sábado, 18 de junio de 2016

LIBERTAD O EL AMOR DE ROBERT DESNOS, LA NOVELA MÁS SUBVERSIVA JAMÁS ESCRITA, EN LAS "DELICIAS SURREALISTAS"

El Piojo Eléctrico redunda en su comportamiento irritante y se complace en invitaros a una disertación sobre la novela más transgresora del surrealismo francés: La Libertad o el amor de Robert Desnos. El acto será perpetrado como siempre en la librería la Delicia de Leer, sita en C/ Juan Agapito y Revilla, 10, el próximo miércoles 22 de junio a las 20.30 h. 


La libertad o el amor es una de las novelas más sorprendentes jamás escritas por su enorme poder subversivo. Para empezar, pone patas arriba las formas de la novela tradicional (mucho antes de que la crítica inventara la etiqueta "novela experimental") con la yuxtaposición aparentemente caótica (o como diría Breton, automática) de situaciones, personajes y estados de ánimo. Además, la obra puede muy bien ser leída como un poema en prosa. Por otra parte, Desnos se dedica a disparar bilis surrealista contra la moral y la sociedad tradicionales. Hay irreverencia, obscenidad, crueldad, sadomasoquismo, blasfemias, orgías con alcohol y drogas, ataques a la monarquía y la religión,  todo aquello que molestaba y sigue molestando a la conservadora élite rectora y que ha motivado que éste sea un libro "underground" y que a pesar de su decisiva influencia en figuras claves del surrealismo español (Aleixandre, Cernuda) hasta hace bien poco no haya estado disponible en español gracias a la edición de Cabaret Voltaire de 2007. Finalmente, la novela es subversiva en su concepción revolucionaria (incluso para nuestra época) del amor, que va más allá del género o del número o incluso de las prácticas de los amantes y que es aquello que se opone a la libertad. Ésta, lejos de la visión edulcorada del romanticismo, es en Desnos el polo opuesto del amor y desemboca, en último término, en la soledad y la muerte. De ahí que Desnos utilice el amor como "panfleto contra la muerte" y que nos fuerce a elegir en la disyuntiva del título. O se está en el extremo del amor o se está en el de la libertad. La libertad o el amor es también una novela de viajes y acaso la verdadera odisea del ser humano sea, como sugiere Desnos en la obra, el constante tránsito de uno de estos polos al otro.


He aquí un fragmento de la novela:

"Yo me complacía contemplando el juego de su abrigo de piel en torno a su cuello, el roce del ribete con las medias de seda, la caricia intuida del forro sedoso en las caderas. De repente constaté la presencia de una cinta blanca alrededor de las pantorrillas. Ésta fue creciendo rápidamente, se deslizó hasta el suelo, y cuando llegué al lugar recogí el bombacho de fina batista. Cabía entero en una mano. Estaba impregnado del olor más íntimo de Louise Lame. Qué fabulosa ballena, qué prodigioso cachalote puede destilar un ámbar más perfumado. Oh pescadores perdidos en los fragmentos de la banquisa, que os dejaríais morir de emoción hasta caer en las olas glaciales cuando, una vez despedazado el monstruo y habiendo recogido cuidadosamente la grasa el aceite y las barbas para hacer corsés y paraguas, descubrís en el vientre abierto el cilindro de materia preciosa. ¡El bombacho de Louise Lame! ¡Qué universo! Cuando volví a mi ser, ella había ganado terreno. Tropezando entre los guantes que ahora se juntaban todos, con la cabeza pesada de tanta embriaguez, la perseguí, guiado por su abrigo de leopardo.

En la Porte Maillot, recogí el vestido negro de seda del que se había desprendido. Desnuda, ahora estaba desnuda bajo su abrigo de piel leonada. El viento de la noche impregnado del olor rugoso que las velas de lino habían recogido en las diferentes costas, impregnado del olor a fuco encallado en las playas y parcialmente reseco, impregnado del humo de las locomotoras que se dirigían a París, impregnado del cálido olor a raíl tras el paso de los grandes expresos, impregnado del olor frágil y penetrante a césped húmedo de los jardines de los castillos dormidos, impregnado del olor al cemento de las iglesias en construcción, el viento pesado de la noche debía de sepultarse debajo del abrigo y acariciar sus caderas y la parte inferior de sus pechos. La fricción del tejido con sus caderas despertaba en ella, sin duda, deseos eróticos mientras andaba por la avenida de Les Acacies con rumbo desconocido. Unos pocos coches iban y venían, la luz de sus faros barría los árboles, el suelo se erizaba en montículos, Louise Lame se apresuraba. Yo distinguía muy claramente la piel de leopardo.

Había sido un animal terriblemente fiero.

Durante años había aterrorizado a toda una comarca. A veces se veía su silueta en un árbol o en una roca, después, al alba siguiente, caravanas de jirafas y de antílopes, camino de los abrevaderos, mostraban a los indígenas una epopeya sangrienta inscrita profundamente con sus garras en los troncos de la selva. Aquello duró varios años. Los cadáveres habrían podido contar, si los cadáveres hablaran, que sus dientes eran blancos y su robusta cola más peligrosa que la cobra, pero los muertos no hablan, los esqueletos aún menos, y todavía menos os esqueletos de jirafa, pues tan graciosos animales eran la presa favorita del leopardo.

Un día de octubre, cuando el cielo empezaba a verdear y asomaban los montes erguidos en el horizonte, vieron al leopardo trepar, desdeñando por una vez los antílopes, los mustangs y las bellas, altivas y rápidas jirafas, a un arbusto de espinas. Durante toda la noche y todo el día siguiente estuvo hecho un ovillo rugiendo. Al salir la luna se había desollado completamente y su piel, intacta, yacía en tierra. Durante todo este tiempo el leopardo no había dejado de crecer. Al salir la luna, alcanzaba la copa e los árboles más altos, y a medianoche ocultaba con su sombra las estrellas.

Extraordinario fue el espectáculo de la marcha del leopardo desollado a través de la campiña sumida en espesas tinieblas por su gigantesca sombra. Arrastraba su piel, más fastuosa que ninguna de las que vistieron los emperadores romanos, ni ellos ni el legionario elegido entre los más hermosos y a quien amaron.

¡Procesiones de enseñas y lictores, procesiones de luciérnagas, ascensiones milagrosas! Nunca hubo otra sorpresa semejante a la marcha de la fiera enfrentada, en cuyo cuerpo se transparentaban las azules venas.

Cuando alcanzó la casa de Louise Lame, la puerta se abrió sola y, antes de sucumbir, sólo le quedaron fuerzas para depositar en la escalinata, a los pies de la fatal y adorable joven, el homenaje supremo de su piel.

Sus osamentas obstruyen todavía hoy un buen número de los caminos del planeta. El eco de su colérico grito, tras repercutir, durante mucho tiempo en glaciares y encrucijadas, murió como el ruido de las mareas y Louise Lame anda delante de mí, desnuda bajo su abrigo.

Unos pasos más y he aquí que de desprende de esa última prenda. Cae. Corro más rápido. Ahora Louise Lame está denuda, completamente desnuda en el Bois de Boulogne. Los autos huyen barritando; sus faros iluminaban a veces un abedul, otras un muslo de Louise Lame sin alcanzar, no obstante, el vello de su sexo. Una tempestad de rumores angustiosos pasa por las localidades vecinas: Puteaux, Saint-Cloud, Billancourt.

La mujer desnuda camina toda ella rozada por telas invisibles, París cierra puertas y ventanas, apaga las farolas. Un asesino en un barrio lejano se toma mucho trabajo en matar a una impasible paseante. Unas osamentas obstruyen la calzada. La mujer desnuda llama a cada puerta, abriendo los párpados cerrados.

Robert Desnos, La libertad o el amor, Cabaret Voltaire, pgs. 64-66."

martes, 31 de mayo de 2016

CARLOS EDMUNDO DE ORY: "ESCRIBO POESÍA A BOCAJARRO" DE LA RISA

Así me habló Eduardo Chicharro: “… Yo no quiero decir ya nada, nada mío. Yo no quiero escuchar ya más que locuras que se digan; las sandeces y los disparates. Quiero oír las blasfemias, los llantos y las maldiciones. Y no me fijaré más que en lo que dicen los niños, y no entenderé sino a los poetas. Pero a los verdaderos. A esos que no dicen lo que creen o lo que sienten, sino lo que oyen desdes lejos o desde dentro.”

El próximo jueves 2 de junio, en el chaflán de la Librería La delicia de leer, el piojo eléctrico tiene el honor de rescatar en sus Delicias Surrealistas, a un clown de la poesía española de la segunda mitad del siglo pasado, quizás el único payaso que se tomó en serio la tarea de crear libremente en la noche oscura del franquismo.

¡Risa! ¡Risa! La risa es todo. La Poesía es risa. La vida es risa. Lo profundo es la risa. Y la risa es el canto de los órganos. La risa es el canto de la materia.

No tomes en serio la seriedad.

Raros son aquellos que se quedan a solas con su risa.

Renuncia a todo menos a tu risa.

Decir tonterías es higiénico.

Fundador del postismo, del introrrealismo, de la poesía abierta y colectiva, se exilió voluntariamente a Francia. Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 27 de abril de 1923 – Thézy-Glimont, 11 de noviembre de 2010) era sin duda un aerolito singular.

Si en la épocas de las vanguardias literarias y artísticas, se hubiera fundado el ISMOISMO, el sufijo ismo sería también prefijo.

El único ismo practicado individualmente por el género humano es el egoísmo.



*******

VIENTO DE INVIERNO

Cuando se besan nuestras bocas en la noche
Cuando se besan de noche nuestras bocas
Cuando de noche la noche besa al suelo
Allí lejos se enfrían allí lejos
Allí lejos el gran invierno gime
Allí lejos el gran trueno lejano
Lanza un suspiro inmenso y besa al mundo.

Te escucho oh beso tumultuoso
Corazón de estearina caliente
Oh la noche es una boca de negros dientes
Y nos besan bocas de animales grandes
Bocas pequeñas de animales grandes
Boca de mina y nalgas de la noche
Pasos de paquidermo sobre el vientre.

Salta el invierno con sus muslos de nieve
Salta y agita sus brazos de ladrillo
Salta como un horrendo gorila beodo
Besamos ojos de mujeres bestiales
Nos besamos besando la nada y la sombra
Besamos las bocinas de automóviles fríos
De barcos fríos con faroles tristes
Besamos encendidos termómetros de hielo
Dentro de la habitación habitual conventual.

Estamos en un hospital de muertos crisantemos
Estamos dentro de una nevera encendida
Estamos bajo un palacio de mantas invernales
Y los besos los besos lloran todavía lejos
Todavía lejos en los campos en las nubes.

Se besan los hombre de la muerte en el viento
Se besan los vientos y la noche y la muerte
El invierno baja de un tranvía esta noche
Damos besos en la pared estamos solos
Estamos solos estamos solos en el humo del té.

martes, 17 de mayo de 2016

"RIMBAUD O LAS ILUMINACIONES DEL VIDENTE" EN LAS DELICIAS SURREALISTAS

El próximo jueves 19 de mayo a las 20:30 horas, el Piojo Eléctrico nos convoca a una nueva edición de las Delicias Surrealistas, como siempre en su tabuco de la librería La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10 de Valladolid). Y en esta ocasión la cita es con Rimbaud y sus Iluminaciones.

La verdadera vida se escribe en apenas cuatro años. Entre 1871 y 1875, desde las Cartas del vidente hasta Iluminaciones, pasando por Una temporada en el infierno, Rimbaud dinamitó con tempestades de fuego toda idea de la poesía escrita hasta ese momento. Y para ello debió transformarse en vidente, en una especie de chamán que, penetrando en los abismos de sí mismo, mediante un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos -como él decía-, alcanzar lo desconocido mediante la alquimia del verbo.


Y dentro de este plan destaca su última obra. Escrita probablemente entre 1873 y 1875, Iluminaciones es el libro más radical y hermético de Rimbaud, el que inaugura una nueva forma de mirar la realidad; de construir, sobre las cenizas de los simbolistas, un nuevo universo poético que explora los límites del lenguaje y de la propia identidad -Yo es otro-, muy lejos ya de la moral tradicional y de la belleza políticamente correcta.

Otros sin duda habían iniciado ya el camino. Pero él robó la llama que retomarían medio siglo después los surrealistas.



Después del Diluvio

Tan pronto como la idea del Diluvio se vino abajo,

Una liebre se detuvo en los pipirigallos y las campanillas movedizas y dijo su plegaria al arco iris a través de la tela de araña.

¡Oh! Las piedras preciosas que se ocultaban, — las flores que miraban ya.

En la ancha calle sucia los tenderetes se levantaron, y fueron arrastradas las barcas hacia el mar colocad o allá arriba igual que en los grabados.

La sangre corrió, en casa de Barbazul, — en los mataderos —, en los circos, donde el sello de Dios palidece las ventanas. La sangre y la leche corrieron.

Los castores edificaron. Los «mazagranes» humearon en los cafetines.

En la casa de los cristales chorreantes aún los niños de luto miraron maravillosas imágenes.

Una puerta sonó, — y en la plaza de la aldea, el niño volvió los brazos, comprendido por las veletas y los gallos de campanario de todos sitios, bajo el clamoroso chaparrón.

Madame **** estableció un piano en los Alpes. Misa y primeras comuniones se celebraron en los cien mil altares de la catedral.

Desde entonces, la luna escuchó a los chacales que piaban por los desiertos de tomillo, — y las églogas con zuecos refunfuñando en el vergel. Después, en la arboleda violeta, pujante, Eucaris me dijo que estábamos en primavera.

— Brota, estanque, — Espuma, arremolínate por encima del puente y de los bosques: — paños negros y órganos, — rayos y truenos, — subid y retumbad; — Aguas y tristezas, elevaos y levantad los Diluvios.

Porque desde que éstos se disiparon — ¡oh las piedras preciosas hundiéndose, y las flores abiertas! — ¡qué aburrimiento! Y la Reina, la Bruja que prende su brasa en la vasija de barro, no querrá nunca contarnos lo que ella sabe, y nosotros ignoramos.

(Trad. Ramón Buenaventura)

domingo, 3 de abril de 2016

DELICIA SURREALISTA: CRIMEN, LIBRO MALDITO DEL SURREALISMO ESPAÑOL

El Piojo Eléctrico quiere pasearse esta vez por el lado salvaje de la literatura. Por ello invita a quien interese a una disertación sobre Crimen, de Agustín Espinosa, el libro maldito del surrealismo español. Espinosa, miembro de la facción surrealista de Tenerife, catedrático de instituto de Lengua Española, llevaba una vida cómoda hasta que se le ocurrió redactar esta singular obra en prosa, una obra que marcaría para siempre su existencia. Crimen es un transgresor ejemplo de prosa surrealista en el que el humor negro, la necrofilia, el sadomasoquismo, el sacrilegio y la blasfemia contenidos en sus páginas llevó a su autor a ser perseguido y hostigado tras el golpe franquista del 18 de julio de 1936, después del cual le fue retirada su cátedra. Se dice incluso que gerifaltes falangistas le hicieron tragar hoja por hoja el libro, aunque quizá solo fuera una leyenda urbana. El caso es que tras el golpe de estado la salud de Espinosa fue cuesta abajo hasta su muerte prematura con poco más de 40 años.

Agustín Espinosa, perpetrador
de Crimen.

Curiosamente Crimen no fue rescatado del olvido con la llegada de la democracia, consolidándose su leyenda de libro maldito e intencionalmente olvidado. Ni siquiera la izquierda denunció el silencio que se hizo entorno a esta obra y la represión a la que se sometió a su autor. De hecho, si hoy día se publicara un libro como Crimen no sería extraño que fuera tachado de hacer apología de la violencia de género, la pederastia o incluso el terrorismo. No hay duda de que Crimen sigue abriendo un debate incómodo sobre la violencia, la moralidad y el arte, un debate aún no superado por una sociedad que todavía no se ha liberado del moralismo rancio de los 40 años de dictadura.


Edición de Crimen con portada 
de Óscar Domínguez

El acto tendrá lugar, como de costumbre, en la librería la Delicia de Leer, en calle Juan Agapito y Revilla, nº 10, a las 20.30 del próximo jueves 28 de abril.


LA MANO MUERTA (Fragmento de Crimen)

Yo busco una mano desesperadamente. Imitada sin fortuna en mármoles, ceras y bronces. Una mano lívida, fría, yerta. Que descorra las cortinas de mi alcoba, que guíe mis deslucidos pasos, que quiebre en el aire, entre sus dedos dulces, saetas enemigas, que se apoye en mis peores horas sobre mis desvelados hombros.

Una mano pálida, fina y trágica. Una mano recién mutilada. Aún anillados sus dedos y rojas aún y espejeantes sus uñas. Una mano de novia que se ha querido hace ya mucho tiempo. Una mano que ha olvidado ya la caricia del guante. La que me cierre un día los ojos que no podrá la muerte cerrarme; ni mis amigos más fieles, ni mis padres, ni mis hijos, ni mis hermanos. Sino sólo tú, mano de muerta, errante; mano de mis sueños del alba, mano que espera, como una estrella de mi alma, mi cuerpo.

Yo conozco una mano pero no es ésa.

Yo conozco una tibia mano, una mano rosada y blanda. Para mis labios, para mis manos y para mi cuello. Para mis noches de amor, en torno a mi cabeza o sobre mi espalda.

Pero no es ésa.



Yo busco otra mano. Ala de mis pies. Apaciguadora de mis ansias. La que se apoye sobre mi hombro sólo y deshaga mis postreros quebrantos.

La que cierre mis ojos y vista mi cuerpo muerto y preceda mi entierro.

Una mano mutilada y única. Pálida, fría.

Una mano olvidada ya de que fue mano de amante.

Una mano angustiosamente blanca.

domingo, 13 de marzo de 2016

DELICIA SURREALISTA: SAMUEL BECKETT O EL DESCONCERTADO DEBER DE DECIR LA NADA… O INCLUSO NADA

El picajoso piojo eléctrico está ahíto de tanta verborrea manida, redicha y regurgitara hasta el vómito. Antes de las comilonas de fresca sangra estival, prefiere hacerse el yogui -pero sin compi- y disolver los verbos, las paráfrasis y la hipocresía artístico-emocional de la semana santa. ¿Qué poética más preclara que la antipoética de Samuel Beckett, ese celta anglo-francés, que susurró el absurdo humano, y lo escribió de todas las formas posibles en su narrativa desubicada, en su teatro tragicómico y, por su puesto, en su exigua poesía?. A penas 100 páginas, escritas primero en inglés y después en francés, son la obra poética completa de Beckett, en un tortuoso y deslavazado recorrido de 6 décadas. Del culturalismo hiperreferencial a lo T.S. Eliot y James Joyce, pasando por el juego intensamente fonético, hasta la locura final de “cómo decir” y “con qué palabras”; un recorrido sin preguntas ni respuestas por la inanidad del vivir para morir.

Leeremos algo de esto el próximo jueves, 17 de marzo, en una nueva Delicia Surrealista, como siempre en la Librería La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10), a partir de las 20:30 horas.

USA. NYC. 1964. Samuel BECKETT. Rehearsal of "Waiting for Godot".  

Canción

Vejez es cuando a un hombre
arrimado al fuego de la chimenea
temblando a causa de las brujas
para poner el cazo sobre el lecho
y traerle su ponche
viene ella en las cenizas
quien amada no pudo ser vencida
o vencida no amada
o alguna otra aflicción
viene en las cenizas
como en esa luz vieja
el rostro en las cenizas
aquella vieja luz de las estrellas
en la tierra otra vez.

*****

Letanías

….

silencio como el que existió
antes ya nunca más existirá
por el murmullo desgarrdo
de una palabra sin pasado
por haber dicho demasiado no pudiendo más
jurando no volver a callar

….

escúchalas
sumarse
las palabras
a las palabras
sin palabras
los pasos
a los pasos
uno a
uno

[ Versión de Jenaro Talens: Obra poética completa. Samuel Becket. Edición trilíngüe. Hiperión, 2000 ]



Más:

miércoles, 2 de marzo de 2016

"EL TERRITORIO INTERIOR DE YVES BONNEFOY" EN LAS DELICIAS SURREALISTAS

El territorio interior de Yves Bonnefoy: por una poética de la presencia

Hay poetas que deambulan por la vida con lámparas de nieve, que entre las frondas de la memoria excavan en el humus de un lenguaje arcaico, primordial, siempre imperfecto, extraño por su simplicidad, misterioso. Y es entonces cuando escuchamos la voz de una perplejidad que nos desarma:”A menudo, un sentimiento de inquietud me invade ante las encrucijadas. Me parece que en esos momentos, que en ese lugar o casi: ahí, a dos pasos sobre el camino que no tomé y del que ya me alejo, sí, es ahí donde se abre un país de una esencia más elevada, donde habría podido vivir y que ahora ya he perdido.” Se trata evidentemente de un territorio interior frecuentado una y otra vez por Bonnefoy. Y detrás oímos el susurro de Rimbaud (“La vida está en otra parte”) y la llama de Hölderlin (habitar poéticamente el mundo).



Nacido en Tours en 1923, Yves Bonnefoy realizó estudios superiores de matemáticas y filosofía y posteriormente de historia del arte, formando parte entre 1945 y 1947 del nuevo grupo surrealista a través de la publicación La Revolution la Nuit. Es autor de una extensa y singular obra en la que combina la práctica poética con los ensayos en prosa, y en la que destacan títulos como Del movimiento y de la inmovilidad de Douve (1953), Ayer reinante desierto (1958), Piedra escrita (1965), El territorio interior (1971), Relatos en sueños (1987), Principio y fin de la nieve (1991) o Las tablas curvas (2001). Igualmente ha realizado numerosas traducciones de Shakespeare, Yeats, Keats y Leoprdi, ha coordinado un imponente Diccionario de mitologías al tiempo que impartía clases magistrales en la cátedra de “Estudios comparados de la función poética” en el Colegio de Francia de París.

El núcleo central de su poesía -desarrollado en su primigenio y extraordinario Del movimiento y la inmovilidad de Douve- es una reflexión sobre el ser como presencia, y cuya única certeza existencial es la muerte. La muerte no como punto final, sino como la forma de ser de toda realidad y como fundamento de toda experiencia. Se trata de una especie de “teología negativa”, de mística materialista, que es para Bonnefoy “una teología de la tierra”, de la realidad visible y concreta, sometida a la temporalidad, a la finitud, lejos de cualquier idealismo trascendental y de toda formulación abstracta y conceptual. Habitar aquí y ahora, buscando el Verdadero Lugar de la impermanencia, a través de la destrucción de toda plenitud significativa, de toda perfección estética o formal del lenguaje. Y así Douve deviene en un personaje símbolo, cambiante, multiforme, que se destruye y se reconstruye con imágenes cegadoras para revelar el auténtico sentido de la realidad, buscando el “lugar y la fórmula” de las Iluminaciones de Rimbaud. 

De la mano del iconoclasta Piojo Eléctrico tendremos ocasión de acercarnos al territorio interior de Yves Bonnefoy el jueves 3 de marzo a las 20:30 horas en la librería la Delicia de Leer (c/ Juan Agapito y Revilla, 10). La devastación de Douve nos aguarda.



TEATRO

I

Te veía correr sobre terrazas,
Te veía luchar contra el viento,
El frío sangraba en tus labios

Y te he visto quebrarte y gozar de estar muerta oh más bella
Que el rayo, cuando mancha los vidrios blancos de tu sangre.


III

Era un viento más fuerte que nuestras memorias,
Estupor de los vestidos y grito de las rocas -y pasabas delante de esas llamas
Cuadriculada la cabeza las manos partidas y toda
En busca de la muerte sobre los tambores exultantes de tus gestos.

Era día de tus pechos
Y reinabas por fin ausente de mi mente.


VERDADERO NOMBRE

Llamaré desierto a ese castillo que fuiste,
Noche a esa voz, ausencia a tu rostro,
Y cuando caigas en la tierra estéril
Llamaré nada al relámpago que te ha llevado.

Morir es un país que amabas. Vengo
Pero eternamente por tus sombríos caminos.
Destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria,
Soy tu enemigo que no tendrá piedad.

Guerra te llamaré y tomaré
Contigo las libertades de la guerra y tendré
En mis manos tu rostro oscuro y atravesado,
En mi corazón ese país que ilumina la tormenta.

sábado, 6 de febrero de 2016

DELICIA SURREALISTA: JUAN LARREA O LO QUE LE FALTA AL POEMA PARA PUDRIRSE A GUSTO

El Piojo Eléctrico se complace en invitaros el jueves 11 de febrero a las 20.30 horas en la librería la Delicia de Leer (c/ Juan Agapito y Revilla, 10) a una velada con la enigmática obra poética de Juan Larrea como protagonista. Larrea, un poeta visionario, inclasificable y desconcertante, fue pionero en romper con la lógica convencional en la escritura cuando la mayoría de los poetas patrios aún no habían oído pronunciar el nombre de André Breton. Su obra, no obstante, no es fácilmente asimilable al Movimiento Surrealista puesto que su inquietante imaginería no procede exactamente de las regiones inconscientes de la mente del poeta como la de Breton y sus huestes sino que es más bien una extraña flor de una tierra que muy pocos han osado pisar, una realidad paralela más relacionada con la visiones de los místicos y alquimistas que con teorías freudianas. No obstante, comparte con el surrealismo su deseo de ruptura con la racionalidad convencional y su genial originalidad, lo que convierte a este ermitaño de la poesía en una figura, por una parte, de obligada referencia por ser pionero del experimentalismo poético y, por otra, única en su inclasificable estilo. Además, a todas estas peculiaridades hay que añadir que escribió casi toda su obra (a la postre reunida en el volumen Versión Celeste) en francés ya que fue en Francia donde decidió exiliarse desde joven. Amigo de Gerardo Diego, César Vallejo y Picasso, Larrea es el alquimista de una nueva poesía que, nacida de la descomposición de las viejas formas tradicionales, transita libre, insólita y un tanto incomprendida por tierra de nadie.

Juan Larrea, en plena faena poética.


Un color le llamaba Juan

Bendigamos el confort de las hormigas regulares
Y la noche aún más triste que el papel secante
Después de la muerte de las palabras
Ahora que el silencio se hace dulcemente festín de pájaro
Entre los trigos capricho de una cárcel florida

Todos los arroyos interiores hemos acudido
A aliviar este molino de individuo
Único convidado que nos resta
De aquel que ha partido hacia el invierno sin pretexto
Sobre un dolor de pradera antigua
Las hormigas arrastran nuestras lágrimas de este a oeste

Se fue por transparencia como las vagas promesas
De una ribera más bien banal
Hacía calor de héroe y el tiempo estaba pálido

Con una nada de delicadeza y el insomnio de las lluvias
Que atrae a seda el reflejo de las catedrales
Agujereemos la esponja de nuestras súplicas
Para borrar el juramento de luna tejido de gusanos
Donde sus ojos sostienen la esperanza de las corrientes de aire

Porque él nos dejó su tristeza
Sentada al borde del cielo como un ángel obeso


Obra de otro Juan: su amigo Juan Gris.