito
que la verdad miente

mi cabeza azucarada
que agota la fiebre
es el suicidio de la verdad

el no-amor es la verdad
y todo miente en la ausencia del amor
nada existe que no mienta

comparado al no-amor
el amor es cobarde
y no ama

el amor es parodia del no-amor
parodia la verdad de la mentira
el universo un suicidio alegre

en el no-amor
la inmensidad cae dentro de sí
sin saber qué hacer

todo está en paz para otros
los mundos giran majestuosos
con monótona calma

está en mi el universo en sí mismo
ya nada de él me separa
me enfrento con él dentro de mí

en el calmo infinito
al que las leyes lo encadenan
se desliza hacia lo imposible inmensamente

horror
de un mundo que gira sobre su eje
el objetivo del deseo está más allá

la gloria del hombre consiste
por grande que sea
en desear otra

estoy
está conmigo el mundo
expulsado fuera de lo posible

no soy sino la risa
y la noche pueril
donde la inmensidad

soy el muerto
el ciego
la sombra sin aire

como los ríos en la mar
sin cesar ruido y luz
en mi se pierden

soy el padre
y la tumba del cielo

el exceso de tinieblas
es el fulgor de la estrella
el frío de la fosa un dado

la muerte echó los dados
y la profundidad de los cielos exulta
por la noche que sobre mí se desploma



El sueño del caballero de Antonio de Pereda

martes, 8 de noviembre de 2011

NOVELA Y REBELDÍA por Albert Camus


[Novelista, ensayista y dramaturgo francés, considerado uno de los escritores más importantes posteriores a 1945. Su obra, caracterizada por un estilo vigoroso y conciso, refleja la philosophie de l'absurde, la sensación de alienación y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad y la fraternidad humana. Camus nació en Mondovi (actualmente Drean, Argelia), el 7 de noviembre de 1913, y estudió en la universidad de Argel. Sus estudios se interrumpieron pronto debido a una tuberculosis. Formó una compañía de teatro de aficionados que representaba obras a las clases trabajadoras; también trabajó como periodista y viajó mucho por Europa. En 1939, publicó Bodas, un conjunto de artículos que incluían reflexiones inspiradas por sus lecturas y viajes. En 1940, se trasladó a París y formó parte de la redacción del periódico Paris-Soir. Durante la II Guerra Mundial fue miembro activo de la Resistencia francesa y de 1945 a 1947, director de Combat, una publicación clandestina. Argelia sirve de fondo a la primera novela que publicó Camus, El extranjero (1942), y a la mayoría de sus narraciones siguientes. Esta obra y el ensayo en el que se basa, El mito de Sísifo (1942), revelan la influencia del existencialismo en su pensamiento. De las obras de teatro que desarrollan temas existencialistas, Calígula (1945) es una de las más conocidas. Aunque en su novela La Peste (1947) Camus todavía se interesa por el absurdo fundamental de la existencia, reconoce el valor de los seres humanos ante los desastres. Sus obras posteriores incluyen la novela La caída (1956), inspirada en un ensayo precedente; El hombre rebelde (1951); la obra de teatro Estado de sitio (1948); y un conjunto de relatos, El exilio y el reino (1957). Colecciones de sus trabajos periodísticos aparecieron con el título de Actuelles (3 vols., 1950, 1953 y 1958) y El verano (1954). Una muerte feliz (1971), aunque publicada póstumamente, de hecho es su primera novela. En 1994, se publicó la novela incompleta en la que trabajaba cuando murió, El primer hombre. Sus Cuadernos, que cubren los años 1935 a 1951, también se publicaron póstumamente en dos volúmenes (1962 y 1964). Camus, que obtuvo en 1957 el Premio Nobel de Literatura, murió en un accidente de coche en Villeblerin (Francia) el 4 de enero de 1960.

Extraído de El poder de la palabra]


Albert Camus, el hombre rebelde.

Es posible separar la literatura de consentimiento que coincide, en líneas generales, con los siglos antiguos y los siglos clásicos, y la literatura de disidencia que empieza con los tiempos modernos. Se observará entonces la escasez de novela en la primera. Cuando existe, salvo raras excepciones, no concierne a la historia, sino a la fantasía (Teágenes y Cariclea o La Astrea). Son cuentos, no novelas. Con la segunda, por el contrario, se desarrolla realmente el género novelesco que no ha cesado de enriquecerse y extenderse hasta nuestros días, al mismo tiempo que el movimiento crítico y revolucionario. La novela nace al mismo tiempo que el espíritu de rebeldía y traduce, en el plano estético, la misma ambición.


«Historia ficticia, escrita en prosa», dice Littré de la novela. ¿No es más que esto? Un crítico católico [1] ha escrito no obstante: «El arte, sea cual sea su objetivo, siempre hace una competencia culpable a Dios». Es más justo, en efecto, hablar de una competencia a Dios, a propósito de la novela, que de una competencia al Estado civil. Thibaudet expresaba una idea parecida cuando decía a propósito de Balzac: «La comedia humana es la Imitación de Dios Padre.» El esfuerzo de la gran literatura parece consistir en crear universos cerrados o tipos completos. Occidente, en sus grandes creaciones, no se limita a describir su vida cotidiana. Se propone sin descanso grandes imágenes que lo enardecen y se lanza tras ellas.

Al fin y al cabo, escribir o leer una novela son acciones insólitas. Construir una historia mediante una disposición nueva de hechos verdaderos no tiene nada de inevitable, ni de necesario. Incluso si la explicación vulgar, por el gusto del creador y del lector, fuese verdad, habría que preguntarse entonces por qué necesidad la mayor parte de los hombres experimentan precisamente gusto e interés en historias fingidas. La crítica revolucionaria condena la novela pura como la evasión de una imaginación ociosa. La lengua común, a su vez, llama «novela» al relato engañoso del periodista torpe. Hace unos lustros, la costumbre quería asimismo, contra la verosimilitud, que las jóvenes fuesen «novelescas». Se daba a entender con ello que tales criaturas ideales no tenían en cuenta las realidades de la existencia. De manera general, siempre se ha considerado que lo novelesco se apartaba de la vida y que la embellecía al mismo tiempo que la traicionaba. La manera más simple y la más común de entender la expresión novelesco consiste, pues, en ver en ella un ejercicio de evasión. El sentido común se suma a la crítica revolucionaria.

Pero ¿de qué nos evadimos por medio de la novela? ¿De una realidad juzgada demasiado aplastante? La gente feliz lee también novelas y es constante que el extremo sufrimiento quite la afición a la lectura. Por otro lado, el universo novelesco tiene ciertamente menos peso y menor presencia que ese otro universo en que unos seres de carne y hueso nos asedian sin descanso. ¿Por qué misterio, sin embargo, Adolfo nos aparece como un personaje mucho más familiar que Benjamin Constant, el conde Mosca que nuestros moralistas profesionales? Balzac terminó un día una larga conversación sobre la política y la suerte del mundo diciendo: «Y ahora volvamos a las cosas serias», queriendo hablar de sus novelas. La gravedad indiscutible del mundo novelesco, nuestro empeño en tomar, en efecto, en serio los mitos incontables que nos brinda desde hace dos siglos el genio novelesco, el gusto por la evasión no basta para explicarlo. Ciertamente, la actividad novelesca supone una especie de rechazo de lo real. Pero este rechazo no es una simple huida. ¿Hay que ver en él el movimiento de retiro del alma noble que, según Hegel, se crea a sí misma, en su decepción, un mundo ficticio en que la moral reina sola? La novela edificante, sin embargo, queda asaz distante de la gran literatura; y la mejor novela rosa, Pablo y Virginia, obra propiamente penosa, no ofrece nada al consuelo.

La contradicción es la siguiente: el hombre rechaza el mundo tal cual es, sin aceptar escaparse. De hecho, los hombres tienen apego al mundo y, en su inmensa mayoría, no desean abandonarlo. Lejos de querer olvidarlo siempre, sufren, al contrario, por no poseerlo bastante, extraños ciudadanos del mundo, exiliados en su propia patria. Salvo en los instantes fulgurantes de la plenitud, toda realidad es para ellos inacabada. Sus actos les escapan en otros actos, vuelven a juzgarlos bajo rostros inesperados, huyen como el agua de Tántalo hacia una desembocadura ignorada aún. Conocer la desembocadura, dominar el curso del río, captar por fin la vida como destino, he ahí su verdadera nostalgia, en lo más denso de su patria. Pero esta visión que, en el conocimiento al menos, los reconciliaría por fin con ellos mismos, no puede aparecer, si es que aparece, más que en ese momento fugitivo que es la muerte: todo acaba en él. Para estar, una vez, en el mundo, es preciso no estar ya en él nunca más.

Nace aquí esa desgraciada envidia que tantos hombres sienten por la vida de los otros. Percibiendo esas existencias por fuera, les suponen una coherencia y una unidad que no pueden tener, en verdad, pero que parecen evidentes al observador. Éste no ve más que la línea superior de tales vidas, sin cobrar conciencia del detalle que las roe. Hacemos entonces arte de tales existencias. De modo elemental, las novelamos. Cada cual, en este sentido, trata de hacer de su vida una obra de arte. Deseamos que el amor dure y sabemos que no dura; aunque, por milagro, debiese durar toda una vida, sería aún inacabado. Quizás, en esta insaciable necesidad de durar, comprenderíamos mejor el sufrimiento terrestre si supiéramos que fuese eterno. Parece que a las grandes almas las asusta a veces menos el dolor que el hecho de que no dura. A falta de una felicidad infatigable, un largo sufrimiento crearía al menos un destino. Pero no, y nuestras peores torturas cesarán un día. Una mañana, después de tantas desesperaciones, un irreprimible deseo de vivir nos anunciará que todo ha terminado y que el sufrimiento ya no tiene más sentido que la felicidad.

El afán de posesión no es más que otra forma del deseo de durar; él es el que hace el delirio impotente del amor. Ningún ser, ni siquiera el más amado, y que mejor nos responda, está nunca en nuestra posesión. En la tierra cruel, donde los amantes mueren a veces separados, nacen siempre divididos, la posesión total de un ser, la comunión absoluta en el tiempo entero de la vida es una imposible exigencia. El afán de la posesión es hasta tal punto insaciable que puede sobrevivir al amor mismo. Amar, entonces, es esterilizar al amado. El vergonzoso sufrimiento del amante, en lo sucesivo solitario, no es tanto el no ser ya amado, cuanto el saber que el otro puede y debe amar aún. En el límite, todo hombre devorado por el deseo loco de durar y de poseer desea a los seres a los que ha amado la esterilidad o la muerte. Ésta es la verdadera rebeldía. Quienes no han exigido, un día al menos la virginidad absoluta de los seres y del mundo; quienes no han temblado de nostalgia y de impotencia ante su imposibilidad; quienes, entonces, vueltos a su nostalgia de absoluto, no son destruidos intentando amar a media altura, ésos no pueden comprender la realidad de la rebeldía y su furia de destrucción. Pero los seres se escapan siempre y nosotros les escapamos también: no tienen perfiles firmes. La vida desde este punto de vista no tiene estilo. No es más que un movimiento que corre en pos de su forma sin dar nunca con ella. El hombre, desgarrado así, busca en vano esa forma que le daría los límites entre los cuales sería rey. ¡Que una sola cosa viva tenga su forma en este mundo y éste estará reconciliado!

No hay ser por fin que, a partir de cierto nivel elemental de conciencia, no se agote buscando las fórmulas o las actitudes que darían a su existencia la unidad que le falta. Parecer o hacer, el dandi o el revolucionario exigen la unidad, para ser, y para ser en este mundo. Como en esas patéticas y miserables relaciones que se prolongan a veces largo tiempo porque uno de los miembros espera hallar la palabra, el gesto o la situación que harán de su aventura una historia concluida y formulada en el tono justo, cada uno se crea o se propone tener la palabra final. No basta con vivir, hace falta un destino, y sin esperar la muerte. Es, pues, justo decir que el hombre tiene la idea de un mundo mejor que éste. Pero mejor no quiere decir entonces diferente, mejor quiere decir unificado. Esta fiebre que levanta el corazón por encima de un mundo disperso, del que, sin embargo, no puede desprenderse, es la fiebre de la unidad. No desemboca en una mediocre evasión, sino en la reivindicación más obstinada. Religión o crimen, todo esfuerzo humano obedece a la postre a ese deseo irrazonable y pretende dar a la vida la forma que no tiene. El mismo movimiento, que puede llevar a la adoración del cielo o a la destrucción del hombre, lleva asimismo a la creación novelesca, que recibe entonces su seriedad.

¿Qué es, en efecto, la novela sino este universo en que la acción halla su forma, en que las palabras del final son pronunciadas, los seres entregados a los seres, en que toda vida toma la faz del destino? [2] El mundo novelesco no es más que la corrección de este mundo, según el deseo profundo del hombre. Pues se trata indudablemente del mismo mundo. El sufrimiento es el mismo, la mentira y el amor. Los personajes tienen nuestro lenguaje, nuestras debilidades, nuestras fuerzas. Su universo no es ni más bello ni más edificante que el nuestro. Pero ellos, al menos, corren hasta el final de su destino y no hay nunca personajes tan emocionantes como los que van hasta el extremo de su pasión, Kirilov y Stavroguin, la señora Graslin, Julián Sorel o el príncipe de Cléves. Es aquí donde nos alejamos de su medida, pues ellos acaban lo que nosotros no acabamos nunca.

Madame de La Fayette sacó La princesa de Cléves de la más estremecedora experiencia. Sin duda es la señora de Cléves, y sin embargo no lo es. ¿Dónde está la diferencia? La diferencia está en que madame de La Fayette no entró en un convento y que nadie en su entorno murió de desesperación. No cabe duda de que conoció al menos los instantes desgarradores de aquel amor sin igual. Pero no tuvo punto final, le sobrevivió, lo prolongó cesando de vivirlo, y por último, nadie, ni ella misma, hubiera conocido su dibujo si no le hubiera dado la curva desnuda de un lenguaje impecable. Del mismo modo, no existe historia más novelesca y más bella que la de Sophie Tonska y Casimir en Las pléyades de Gobineau. Sophie, mujer sensible y bella, que hace entender la confesión de Stendhal, «no hay más que las mujeres de gran carácter que puedan hacerme feliz», obliga a Casimir a confesarle su amor. Acostumbrada a ser amada, se impacienta ante aquél, que la ve todos los días y que, a pesar de ello, no ha abandonado nunca una calma irritante. Casimir confiesa, en efecto, su amor, pero en el tono de una exposición jurídica. La ha estudiado, la conoce tanto como se conoce a sí mismo, está seguro de que este amor, sin el que no puede vivir, carece de futuro. Ha decidido, pues, declararle a la vez este amor y su inconsistencia, hacerle donación de su fortuna -Sophie es rica y este gesto es inconsecuente- a condición de que ella le pase una modestísima pensión que le permita trasladarse al suburbio de una ciudad elegida al azar (será Vilna), y esperar en ella la muerte, en la pobreza. Casimir reconoce, por lo demás, que la idea de recibir de Sophie lo que le será necesario para subsistir representa una concesión a la debilidad humana, la única que se permitirá, con, de tarde en tarde, el envío de una página en blanco metida en un sobre en el que escribirá el nombre de Sophie. Tras mostrarse indignada, luego turbada, luego melancólica, Sophie aceptará; todo se desarrollará tal como Casimir había previsto. Morirá en Vilna, de su pasión triste. Lo novelesco tiene así su lógica. Una bella historia no carece de esa continuidad imperturbable que no se da nunca en las situaciones vividas, pero que se encuentra en el proceso del sueño, a partir de la realidad. Si Gobineau hubiese ido a Vilna, se habría aburrido y habría regresado, o habría estado allí a su gusto. Pero Casimir no conoce las ganas de cambiar y las mañanas de cura. Va hasta el fin, como Heathcliff, que deseará ir más allá de la muerte para Regar hasta el infierno.

He aquí, pues, un mundo imaginario, pero creado por la corrección de éste, un mundo en que el dolor puede, si quiere, durar hasta la muerte, en que las pasiones no se distraen nunca, en que los seres se entregan a una idea fija y están siempre presentes los unos para con los otros. El hombre se da al fin a sí mismo la forma y el límite apaciguador que persigue en vano en su condición. La novela fabrica destinos a la medida. Así es como compite con la creación y vence, provisionalmente, a la muerte. Un análisis detallado de las novelas más famosas mostraría, con perspectivas cada vez diferentes, que la esencia de la novela está en esa corrección perpetua, dirigida siempre en el mismo sentido, que el artista efectúa sobre su experiencia. Lejos de ser moral o puramente formal, esta corrección apunta primero a la unidad y traduce, con ello, una necesidad metafísica. La novela, a este nivel, es en primer lugar un ejercicio de la inteligencia al servicio de una sensibilidad nostálgica o en rebeldía. Se podría estudiar esta búsqueda de la unidad en la novela francesa de análisis, y en Melville, Balzac, Dostoievski o Tolstoi. Pero una breve confrontación entre dos tentativas que se sitúan en los extremos opuestos del mundo novelesco, la creación proustiana y la novela norteamericana de estos últimos años, bastará para nuestra intención.

La novela norteamericana pretende hallar su unidad reduciendo al hombre, ya sea a lo elemental, ya a sus reacciones externas y a su comportamiento [3]. No elige un sentimiento o una pasión del que dará una imagen privilegiada, como en nuestras novelas clásicas. Rechaza el análisis, la búsqueda de un resorte psicológico fundamental que explicaría y resumiría la conducta de un personaje. Por eso, la unidad de dicha novela no es más que una unidad de enfoque. Su técnica consiste en describir a los hombres por fuera, en los más indiferentes de sus gestos, en reproducir sin comentarios los discursos hasta en sus repeticiones [4], en hacer, por fin, como si los hombres se definiesen enteramente por sus automatismos cotidianos. A ese nivel maquinal, efectivamente, los hombre se parecen y así se explica ese curioso universo en que todos los personajes parecen intercambiables, hasta en sus particularidades físicas. Esta técnica es llamada realista tan sólo por un malentendido. Además de que el realismo en arte es, como veremos, una noción incomprensible, resulta muy evidente que este mundo novelesco no tiende a la reproducción pura y simple de la realidad, sino a su estilización más arbitraria. Nace de una mutilación, y de una mutilación voluntaria, llevada a cabo sobre lo real. La unidad así obtenida es una unidad degradada, una nivelación de los seres y del mundo. Parece que, para esos novelistas, sea la vida interior la que priva las acciones humanas de la unidad y que arrebata a los seres los unos a los otros. Tal sospecha es en parte legítima. Pero la rebeldía que se halla en la fuente de este arte, no puede encontrar su satisfacción sino fabricando la unidad a partir de esa realidad interior, y no negándola. Negarla totalmente es referirse a un hombre imaginario. La novela negra es también una novela rosa de la que tiene la vanidad formal. Edifica a su manera [5]. La vida de los cuerpos, reducida a sí misma, produce paradójicamente un universo abstracto y gratuito, constantemente negado a su vez por la realidad. Esa novela, purgada de vida interior, en que los hombres parecen observados detrás de un cristal, acaba lógicamente dándose, como tema único, al hombre presuntamente medio, escenificando lo patológico. Así se explica la cantidad considerable de «inocentes» utilizados en este universo. El inocente es el tema ideal de semejante empresa, ya que no es definido, y por entero, sino por su comportamiento. Es el símbolo de este mundo exasperante, en que unos autómatas desdichados viven en la más maquinal de las coherencias, y que los novelistas norteamericanos han elevado frente al mundo moderno como una protesta patética, pero estéril.

En cuanto a Proust, su esfuerzo ha consistido en crear a partir de la realidad, obstinadamente contemplada, un mundo cerrado, insustituible, que no le pertenecía más que a él y marcaba su victoria sobre la huida de las cosas y sobre la muerte. Pero sus medios son opuestos. Dependen ante todo de una elección concertada, una meticulosa colección de instantes privilegiados que el novelista escogerá en lo más secreto de su pasado. Inmensos espacios muertos son así expulsados de la vida porque no han dejado nada en el recuerdo. Si el mundo de la novela norteamericana es el de los hombres sin memoria, el mundo de Proust no es en sí mismo más que una memoria. Se trata tan sólo de la más difícil y la más exigente de las memorias, la que rechaza la dispersión del mundo tal cual es y que saca de un perfume recobrado el secreto de un nuevo y antiguo universo. Proust elige la vida interior y, en la vida interior, lo que es más interior que ella, contra lo que en lo real se olvida, es decir lo maquinal, el mundo ciego. Pero de este rechazo de lo real, no saca la negación de lo real. No comete el error, simétrico al de la novela norteamericana, de suprimir lo maquinal. Reúne, por el contrario, en una unidad superior, el recuerdo perdido y la sensación presente, el pie que se tuerce y los días felices de antaño.

Es difícil retornar a los lugares de la dicha y la juventud. Las muchachas en flor ríen y parlotean eternamente frente al mar, pero aquel que las contempla va perdiendo poco a poco el derecho a amarlas, igual que aquellas a las que amó pierden el poder de ser amadas. Esta melancolía es la de Proust. Ha sido bastante potente en él para hacer brotar un rechazo de todo el ser. Pero el amor a las caras y a la luz lo ataban al mismo tiempo a este mundo. No consintió que las vacaciones felices se perdieran para siempre. Se comprometió a recrearlas de nuevo y a mostrar, contra la muerte, que el pasado se encontraba al término del tiempo en un presente imperecedero, más verdadero y más rico aún que en el origen. El análisis psicológico de El tiempo perdido no es entonces más que un poderoso medio. La grandeza real de Proust es haber escrito El tiempo recobrado, que reúne un mundo dispersado y le da una significación al nivel mismo del desgarramiento. Su victoria difícil, en vísperas de su muerte, consiste en haber podido extraer de la huida incesante de las formas, por las vías solas del recuerdo y la inteligencia, los símbolos estremecedores de la unidad humana. El reto más seguro que una obra de esta índole pueda plantear a la creación es presentarse como un todo, un mundo cerrado y unificado. Esto define las obras sin correcciones.

Se ha podido decir que el mundo de Proust era un mundo sin dios. Si eso es verdad, no es porque en él no se hable nunca de Dios, sino porque este mundo tiene la ambición de ser una perfección cerrada y de dar a la eternidad el rostro del hombre. El tiempo recobrado, en su ambición al menos, es la eternidad sin dios. La obra de Proust, desde este punto de vista, aparece como una de las empresas más desmesuradas y más significativas del hombre contra su condición mortal. Ha demostrado que el arte novelesco rehace la creación misma, tal cual nos es impuesta y tal cual es rechazada. Bajo uno de sus aspectos al menos, este arte consiste en elegir a la criatura contra su creador. Pero, más profundamente aún, se alía con la belleza del mundo o de los seres contra las potencias de la muerte y del olvido. Así es como su rebeldía es creadora.

NOTAS:

1. Stanislas Funet
2. Incluso si la novela no dice más que la nostalgia, la desesperación, lo inacabado, crea con todo la forma y la salvación. Nombrar la desesperación es superarla. La literatura desesperada es una contradicción en los términos.
3. Se trata naturalmente de la novela «dura», la de los años treinta y cuarenta, y no de la floración norteamericana del siglo XIX.
4. Hasta en Faulkner, gran escritor de esta generación, el monólogo interior no reproduce más que la corteza del pensamiento.
5. Bernardin de Saint-Pierre y el marqués de Sade, con indicios diferentes, son los creadores de la novela de propaganda.

sábado, 5 de noviembre de 2011

ALGUNOS POEMAS de Philip Lamantia

[Philip Lamantia, poeta surrealista y 'beat'

El País, 14/04/2005

Philip Lamantia, poeta surrealista estadounidense que contribuyó al lanzamiento de la generación poética beat en San Francisco, murió, a los 77 años, en su casa de San Francisco de un fallo cardiaco.

Cuando San Francisco emergió como el hogar de artistas e intelectuales a mediados de los años cuarenta, Lamantia era un alumno de instituto y uno de los poetas publicados más jóvenes de su generación. Tenía 16 años cuando apareció su primer poema en View, una respetada revista literaria. Poco después, su obra fue incluida en VVV, el periódico surrealista de André Breton, que describió a Lamantia como "una voz de las que se alzan una vez cada cien años".

A pesar de sus prometedores comienzos, Lamantia nunca ocupó un lugar en la corriente general poética. Desde mediados de los años cincuenta le limitó su dependencia de las drogas combinada con periodos de grave depresión. También rehuyó la atención pública y viajó mucho por Europa, el norte de África y México, donde vivió algún tiempo con la tribu india Cora en Nayarit y experimentó con el peyote. Algunos de sus poemas insinúan su aislamiento provocado por las drogas.

"Las estrellas derriban el muro de mi música", escribió en Hide, incluido en sus Selected Poems 1943-1966. El poema continúa: "Estoy loco por ir hacia ti, Soledad, ¿quién me llevará allí?". Ya desde su adolescencia, Lamantia se sintió fascinado por el misticismo, la alquimia, la lingüística y los textos religiosos crípticos. Más adelante quedó cautivado por el cristianismo, que adaptó a su propio misticismo ecléctico. "Anhelo la luminosa oscuridad de Dios", escribió en Hay esta distancia entre mí y lo que veo, publicado en Selected Poems. Cavila sobre este pensamiento y concluye: "No tiene nombre lo que yo anhelo".

Escribió una serie de libros de poesía, comenzando con Erotic (1949), al que se refería como una de sus "aventuras en el puro automatismo psíquico", pero siguió siendo desconocido para los amantes de la poesía en general. Obtuvo más amplio reconocimiento cuando se incluyó su obra en Penguin Modern Poets 13 (1969), junto a la de Bukowski y Norse.

Lamantia nació en San Francisco, hijo de inmigrantes sicilianos. Su padre tenía una tienda de ultramarinos. Siendo adolescente quedó fascinado por el surrealismo francés tras ver los cuadros de Salvador Dalí y Joan Miró en el Museo de Arte de San Francisco. Dejó la escuela a principios de los cuarenta y se fue a vivir a Nueva York, donde trabajó como subdirector de la revista View. Mientras estuvo allí, conoció a varios artistas y poetas surrealistas franceses que huyeron de Europa durante la Segunda Guerra Mundial y se establecieron en Nueva York. Entre ellos estaba Breton. "¡Rebelarse! ¡Ése es el objetivo inmediato de los poetas!", escribió Lamantia en una carta a Breton durante aquellos años. "La maravilla poética y el inconsciente son los auténticos inspiradores de rebeldes y poetas".

Volvió a San Francisco hacia 1950 y asistió a la Universidad de Berkeley, pero no se licenció. Trabó amistad con el cada vez más numeroso grupo de poetas atraídos por San Francisco en aquella época, entre ellos Allen Ginsberg, Jack Kerouac y Gary Snyder. Lawrence Ferlinghetti, el poeta y fundador de la librería City Lights, hogar para poetas contemporáneos, fue otro de sus amigos.

En octubre de 1955, Lamantia y otros cuatro poetas hicieron una lectura en la Sixth Gallery de San Francisco, que se considera el lugar de lanzamiento de la generación beat. Ginsberg, Snyder, Michael McClure y Philip Whelan leyeron también. Sin embargo, Lamantia mantuvo las distancias con la generación beat. "Él nunca tuvo el interés en promocionarse, ni la creatividad ininterrumpida de Ginsberg", dijo Steven Schwartz, autor de From West to East, California and the making of the American Mind [
Del Oeste al Este, California y la creación de la mentalidad americana] (1998). "Los beat eran intelectuales de la calle. Lamantia era un intelectual serio".

Tras una larga batalla contra la adicción, Lamantia consiguió dejar las drogas. Escribió sobre su lucha en Astro-Mancy (1967). "Me estoy recuperando / de una década de venenos / renuncio a todos los narcóticos / y disciplinas farmacopeicas", escribió. Se casó con Nancy Peters, editora de City Lights Books, en 1978, y siguió escribiendo intermitentemente. Su recopilación The blood of the air (1979) fue seguida 11 años más tarde por Becoming visible. También dio clases de poesía en la Universidad Estatal de San Francisco y en el Instituto de Arte de San Francisco durante los años setenta.
]



Portada del nº 4 de la revista surrealista
norteamericana VVV

Extraídos del blog Sol Negro



En el dominio de Emu


Para Franklin Rosemont

Como la tumba abierta que irradia un risueño colinabo
y la zanahoria haciendo trizas la arena
algo así como un árbol estampando sus pies en un leopardo
de ojos cuadrados
las lunas y el pan compiten por el gusto entre los corazones de diamante

Al otro lado del lago del ser el viento fuma flamas tubulares
Las cadenas están trenzando cormoranes
Las placentas refractadas en la torre desierta de la tormenta
reemplazan a la Calle de las Maravillas sumergida de nuevo en su oculta salida
mientras la ciudad despierta como una flor de caballeros amantes


Para empezar entonces, no ahora


El tragaluz se anega
cuando tú entras en mi voz
llevando una caja de fuego
completamente silenciosa
te abres a la horquilla encantada
de los misterios del sueño



Vibración


Hay un viento que tortura a los murciélagos
y están las plantas chamuscadas de los soles muertos
la ciudad hilada con el mar
donde los abismos de pterodáctilo me llaman
hay una espiral de terror animando mi mente
y el zumbido del esqueleto de la soledad
donde florecen cadáveres furiosos en una botella
y armas rojas se desvanecen en espejos

Miro hacia atrás por la hoja de mi doble
allí vuela -a través de su vista- El Ahorcado
donde una pirámide de agua se asoma entre las oscuras
vituallas de la vida interior



El elemento que amas


Puedo verte desde los cascos navegando en la playa bordeada de cemento, indicándome el arco caído de un cometa que colma el río de un halcón, un encuentro inaudito sumergiendo los faroles.

Un vencedor emboscado en su pirámide voladora, ocre es la ventana del espejo salutífero... y un estruendo de puertas elude a un león, por aquí y por allá, señalando displicentemente damas fugaces a punto de desvanecerse en el escudo de armas de la lluvia, donde los deseos civilizados emplumados con inanidades anti-cefálicas ruegan a sus invitados que se prendan.

Nada menos que una chava pulida ametralla la sucia luz de los predicadores que se hunden en los muelles liberados por una mujer y por el agua, peinando un vestido vítreo de donde caen zorras-en-mano y una guacamaya cuyo pico se suaviza hasta volverse su propio sello de poesía líquida.


La condición diabólica


Como las mujeres que viven al alcance de cada cuerpo
descienden de las regiones polares
hacia el círculo de los demonios

Yo me preparo para ofrecerme a las suaves y rojas serpientes entrelazadas en las cabezas de los brujos

Entre los negros brazos llegan sobre la ciénega abalanzándose para abrazarme
y el sol distante en el que habitan los hombres que tienen a su alcance
prístino los Depravados Ojos
entre las tumbas y los hechos de los deshuesados mangos
que trabajaron en el secreto de las torres abandonadas
a pesar de mi cuerpo fugitivo ausente
a pesar de los lagartos arrastrados dentro de los altares en que las potencias tienen preparada la vida
a pesar del antiguo templo Dórico transportado por los amantes del arte
a pesar del nido de mendigos dementes
el canto se oye
y las palabras del canto están escritas en los oceánicos jardines
Los límpidos muros han cantado adiós
Nosotros hemos entrado en la ciudad donde el maestro muerto habla de catacumbas y la cornuda bruja del África
El sortilegio prosigue en las calles y en el cielo
Hemos ascendido hasta el ilimitado cosmos de la arquitectura
Nos hemos arrastrado de espaldas hasta los enormes corazones
aquel salto sobre la nieve hacia la subida a nuestros cuerpos
Llega mi ritual cera y círculos
mi rosa escupida de sangre

Cuando el día es iluminado por nuestros mágicos candiles
y las horas aúllan sus sádicas canciones y succionan con ahínco
en la noche cuando los gatos invaden nuestros cráneos
entonces sabremos que los destructores han surgido
en el mundo para observar nacer el cataclismo
como la ola de fuego final se derrama de sus corazones

martes, 1 de noviembre de 2011

EL INSTANTE FINAL por Raymond Queneau


[ Datos biográficos de Raymond Queneau aquí]



Cuando entremos por la boca y de través
en el imperio de los muertos

con nuestras verrugas con nuestros piojos y nuestros cánceres
como tienen todos los muertos

cuando el orificio nasal se cierre y vayamos bajo tierra
a reunirnos con todos los muertos

tras la degustación de las pompas fúnebres
con que rocían a los muertos

cuando el colmillo se caiga y mordamos el polvo
hecho de huesos de muertos

tapones de corcho en la oreja y el hocico en el ataúd
abrevadero para muertos

cuando el cuerpo esté molido por la fatiga medular
que revienta a los muertos

y el crerebro apolillado un tanto estilo gruyère
atributo de los muertos

cuando los efímeros cotilleos precarios
apenas lleguen ya a los muertos

y la espalda esté toda encorvada cual esqueleto anguloso
pues poco flexibles son los muertos

iremos a encontrar la moriña mortuoria
que corroe a los muertos

acarreando nuestro féretro hasta el cementerio
donde refunfuñan los muertos

cuando el mundo haya mascullado las plegarias
que apaciguan a los muertos

y puesto nuestra causa en legajos de notarios
para que prescriba con los muertos

distribuyendo nuestros bienes y posesiones
como heencias de muertos

a vivos resfriados que como nosotros estornudan
y se suena más que los muertos

cuando entremos por la boca y de través
en el imperio de los muertos

entonces estaremos a punto velas lúgubres
de extinguirnos como muertos

y de cerrar de golpe el círculo elemental
que nos añade a los muertos

quemaremos nuestras últimas voluntades
en la llama de los muertos

y recapitulareamos a la manera escolar
nuestros recuerdos de muertos

te ves de nuevo niño sonrías a la tierra
que cubre los muertos

y sonríes al cielo techo azul luminoso
que olvidan pronto los muertos

sonríes al espacio irritado del mar
que se traga a los muertos

y sonríes al buen fuego incendiario
que hace arder a los muertos

y te sonríen a ti tu padre y tu madre
ahora simples muertos

lo mismo que tíos primos gatos y abuelos
qué son si no muertos

y el fiel perro Arturo y caniche Próspero
guau guau ladran muertos

y archicadáveres los viejos maestros
de tu época ya muertos

y archifiambres el carnicero y el tendero
una ciudad de muertos

y luefo mírate hecho un joven camino de la guerra
donde aumentan los muertos

duespués te casas y al poco ya eres padre
que procrea futuros muertos

tu buen empleo buena vida y prosperidad
aprovechándote de los muertos

echas barriga pelo cano y gordinflón
execras a los muertos

más tarde la enfermedad y luego la miseria
te preocupas por los muertos

entre toses y temblores lentamente degeneras
te pareces a los muertos

hasta el día en que arrojado por la boca y de través
saltando entre los muertos

tratando de aferrarte a la sennsación primera
de no ser de los muertos

deseoso de olvidar el vocablo arbitrario
que desigan a los muertos

quieres revivir por último la memoria plena
que te aleje de los muertos

¡loable esfuerzo! ¡justa labor! conciencia ejemplar
de la que se ríen los muertos pues

siempre el instante fatal llega para distraernos





El lecho de muerte por Edvard Munch

viernes, 28 de octubre de 2011

ALGUNOS POEMAS de Norah Lange

[Al rescate de Norah Lange, la dama de la vanguardia del 20

Valorada por los escritores y por sus contemporáneos, escribió poesía y prosa. Ahora se publican sus Obras Completas y un grupo de críticos la homenajeó.

Cecilia Fiel,
Clarín del 08/05/2006

Imaginemos: Buenos Aires, años 20, tertulias, grandes escritores —Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Horacio Quiroga, Raúl Scalabrini Ortiz, Alfonsina Storni— y una joven que daba sus primeros pasos en las letras. Bien acompañada: qué decir, si no, de quien publica su primer libro prologado por Borges. El libro fue La calle de la tarde (1925) y ella, Norah Lange. A cien años de su nacimiento, se están reeditando sus Obras Completas —que incluyen El cuarto de vidrio, una obra hasta ahora inédita— y estudiosos de varias universidades acaban de homenajearla con unas Jornadas.

Compañera de vida de Oliverio Girondo y amor juvenil de Borges —Edwin Williamson, biógrafo del escritor, habla de la "fascinación por una chica de 17 años llamada Norah Lange" que sentía Borges hacia 1924—, para algunos fue la "dama de la vanguardia del 20", la única presencia femenina en las reuniones del grupo de los martinfierristas. Después de su primer libro, Lange publica sus poemas en las grandes revistas de la época. Primero en Martín Fierro. Segunda Epoca y luego en Proa. Segunda Epoca.

¿1905 o 1906? Lange nació el 23 de octubre de 1905 pero declaraba que su año de nacimiento era 1906 y de acuerdo con esa decisión se llevó adelante la Jornada de Homenaje el miércoles pasado en el Malba. La organizaban el Instituto Interdisciplinario de Género de la UBA, el Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria de la Universidad Nacional de Rosario y Malba Literatura. Allí estuvieron, entre otros, Silvia Molloy, Delfina Muschietti, Raúl Antelo, María Elena Legaz, Adriana Mancini, Adriana Astutti, Beatriz de Nóbile, Susana Lange y Nora Domínguez.

¿Cuál es la importancia de Norah Lange? Según Muschietti —docente de Letras en la UBA—, "Lange ha quebrado el canon que sofocaba a la mujer escritora de comienzos de siglo. Ella ha roto con el canon de exclusión estética que estaba sellado desde que Borges escribió una reseña a la obra de Nydia Lamarque donde dice que a las muchachas les está destinado el sentimiento y a los muchachos el verso pensativo. "Digamos: Lange es la contracara de Storni; Alfonsina abre las puertas para la vanguardia en poesía, Lange hace lo mismo pero en la prosa."

Para Nora Domínguez —investigadora del Instituto Interdisciplinario de Género de la UBA—, la importancia de Lange radica en "la sostenida ambición experimental de sus búsquedas estéticas". Domínguez destaca: "Fue extravagante, desmedidamente visible unas veces y diluida otras veces bajo el rol de 'musa de la vanguardia'."

Hasta el momento la única obra que había contado con una recepción merecida fue Cuadernos de Infancia, que marca su pasaje de la poesía a la prosa. Sin embargo, Adriana Astutti —responsable de la publicación de sus Obras Completas— entiende que "a Lange el reconocimiento de escritores nunca le faltó; César Aira, Elvio Gandolfo, Arturo Carrera dijeron que ella es una de las grandes de la literatura argentina. La crítica empieza a considerarla de manera más constante a partir de los 80, con lecturas en el horizonte de los estudios de género o en el de las vanguardias, como las de Francine Masiello, Molloy, Beatriz Sarlo o Nora Domínguez, entre otros".

Domínguez resume: "Su escritura sufrió los vaivenes contradictorios de una crítica literaria que no acertó en los términos justos para valorar su proyecto literario." Quizás ahora esté llegando el tiempo del desquite.
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I

Vacía la casa donde tantas veces
las palabras incendiaron los rincones.

La noche se anticipa
en el plano mudo
que nadie toca.

Voy a solas desde un recuerdo a otro
abriendo las ventanas
para que tu nombre pueble
la mísera quietud de esta tarde a solas.

Ya nadie inmoviliza las horas largas y cerradas
tanto pudor de niña.

Y tu recuerdo es otra casa

Y mis latidos forman una hilera de pisadas
grande y quieta
por donde yo tropiezo sola.
que van desde su puerta hacia el olvido.

II

Ventana abierta sobre la tarde
con generosidad de mano
que no sabe su limosna.

Ventana, que has ocultado en vano
tanto pudor de niña.

Ventana que se da como un cariño
a las veredas desnudas de niños.

Luego, ventana abierta al alba
con rocío de júbilo riendo en sus cristales.

¡Cuántas veces en el sosiego
de su abrazo amplio
dijo mi pena
su verso cansado!

(De Los días y las noches, 1926)

Jornada


Aurora
Lámpara enredada
en un camino de horizontes.
Después, al mediodía,
en el aljibe se suicida el sol.
La tarde hecha jirones
mendiga estrellas.
Las lejanías reciben al sol
sobre sus brazos incendiados.
La noche se persigna ante un poniente.
Amanece la angustia de una espera
y aún no es la hora.

(De La calle de la tarde,1925)


Poniente doble

Oscurece. El silencio
De las cosas ya cansadas
Pone apuro en las tinieblas.

Aguardo –entre las sombras–
Corona de palabras tuyas
Para ceñir la espera.

¡Sueños de otros lugares!
Afuera oscurece. Adentro, en el corazón que es grande
Como el tiempo,
Otro poniente nace.

¡Poniente del corazón!
Cumplida ya la luz
Como mi espera.
Somos un mismo poniente,
Adentro, y afuera…

(De La calle de la tarde, 1925)


Amanecer

En el corazón de cada árbol
se ha estremecido la medianoche.

La noche se desmenuza
en lenta procesión de niebla.

Todas las tardes terminan su cansancio.

Los letreros luminosos duermen
el asombro de sus colores
y anticipan la contemplación de cada pobre.

En toda esquina vigila el sueño
y es tu recuerdo la única pena
que humilla la altivez de las aceras.

Lejos, el primer mendigo,
traiciona el portal donde ha dormido.

Y la ciudad se abre como una carta
para decirnos la sorpresa de sus calles.


(De La calle de la tarde, 1925)



Anochecer

Los brazos del sauce llorón
son serpentinas malgastadas.
El viento simula arpegios
jirones de música entrecortada.
El véspero anuncia la noche
mientras en otro horizonte
el sol delira…

Cada árbol es un país de emociones.
Tú y yo, multiplicándonos de amor. Sumergiéndonos
en nuestros ojos, amplios de azul.

Como un niño llegué a tu corazón.
Tú, generoso, te partiste para darme un pedazo de dicha.




(De La calle de la tarde, 1925)



Óleo de Norah Borges

lunes, 17 de octubre de 2011

ESPANTAPÁJAROS (fragmento) por Oliverio Girondo

[Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1891, en el seno de una familia adinerada que le procuró una esmerada educación en importantes centros educativos europeos.Estudió Derecho, y muy pronto, a raíz de sus contactos con los poetas exponentes de la vanguardia europea, publicó en 1922 su primer libro de poemas, «Veinte poemas para ser leídos en el tranvía», seguidos luego por«Calcomanías» en 1925, «Espantapájaros» en 1932, «Persuasión de los días» en 1942, «Campo nuestro» en 1946 y «En la masmédula» en 1954, obra que constituye en su trabajo más audaz en el campo de la poesía. Al iniciarse la década de los años cincuenta, guiado por su interés en las artes plásticas, incursionó en la pintura con una marcada tendencia surrealista, gracias a su profundo conocimiento de la pintura francesa. En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas. En 1965 viajó por última vez a Europa y a su regreso a Buenos Aires, falleció en 1967.

(Extraído de A media voz)]




Mis nervios desafinan con la misma frecuencia que mis primas. Si por casualidad, cuando me acuesto, dejo de atarme a los barrotes de la cama, a los quince minutos me despierto, indefectiblemente, sobre el techo de mi ropero. En ese cuarto de hora, sin embargo, he tenido tiempo de estrangular a mis hermanos, de arrojarme a algún precipicio y de quedar colgado de las ramas de un espinillo.


Mi digestión inventa una cantidad de crustáceos, que se entretienen en perforarme el intestino. Desde la infancia, necesito que me desabrochen los tiradores, antes de sentarme en alguna parte, y es rarísimo que pueda sonarme la nariz sin encontrar en el pañuelo un cadáver de cucaracha.

Todavía, cuando llovizna, me duele la pierna que me amputaron hace tres años. Mi riñón derecho es un maní. Mi riñón izquierdo se encuentra en el museo de la Facultad de Medicina. Soy poliglota y tartamudo. He perdido, a la lotería, hasta las uñas de los pies, y en el instante de firmar mi acta matrimonial, me di cuenta que me había casado con una cacatúa.

Las márgenes de los libros no son capaces de encauzar mi aburrimiento y mi dolor. Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro. Me repugna el bostezo de las camas deshechas, no siento ninguna propensión por empollarle los senos a las mujeres y me enferma que los boticarios se equivoquen con tan poca frecuencia en los preparados de estricnina.

En estas condiciones, creo sinceramente que lo mejor es tragarse una cápsula de dinamita y encender, con toda tranquilidad, un cigarrillo.


Caricatura de Oliverio Girondo.

jueves, 13 de octubre de 2011

LABERINTO por Henri Michaux


[Henri Michaux, el viaje, la droga y la mirada


Rafael Conte, El País, 23/10/1984

El poeta y pintor francés Henri Michaux, que falleció en París a causa de una larga enfermedad, según se supo anteayer (véase la segunda edición de EL PAIS de ayer), fue un intelectual que influyó de forma poderosa sobre la estética y el pensamiento de los poetas y artistas de nuestro tiempo, dentro y fuera de Francia. Su estatura literaria nunca fue disminuida por su carácter secreto, que acrecentó el enigma de su personalidad. En este artículo se evocan las grandes etapas de su obra.

Durante los últimos 20 años, Henri Michaux se negó a revelar su propia imagen, a dejarse fotografiar, a conceder a periodistas y estudiosos los menores detalles de su vida privada. Sólo hace un par de años, en una recepción en el Colegio de Francia, un fotógrafo de prensa lo reconoció y pudo dejar testimonio de un rostro ya envejecido, envuelto en gestos de protesta ante la cámara, que el poeta rechazaba. Ello no es normal en estos tiempos de dictadura de los medios de comunicación, a los que Michaux negaba una y otra vez tanto su rostro como sus declaraciones.Sus principios fueron tempranos, pero no demasiado fáciles. Nacido en Namur (Bélgica) en 1899, publicó sus primeros textos en 1922, en la revista Le disque vert, pero ya en 1926 colaboraba en la Nouvelle Revue Française, en Commerce y en Mesures. Relativamente influido por los superrealistas, nunca perteneció al grupo, ya que su principal característica ha sido siempre la de la independencia y la soledad. En 1927 publicaba su primer libro en la Nouvelle Revue Française (Qui je fus), pero su poesía desconcertaba a la crítica y al público. Todavía 30 años más tarde, mientras Gaëtan Picon lo saludaba como uno de los cuatro grandes de la última poesía francesa -junto con Jacques Prévert, Francis Ponge y René Char; estos dos últimos todavía sobreviven-, un especialista como Marcel Raymond se resistía a reconocer su importancia.

Impenitente viajero, reportero en verdad de su propio interior, dos nuevos libros, Ecuador (1929) y Un bárbaro en Asia (1932) irrumpieron con fuerza sorprendente en el panorama de la poesía francesa de nuestro siglo. Tras los sucesivos ataques en tromba que desde Rimbaud y Lautréamont hasta los superrealistas venía experimentando la poesía en este país, tan acostumbrada a los pesos, las medidas y los ritmos llevados a su perfección, la intervención de Michaux con su poesía deliberadamente prosaica y atormentada planteaba una vez más la redefinición del género.

Poesía y prosa

¿Es poeta Michaux?, se preguntaba la crítica. "En principio se presenta como un prosista seco y ligero", señalaba el citado Picon. Pero los dos libros citados eran sobre todo diarios de viaje, no reportajes al uso; libros subjetivos en los que la impresión contaba tanto como la descripción. "En Ecuador nunca me sentí yo mismo -decía Michaux mucho después-, pues aquellos 465 metros por segundo en esos países, mientras yo nací donde la Tierra sólo gira a la velocidad de 250 metros cada segundo, ejercieron sobre mí un fuerte influjo, ya que soy muy sensible a toda suerte de giros y vueltas". Ya Borges tradujo Un bárbaro..., al menos en su primera versión, y el lector español dispone ahora de estos dos libros, traducidos por Cristóbal Serra. Poco después Michaux pasaba del viaje exterior al viaje imaginario, fantástico y simbólico, en una serie de libros que luego reunió bajo el expresivo título de Ailleurs, del que recientemente Julia Escobar publicó una excelente traducción castellana: En otros lugares.

La obra de Michaux surge de las sensaciones del poeta frente al mundo exterior, pero pronto investiga también las transformaciones de ese mundo y de sus propias sensaciones: del viaje exterior al fantástico, y de éste al viaje interior, a la experiencia con la droga, a la que ha dedicado libros inolvidables, como L'infini turbulent, Connaissance par les gouffres, Misérable miracle y Les grandes épreuves de l´esprit. La droga ampliaba los límites del viaje y los de la experiencia misma.

Y pintura

Aunque dibujaba ya desde muy temprano, pues se conocen ilustraciones propias de algunos de sus libros desde 1939, fue a mediados de los años cuarenta cuando se puso a pintar definitivamente, a raíz de un viaje a Japón y de un grave accidente que sufrió su esposa en un incendio. Desde entonces, la mirada -que también alterna lo exterior con lo interior, no en balde su antología mayor se titula L´espace du dedans- y la palabra se combinan en su escritura y su obra como pintor se va imponiendo lentamente. Sin embargo, tanto en la pintura como en la escritura el proceso es paralelo, como lo muestran también sus cuadros y dibujos inspirados en la droga, en la mescalina o el cannabis.

En sus últimos tiempos, en soledad y arriscado silencio, Michaux ha ido alternando exposiciones de su obra plástica con la publicación de breves plaquettes poéticas que luego reúne en libros. "Nacido, educado e instruido en un ámbito de cultura únicamente verbal, y antes de la época de la invasión de las imágenes, pinto para desacondicionarme", dirá en el pórtico de Emergences-Résurgences. Francés desde 1954, obtuvo el Gran Premio Nacional de las Letras una década después.

En los últimos años le acosaban la edad y la enfermedad, le fascinaban la pintura oriental y los ideogramas chinos y japoneses. De ello ha dejado también constancia -Ideogrammes en Chine-, así como de la pintura de los alienados, en Les Ravagés, o del mundo de los sueños, en Façons d´endormi, façons d´eveillé. Al final, el poeta se ha ido en silencio, tras dar su testimonio de esa catástrofe que es el mundo. Sus imprecaciones, su extrema y sobria violencia, sus metáforas descabelladas imponen como amarga realidad lo que en principio parece una pesadilla. Es, por tanto, fantástico, soñador y profundamente realista, y su obra resulta ser revelación y testimonio. ¿Sus maestros? El Bosco, Lautréamont, Goya, William Blake, pero también los superrealistas y Alfred Jarry. En el fondo, oscila entre el patetismo y el sarcasmo; va de la ironía distanciadora al largo lamento. Ha muerto uno de los grandes poetas del siglo.]



Laberinto la vida, laberinto la muerte
Laberinto sin fin, dice el Maestro de Ho.

Todo aplasta, nada libera.
El suicida renace a otro sufrir.

La prisión da a otra prisión
El pasillo da a otro pasillo:

Quien cree desenrollar el rollo de su vida
no desenrolla nada de nada.

Nada desemboca en parte alguna
También los siglos viven bajo la tierra dice el Maestro de Ho.


Extraído de Adversidades, exorcismos





Dibujo a pluma de Henri Michaux