domingo, 15 de enero de 2017

DELICIAS SURREALISTAS DE CINE: LA CONCHA Y EL REVERENDO

Regresamos a las Delicias Surrealistas con la proyección de La concha y el reverendo (1928), considerada por muchos críticos como la película inaugural del surrealismo, anterior por tanto a Un perro andaluz de Luis Buñuel y Salvador Dalí (1929).

Dirigida por Germaine Dulac, con guión y escenografía de Antonin Artaud, la película, narra bajo una atmósfera onírica e ilógica las obsesiones y deseos eróticos de un reverendo hacia la mujer de un general. El conflicto entre culpabilidad, frustración y deseo, además de una fuerte crítica al orden establecido, representado por los tres personajes principales (el clero, la burguesía y los militares), encontrará en la concha un elemento simbólico polisémico, con evidentes connotaciones sexuales, bajo el que gira todo el film.



El mediometraje, de 31 minutos, fue estrenada en Paris en febrero de 1928 no sin polémica, puesto que no gustó ni a los tradicionalistas bien pensantes ni a los propios surrealistas, que la calificaron de excesivamente suave y que Antonin Artaud consideró que había sido traicionada su idea original en la fase de producción por Germaine Dulac.

Sea como fuere, hoy son evidentes los logros fílmicos de La concha y el reverendo en la estética del cine surrealista, logros que serían reconocidos por Luis Buñuel y cuya influencia encontramos en Un perro andaluz.

La cita para descubrir esta “primera” película surrealista será el jueves 19 de enero a las 20:30 horas en la mítica librería La Delicia de Leer (C/ Juan Agapito y Revilla, 10), donde el Piojo Eléctrico portará una concha de peregrino del deseo.

Sobre Germaine Dulac: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/dulac_germaine.htm http://lafilmosfera.blogspot.com.es/2014/03/germaine-dulac-el-cine-de-los-estados.html

lunes, 12 de diciembre de 2016

LA CIUDAD SURREALISTA DE LOUIS ARAGON: EL CAMPESINO DE PARÍS

En el corazón de la ciudad hay siempre un hilo invisible que nos conduce al interior de un laberinto, un espejo que refleja nuestra imagen tornasolada, el eco de míticas voces que nos atraen. Recorremos sus venas, sus galerías de sombría claridad, como Orfeos en busca de sirenas convertidas en Eurídeces. El día reposa en la noche. Ungidos por las hogueras de la nostalgia, paseamos las calles como fantasmas sin cementerio, largos desiertos de la fiebre. Somos campesinos de ojos que arden en cada gesto cotidiano, en el resplandor de las peluquerías donde los mechones se desvanecen como serpientes de bellas Medusas, en los burdeles que ofrecen su temblor a la soledad de los transeúntes y se convierten en templos de un amor fugaz. Exploramos el azar de cada encuentro en el puente de los suicidas. Los jardines se abren como el sexo de las esponjas. Y en el centro del laberinto, palpita el faro del deseo.




[…] salí al pasaje cuando éste estaba apagado por completo. Cual no fue mi sorpresa cuando, atraído por una suerte de ruido mecánico y monótono que parecía exhalar del escaparate de la tienda de bastones, me di cuenta de que éste estaba bañado por una luz verdosa, en cierta manera submarina, cuya fuente quedaba invisible. Se asemejaba a la fosforescencia de los peces […]. El océano entero en el pasaje de la Ópera. Los bastones se balanceaban con la suavidad de las laminarias. Aún no me había repuesto de este encantamiento cuando advertí que una forma nadadora se deslizaba entre los distintos estratos del escaparate. Estaba un poco por debajo del tamaño normal de una mujer, pero en absoluto deba la impresión de una enana. Su pequeñez parecía más bien deducirse de su lejanía y, sin embargo, aquella aparición se movía justo detrás del cristal. Sus cabellos ondeaban despeinados y sus manos se agarraban a los bastones de cuando en cuando. En un primer momento, pensé que estaba ante una sirena en el sentido más convencional del término, puesto que me parecía que aque encantador espectro, desnudo hasta la cintura, la cual le llegaba muy abajo, terminaba con un vestido de acero o de escamas, o quizás de pétalos de rosa. Sin embargo, al concentrar mi atención en el balanceo que la transportaba por los surcos de la atmósfera, de pronto, reconocí a aquella persona pese a sus rasgos demacrados y el aire de extravío con que estaban marcados. Fue durante unas equívocas circunstancias, provocadas tanto por la insultante ocupación de las provincias renanas como por mi ebrio deleite en la prostitución, cuando conocí a orillas del río Sarre,a Lisel […] ¿Qué podría estar haciendo allí, entre todos aquellos bastones? Sólo a la luz del movimiento de sus labios pude adivinar que estaba cantando, pues la resaca del escaparate cubría su voz y subía más alto que ella hacia el techo de espejo, más allá del cual no se distinguían ni la luna ni la sombra amenazadora de los acantilados. “¡El ideal!”, grité, sin encontrar nada mejor que decir en plena turbación como me hallaba. La sirena volvió hacia mí su rostro aterrorizado tendiéndome sus brazos. Los bastones giraron hacia adelante con un ángulo de noventa grados, de tal suerte que la mitad superior de la equis que constituían se convirtió en una uve contra el cristal, formando delante de la aparición un abanico con los abanicos inferiores. Fue como si, de repente, los palos hubieran ocultado a la vista el espectáculo de una batalla. La claridad se extinguió con el fragor del mar.

(Louis Aragon, El aldeano de París, págs. 28-29. Edit. Errata naturae)




Louis Aragon nos ofrece en El campesino de París (1926) una método teórico y práctico de indagación de la ciudad a través de la mirada surrealista. El azar, el deseo y las imágenes serán las herramientas para descubrir una nueva mitología de lo efímero, de lo concreto, de lo sensual, en la que lo maravilloso cotidiano se despliega ante sus ojos. Como un campesino que se detiene atónito, expectante, presto siempre a encontrar un fragmento de lo insólito a cada paso, descubre en la ciudad sus más secretos misterios, sólo escondidos bajo el polvo de la certeza de la lógica.



Campesinos de todo el mundo, campesinos de mirada campesina, tomad las ciudades con vuestros ojos de arrecifes campesinos, buscad lo maravilloso con vuestros arados campesinos, y acompañad a El Campesino de París (Louis Aragon, 1926) el jueves 22 de diciembre a las 20:30 horas en la librería La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10 de Valladolid), junto al Piojo Eléctrico, campesino.

lunes, 21 de noviembre de 2016

WINÉTT DE ROKHA: ENTRE EL SUEÑO Y LA REVOLUCIÓN

Apenas conocida en España, donde puede sonar a unos pocos por ser esposa del también poeta chileno Pablo de Rokha, Winétt de Rokha merece ser rescatada del olvido. Pocas figuras de la poesía vanguardista en lengua hispana han alcanzado el grado de sensibilidad ética y estética que alcanzó la chilena. En sus libros, llenos de preciosas imágenes, se conjugan el futurismo, el surrealismo y la poesía social en perfecta armonía y equilibrio. Especialmente notable es su imaginería de corte onírico, que la acercó a la escritura automática de los surrealistas, sobre todo en su magnífico poemario El valle pierde su atmósfera, un prodigio de magia verbal y hermetismo, un experimento radical muy en la línea de El hombre aproximativo de Tzara. Pero Winétt, al igual que su marido, no permaneció ajena a las luchas sociales; ambos fueron destacados militantes de la izquierda chilena y defensores de la causa de la República Española.



Tampoco hay que olvidar que Winétt de Rokha fue madre de otro grandísimo y también desconocido poeta, Carlos de Rokha, y de una reconocida pintora, Lukó de Rokha. Por otra parte, también fue inspiradora de una sobrecogedora obra elegíaca de Pablo de Rokha El fuego negro, que el poeta chileno escribió tras la muerte prematura de su esposa a causa de un cáncer.

De estos y otros méritos de Winétt de Rokha se hablará este jueves 24 de noviembre a las 20.30 en la librería La delicia de leer, en la calle Juan Agapito y Revilla, 10. Vale la pena saborear esta delicia surrealista. 

Óleo de Lukó de Rokha


El valle pierde su atmósfera (fragmento)

Quebradura mineral de esqueleto con estribo,
sementera oxidada ¡Teotihuacan! y su bálsamo pétreo con cerillas de granito.
Herreros amanecidos y corpiños que se agrupan, fragua-catacumba y locura,
el bermellón y el gualda más directo templando su licor de asamblea.
  
Catedral imaginaria para el monstruo, champagne, alforjas 
titán sorbedor de vapores, s i n fatiga, etapa embrionaria,
cojines altivos para las nuevas rebeliones contrarias.
Sudores de incienso encarnan cizaña y mixtura
y enarcan la anestesia difusa del animal de barro en bungalows.
  
Perlada es la conciencia del tabernáculo terrestre,
con un esclavo extirpado, decapitado y moneda pueril por ofrenda.
  
Tubérculo reptante, monaguillo, torrente cirujano, cercena
la abrumadora, inaccesible borrasca de comadre y escoba eufórica.
Espirales de granizo en claro-oscuro de guirnaldas de miel alborotadas
se extasían en el pabellón remoto de los cinco rizos cardinales. 
Contemplo el escenario impulsado de fábulas de harina
por el estruendo trepidante de la pólvora verbal de la fortuna. 
Entre bruñidas tonalidades escalonadas de malva y heliotropo
murallas y tejados bermejos en sonido y comentario de difuntos,
el bosque preñado que araña y carraspea en augurio
en colaboración con los archipiélagos de castaños que apuntan sombríos los lampadarios.
Les he platicado por acuerdo a las furias aladas del huracán con tenedor
no con la lengua terciada de los cetáceos jorobados de etiqueta y cultura
pero con la lujosa cátedra de mi jardinflor de mujer en todos los pueblos.

domingo, 13 de noviembre de 2016

EL MUERTO SOL ALUMBRA DE MEMORIA por Marco Antonio Montes de Oca

[Biografía de Marco Antonio Montes de Oca aquí.]

Estimado Allende:
Contigo se fue la pólvora amarilla de la resurrección
Y Sísifo recoge su meteoro obstinado
Y desde no sé donde sube al suelo
Aturdido por un doble tableteo de dientes y metralla
Mientras el sol alumbra sólo de memoria
¿Cómo pudieron tus custodios volverse buitres
Antes de que acabara el vuelo?
¡Cómo no se partió la tierra con un mismo rayo
Con una misma culebra de relámpagos atados
Ondulando sobre los Andes hasta la Sierra Madre!
En senos perfectos pero vacíos
En cántaros de carne pura
El agua se hiela o se evapora
Y ya no es posible lavar tu sangre
Ni bautizar al crimen.

Los generales alzan la viscosa copa
En medio de la plaza:
Engominados lagartos con quijadas de micrófono
Fetos de sesenta años
Títeres de botas afiladas
Tan negras y brillantes
Como si fueran obsidiana:
Los oigo hablar y me asesina la tristeza
De que sobra una mano para contar el infinito.

No somos nada 
Somos preguntas que hacen más preguntas
Pero yo sé que tu cuerpo
Es hoy un cuerpo a cuerpo con la transparencia:
Concédeme la fuerza que irradia un puercoespín de reflejos
Dame la parsimonia de un laurel laureado por la lluvia
Y déjame la esperanza mientras subo por mi cuerda de agua
Y veo cómo lame la cascada a sus tripulaciones pasmadas

Allende tú lo sabes:
Hay un lenguaje medido para encarcelar la desmesura
El amor es ciega lanzadera
Y así como se va
También regresa:
La carne se enrarece y ya es el alba
El alba se encarna y ya es nosotros.

Yo sé lo que digo
Yo sé lo que canto:
La piedra fluye y el escultor se petrifica
No tarda en cumplir años
El mismo eterno toque de campana
Ni tarda la gota de miel
En romper su hilo adormilado:
Tarde o temprano y con los puños llenos de silencio
El pueblo saldrá a regresar contigo.



"La Vida Allende la Muerte" de Roberto Matta

miércoles, 9 de noviembre de 2016

LA “POÉTICA DE ANDARSE POR LAS RAMAS”. DESCUBRIENDO A MARCO ANTONIO MONTES DE OCA

Marco Antonio Montes de Oca (Ciudad de México, 3 de agosto de 1932 – ibídem, 7 de febrero de 2009) fue un poeta y pintor mexicano, autor de una extensa e influyente obra poética. Desde joven empezó a galopar en la poesía, con la espontaneidad como seña. Bebió del surrealismo, y traspasó casi todo los derroteros de la innovación poética surgidos durante la segunda mitad del siglo pasado (concretismo, letrismo, poesía visual). Pero todo ello siempre en el horizonte de crear un universo o muchos universos mediante una exhuberancia de imágenes, que se mueven en círculos, tangentes y líneas paralelas, para de repente entrecuzarse o simplemente separarse. Esta “poética de andarse por las ramas”, en acertada frase dicha por el autor, entabla un permanente diálogo con la belleza como meta. Este mundo aparentemente hermético, pleno de correspondencias libres, ha supuesto que ni la crítica, ni la academia, ni los propios poetas de su generación y de generaciones posteriores, en México y fuera de su país, se hayan hecho a penas eco de la obra intensa, densa y fulgurante de Montes de Oca: su yo poético atraviesa el reino de las metáforas, hasta ser él mismo pura metáfora del mundo.

A propósito de su obra, Montes de Oca dijo:

Lo que quiero es robar imágenes, almacenar mis tesoros de lágrimas con fuego adentro. Lo que quiero son mis metáforas, mis imágenes, mi infinita persecución y búsqueda de una verdad que afortunadamente ignoro y de la cual sólo conozco lo necesario para seguir buscándola.
Este jueves 10 de Noviembre, La Delicia Surrealista tratará de descubir una poesía de la métafora hecha carne, como bien le gusta al piojo eléctrico.  A partir de las 20:30, en La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10).







UN POEMA EN VEZ DE DORMIR

Otra vez llamados por las llamas
Nadando en sueños tan anchos como el día
Quienes han entrevisto la belleza
Regresan con cristales viudos
Y se detienen en mitad
Del hoyo de su tumba:
Cuánta precisión
Qué de agua en vilo
Bajo el puente de las cejas
Cuánto río pecho a tierra
Plantíos de estalactitas
Cielos enterrados
Rumores de orillas desmoronadas
Cuando vello y terciopelo
Se erizan de consumo
Y surgen cabezas de alfiler enfosforadas
Puntos de ignición diciéndonos
Con su apaga y prende prende y apaga
Que las estrellas más brillantes
Son las menos irritadas.

(Soy todo lo que miro, 1973)



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MISTERIO

El amor la libertad la poesía
Tres caras distintas
Y una sola moneda verdadera.

(Se llama como quieras, 1974)

miércoles, 26 de octubre de 2016

“PRIMERO TOMAREMOS MANHATTAN, DESPUÉS TOMAREMOS BERLÍN”: UN POETA EN NUEVA YORK

Un jueves más, el próximo 27 de octubre a las 20:30 horas en la librería La Delicia de Leer (C/ Juan Agapito y Revilla, 10), el Piojo Eléctrico nos invita a participar en una de sus esperadas Delicias Surrealistas. Y en esta ocasión la obra elegida por este inconformista titiritero de la palabra es Poeta en Nueva York.

Entre 1929 y 1930, Lorca viajó a Nueva York con el fin de superar una doble crisis, sentimental y poética, que por estos años venía atravesando. Por un lado se trataba de intentar solventar un fracaso amoroso que le tenía sumido en una profunda depresión; y por otro, paradójicamente, alejarse del éxito popular del Romancero gitano, que llevó a Federico a una desconfianza sobre el camino y las formas que estaba adquiriendo su obra.



Será en la metrópoli norteamericana donde, lejos de sus espacios de referencia, Lorca articule una nueva visión del mundo, rabiosamente crítica, y muy cercana a la estética surrealista. En este sentido, Nueva York se convertirá en su poemario en una ciudad-símbolo del capitalismo más salvaje, el de la alienación, la mecanización inhumana y la explotación del hombre. Las imágenes y metáforas con las que describe la ciudad contienen una violencia poética e ideológica de una extraordinaria plasticidad, y da cuenta de todos y cada uno de los componentes de la crisis por la que estaba atravesando el capitalismo en estos momentos. Allí descubrirá la realidad social de los negros, a los que interpela para que se rebelen contra esa civilización que les es ajena y regresen a sus raíces africanas, en una orgía casi apocalíptica donde el universo de la naturaleza acabará con todo vestigio de este mundo de vómito. Acusará al lobby judío de la avaricia que conducirá al crack del 29 y que dejará a millones de personas en la miseria. Gritará contra la hipocresía del Papa y su Iglesia, a los que señala como cómplices de las injusticias sociales. Y reivindicará abiertamente su homosexualidad, ensalzando la figura del poeta Walt Whitman como paradigma del amor libre y auténtico.

Poeta en Nueva York es un libro que continúa seduciéndonos y sorprendiéndonos y que merece la pena releer y comentar en las Delicias Surrealistas.



Paisaje de la multitud que vomita (Anochecer en Coney Island)

La mujer gorda venía delante
arrancando las raíces y mojando el pergamino de los tambores
la mujer gorda
que vuelve del revés los pulpos agonizantes.
La mujer gorda, enemiga de la luna,
corría por las calles y los pisos deshabitados
y dejaba por los rincones pequeñas calaveras de paloma
y levantaba la furia de los banquetes de los siglos últimos
y llamaba al demonio del pan por las colinas del cielo barrido
y filtraba un ansia de luz en las circulaciones subterráneas.
Son los cementerios, lo sé, son los cementerios
y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena,
son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora
los que nos empujan en la garganta.

Llegaban los rumores de la selva del vómito
con las mujeres vacías, con niños de cera caliente,
con árboles fermentados y camareros incansables
que sirven platos de sal bajo las arpas de la saliva.
Sin remedio, hijo mío, ¡vomita! No hay remedio.
No es el vómito de los húsares sobre los pechos de la prostituta,
ni el vómito del gato que se tragó una rana por descuido.
Son los muertos que arañan con sus manos de tierra
las puertas de pedernal donde se pudren nublos y postres.

La mujer gorda venía delante
con las gentes de los barcos, de las tabernas y de los jardines.
El vómito agitaba delicadamente sus tambores
entre algunas niñas de sangre
que pedían protección a la luna.
¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Ay de mi!
Esta mirada mía fue mía, pero ya no es mía,
esta mirada que tiembla desnuda por el alcohol
y despide barcos increíbles
por las anémonas de los muelles.
Me defiendo con esta mirada
que mana de las ondas por donde el alba no se atreve,
yo, poeta sin brazos, perdido
entre la multitud que vomita,
sin caballo efusivo que corte
los espesos musgos de mis sienes.
Pero la mujer gorda seguía delante
y la gente buscaba las farmacias
donde el amargo trópico se fija.
Sólo cuando izaron la bandera y llegaron los primeros canes
la ciudad entera se agolpó en las barandillas del embarcadero.

domingo, 9 de octubre de 2016

PROYECCIÓN DE CINE SURREALISTA EN LAS DELICIAS SURREALISTAS

El incansable Piojo Eléctrico, de vuelta del largo paréntesis estival, se complace en invitaros a una velada de cine surrealista con la proyección de los cortos "Emak Bakia" de Man Ray y "Cinema Anémico" de Marcel Duchamp.

Aunque el cine no fue el aspecto creativo que más desarrolló el Movimiento Surrealista (en comparación con la poesía o la pintura) el séptimo arte en manos de los surrealistas pudo liberarse momentáneamente de la dictadura de la narrativa y volver a su sentido originario de imagen en movimiento. Actualmente, la imagen en el cine y, en especial, en el más comercial, está supeditada a contar una historia con lo que el arte cinematográfico queda sometido a la tutela del arte literario. Pero tanto los surrealistas como los cineastas de las vanguardias del siglo pasado se rebelaron contra esta arbitrariedad impuesta por el todopoderoso mercantilismo de nuestras sociedades capitalistas y demostraron que el cine verdadero cine solo debe rendir pleitesía a la poesía de la imagen en insumiso movimiento.

Si queréis experimentar cómo sería el cine si hubiera primado la poesía de la imagen sobre la linealidad de la narración tradicional, si queréis admirar el cine en estado puro sin la contaminación mercantilista de la industria cinematográfica, pasaos por la librería La Delicia de Leer (C/ Juan Agapito y Revilla, 10) el jueves 13 de octubre a las 20.30 para ver estas dos joyas del cine surrealista.