lunes, 12 de diciembre de 2016

LA CIUDAD SURREALISTA DE LOUIS ARAGON: EL CAMPESINO DE PARÍS

En el corazón de la ciudad hay siempre un hilo invisible que nos conduce al interior de un laberinto, un espejo que refleja nuestra imagen tornasolada, el eco de míticas voces que nos atraen. Recorremos sus venas, sus galerías de sombría claridad, como Orfeos en busca de sirenas convertidas en Eurídeces. El día reposa en la noche. Ungidos por las hogueras de la nostalgia, paseamos las calles como fantasmas sin cementerio, largos desiertos de la fiebre. Somos campesinos de ojos que arden en cada gesto cotidiano, en el resplandor de las peluquerías donde los mechones se desvanecen como serpientes de bellas Medusas, en los burdeles que ofrecen su temblor a la soledad de los transeúntes y se convierten en templos de un amor fugaz. Exploramos el azar de cada encuentro en el puente de los suicidas. Los jardines se abren como el sexo de las esponjas. Y en el centro del laberinto, palpita el faro del deseo.




[…] salí al pasaje cuando éste estaba apagado por completo. Cual no fue mi sorpresa cuando, atraído por una suerte de ruido mecánico y monótono que parecía exhalar del escaparate de la tienda de bastones, me di cuenta de que éste estaba bañado por una luz verdosa, en cierta manera submarina, cuya fuente quedaba invisible. Se asemejaba a la fosforescencia de los peces […]. El océano entero en el pasaje de la Ópera. Los bastones se balanceaban con la suavidad de las laminarias. Aún no me había repuesto de este encantamiento cuando advertí que una forma nadadora se deslizaba entre los distintos estratos del escaparate. Estaba un poco por debajo del tamaño normal de una mujer, pero en absoluto deba la impresión de una enana. Su pequeñez parecía más bien deducirse de su lejanía y, sin embargo, aquella aparición se movía justo detrás del cristal. Sus cabellos ondeaban despeinados y sus manos se agarraban a los bastones de cuando en cuando. En un primer momento, pensé que estaba ante una sirena en el sentido más convencional del término, puesto que me parecía que aque encantador espectro, desnudo hasta la cintura, la cual le llegaba muy abajo, terminaba con un vestido de acero o de escamas, o quizás de pétalos de rosa. Sin embargo, al concentrar mi atención en el balanceo que la transportaba por los surcos de la atmósfera, de pronto, reconocí a aquella persona pese a sus rasgos demacrados y el aire de extravío con que estaban marcados. Fue durante unas equívocas circunstancias, provocadas tanto por la insultante ocupación de las provincias renanas como por mi ebrio deleite en la prostitución, cuando conocí a orillas del río Sarre,a Lisel […] ¿Qué podría estar haciendo allí, entre todos aquellos bastones? Sólo a la luz del movimiento de sus labios pude adivinar que estaba cantando, pues la resaca del escaparate cubría su voz y subía más alto que ella hacia el techo de espejo, más allá del cual no se distinguían ni la luna ni la sombra amenazadora de los acantilados. “¡El ideal!”, grité, sin encontrar nada mejor que decir en plena turbación como me hallaba. La sirena volvió hacia mí su rostro aterrorizado tendiéndome sus brazos. Los bastones giraron hacia adelante con un ángulo de noventa grados, de tal suerte que la mitad superior de la equis que constituían se convirtió en una uve contra el cristal, formando delante de la aparición un abanico con los abanicos inferiores. Fue como si, de repente, los palos hubieran ocultado a la vista el espectáculo de una batalla. La claridad se extinguió con el fragor del mar.

(Louis Aragon, El aldeano de París, págs. 28-29. Edit. Errata naturae)




Louis Aragon nos ofrece en El campesino de París (1926) una método teórico y práctico de indagación de la ciudad a través de la mirada surrealista. El azar, el deseo y las imágenes serán las herramientas para descubrir una nueva mitología de lo efímero, de lo concreto, de lo sensual, en la que lo maravilloso cotidiano se despliega ante sus ojos. Como un campesino que se detiene atónito, expectante, presto siempre a encontrar un fragmento de lo insólito a cada paso, descubre en la ciudad sus más secretos misterios, sólo escondidos bajo el polvo de la certeza de la lógica.



Campesinos de todo el mundo, campesinos de mirada campesina, tomad las ciudades con vuestros ojos de arrecifes campesinos, buscad lo maravilloso con vuestros arados campesinos, y acompañad a El Campesino de París (Louis Aragon, 1926) el jueves 22 de diciembre a las 20:30 horas en la librería La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10 de Valladolid), junto al Piojo Eléctrico, campesino.

lunes, 21 de noviembre de 2016

WINÉTT DE ROKHA: ENTRE EL SUEÑO Y LA REVOLUCIÓN

Apenas conocida en España, donde puede sonar a unos pocos por ser esposa del también poeta chileno Pablo de Rokha, Winétt de Rokha merece ser rescatada del olvido. Pocas figuras de la poesía vanguardista en lengua hispana han alcanzado el grado de sensibilidad ética y estética que alcanzó la chilena. En sus libros, llenos de preciosas imágenes, se conjugan el futurismo, el surrealismo y la poesía social en perfecta armonía y equilibrio. Especialmente notable es su imaginería de corte onírico, que la acercó a la escritura automática de los surrealistas, sobre todo en su magnífico poemario El valle pierde su atmósfera, un prodigio de magia verbal y hermetismo, un experimento radical muy en la línea de El hombre aproximativo de Tzara. Pero Winétt, al igual que su marido, no permaneció ajena a las luchas sociales; ambos fueron destacados militantes de la izquierda chilena y defensores de la causa de la República Española.



Tampoco hay que olvidar que Winétt de Rokha fue madre de otro grandísimo y también desconocido poeta, Carlos de Rokha, y de una reconocida pintora, Lukó de Rokha. Por otra parte, también fue inspiradora de una sobrecogedora obra elegíaca de Pablo de Rokha El fuego negro, que el poeta chileno escribió tras la muerte prematura de su esposa a causa de un cáncer.

De estos y otros méritos de Winétt de Rokha se hablará este jueves 24 de noviembre a las 20.30 en la librería La delicia de leer, en la calle Juan Agapito y Revilla, 10. Vale la pena saborear esta delicia surrealista. 

Óleo de Lukó de Rokha


El valle pierde su atmósfera (fragmento)

Quebradura mineral de esqueleto con estribo,
sementera oxidada ¡Teotihuacan! y su bálsamo pétreo con cerillas de granito.
Herreros amanecidos y corpiños que se agrupan, fragua-catacumba y locura,
el bermellón y el gualda más directo templando su licor de asamblea.
  
Catedral imaginaria para el monstruo, champagne, alforjas 
titán sorbedor de vapores, s i n fatiga, etapa embrionaria,
cojines altivos para las nuevas rebeliones contrarias.
Sudores de incienso encarnan cizaña y mixtura
y enarcan la anestesia difusa del animal de barro en bungalows.
  
Perlada es la conciencia del tabernáculo terrestre,
con un esclavo extirpado, decapitado y moneda pueril por ofrenda.
  
Tubérculo reptante, monaguillo, torrente cirujano, cercena
la abrumadora, inaccesible borrasca de comadre y escoba eufórica.
Espirales de granizo en claro-oscuro de guirnaldas de miel alborotadas
se extasían en el pabellón remoto de los cinco rizos cardinales. 
Contemplo el escenario impulsado de fábulas de harina
por el estruendo trepidante de la pólvora verbal de la fortuna. 
Entre bruñidas tonalidades escalonadas de malva y heliotropo
murallas y tejados bermejos en sonido y comentario de difuntos,
el bosque preñado que araña y carraspea en augurio
en colaboración con los archipiélagos de castaños que apuntan sombríos los lampadarios.
Les he platicado por acuerdo a las furias aladas del huracán con tenedor
no con la lengua terciada de los cetáceos jorobados de etiqueta y cultura
pero con la lujosa cátedra de mi jardinflor de mujer en todos los pueblos.

domingo, 13 de noviembre de 2016

EL MUERTO SOL ALUMBRA DE MEMORIA por Marco Antonio Montes de Oca

[Biografía de Marco Antonio Montes de Oca aquí.]

Estimado Allende:
Contigo se fue la pólvora amarilla de la resurrección
Y Sísifo recoge su meteoro obstinado
Y desde no sé donde sube al suelo
Aturdido por un doble tableteo de dientes y metralla
Mientras el sol alumbra sólo de memoria
¿Cómo pudieron tus custodios volverse buitres
Antes de que acabara el vuelo?
¡Cómo no se partió la tierra con un mismo rayo
Con una misma culebra de relámpagos atados
Ondulando sobre los Andes hasta la Sierra Madre!
En senos perfectos pero vacíos
En cántaros de carne pura
El agua se hiela o se evapora
Y ya no es posible lavar tu sangre
Ni bautizar al crimen.

Los generales alzan la viscosa copa
En medio de la plaza:
Engominados lagartos con quijadas de micrófono
Fetos de sesenta años
Títeres de botas afiladas
Tan negras y brillantes
Como si fueran obsidiana:
Los oigo hablar y me asesina la tristeza
De que sobra una mano para contar el infinito.

No somos nada 
Somos preguntas que hacen más preguntas
Pero yo sé que tu cuerpo
Es hoy un cuerpo a cuerpo con la transparencia:
Concédeme la fuerza que irradia un puercoespín de reflejos
Dame la parsimonia de un laurel laureado por la lluvia
Y déjame la esperanza mientras subo por mi cuerda de agua
Y veo cómo lame la cascada a sus tripulaciones pasmadas

Allende tú lo sabes:
Hay un lenguaje medido para encarcelar la desmesura
El amor es ciega lanzadera
Y así como se va
También regresa:
La carne se enrarece y ya es el alba
El alba se encarna y ya es nosotros.

Yo sé lo que digo
Yo sé lo que canto:
La piedra fluye y el escultor se petrifica
No tarda en cumplir años
El mismo eterno toque de campana
Ni tarda la gota de miel
En romper su hilo adormilado:
Tarde o temprano y con los puños llenos de silencio
El pueblo saldrá a regresar contigo.



"La Vida Allende la Muerte" de Roberto Matta

miércoles, 9 de noviembre de 2016

LA “POÉTICA DE ANDARSE POR LAS RAMAS”. DESCUBRIENDO A MARCO ANTONIO MONTES DE OCA

Marco Antonio Montes de Oca (Ciudad de México, 3 de agosto de 1932 – ibídem, 7 de febrero de 2009) fue un poeta y pintor mexicano, autor de una extensa e influyente obra poética. Desde joven empezó a galopar en la poesía, con la espontaneidad como seña. Bebió del surrealismo, y traspasó casi todo los derroteros de la innovación poética surgidos durante la segunda mitad del siglo pasado (concretismo, letrismo, poesía visual). Pero todo ello siempre en el horizonte de crear un universo o muchos universos mediante una exhuberancia de imágenes, que se mueven en círculos, tangentes y líneas paralelas, para de repente entrecuzarse o simplemente separarse. Esta “poética de andarse por las ramas”, en acertada frase dicha por el autor, entabla un permanente diálogo con la belleza como meta. Este mundo aparentemente hermético, pleno de correspondencias libres, ha supuesto que ni la crítica, ni la academia, ni los propios poetas de su generación y de generaciones posteriores, en México y fuera de su país, se hayan hecho a penas eco de la obra intensa, densa y fulgurante de Montes de Oca: su yo poético atraviesa el reino de las metáforas, hasta ser él mismo pura metáfora del mundo.

A propósito de su obra, Montes de Oca dijo:

Lo que quiero es robar imágenes, almacenar mis tesoros de lágrimas con fuego adentro. Lo que quiero son mis metáforas, mis imágenes, mi infinita persecución y búsqueda de una verdad que afortunadamente ignoro y de la cual sólo conozco lo necesario para seguir buscándola.
Este jueves 10 de Noviembre, La Delicia Surrealista tratará de descubir una poesía de la métafora hecha carne, como bien le gusta al piojo eléctrico.  A partir de las 20:30, en La Delicia de Leer (Juan Agapito y Revilla 10).







UN POEMA EN VEZ DE DORMIR

Otra vez llamados por las llamas
Nadando en sueños tan anchos como el día
Quienes han entrevisto la belleza
Regresan con cristales viudos
Y se detienen en mitad
Del hoyo de su tumba:
Cuánta precisión
Qué de agua en vilo
Bajo el puente de las cejas
Cuánto río pecho a tierra
Plantíos de estalactitas
Cielos enterrados
Rumores de orillas desmoronadas
Cuando vello y terciopelo
Se erizan de consumo
Y surgen cabezas de alfiler enfosforadas
Puntos de ignición diciéndonos
Con su apaga y prende prende y apaga
Que las estrellas más brillantes
Son las menos irritadas.

(Soy todo lo que miro, 1973)



*********

MISTERIO

El amor la libertad la poesía
Tres caras distintas
Y una sola moneda verdadera.

(Se llama como quieras, 1974)

miércoles, 26 de octubre de 2016

“PRIMERO TOMAREMOS MANHATTAN, DESPUÉS TOMAREMOS BERLÍN”: UN POETA EN NUEVA YORK

Un jueves más, el próximo 27 de octubre a las 20:30 horas en la librería La Delicia de Leer (C/ Juan Agapito y Revilla, 10), el Piojo Eléctrico nos invita a participar en una de sus esperadas Delicias Surrealistas. Y en esta ocasión la obra elegida por este inconformista titiritero de la palabra es Poeta en Nueva York.

Entre 1929 y 1930, Lorca viajó a Nueva York con el fin de superar una doble crisis, sentimental y poética, que por estos años venía atravesando. Por un lado se trataba de intentar solventar un fracaso amoroso que le tenía sumido en una profunda depresión; y por otro, paradójicamente, alejarse del éxito popular del Romancero gitano, que llevó a Federico a una desconfianza sobre el camino y las formas que estaba adquiriendo su obra.



Será en la metrópoli norteamericana donde, lejos de sus espacios de referencia, Lorca articule una nueva visión del mundo, rabiosamente crítica, y muy cercana a la estética surrealista. En este sentido, Nueva York se convertirá en su poemario en una ciudad-símbolo del capitalismo más salvaje, el de la alienación, la mecanización inhumana y la explotación del hombre. Las imágenes y metáforas con las que describe la ciudad contienen una violencia poética e ideológica de una extraordinaria plasticidad, y da cuenta de todos y cada uno de los componentes de la crisis por la que estaba atravesando el capitalismo en estos momentos. Allí descubrirá la realidad social de los negros, a los que interpela para que se rebelen contra esa civilización que les es ajena y regresen a sus raíces africanas, en una orgía casi apocalíptica donde el universo de la naturaleza acabará con todo vestigio de este mundo de vómito. Acusará al lobby judío de la avaricia que conducirá al crack del 29 y que dejará a millones de personas en la miseria. Gritará contra la hipocresía del Papa y su Iglesia, a los que señala como cómplices de las injusticias sociales. Y reivindicará abiertamente su homosexualidad, ensalzando la figura del poeta Walt Whitman como paradigma del amor libre y auténtico.

Poeta en Nueva York es un libro que continúa seduciéndonos y sorprendiéndonos y que merece la pena releer y comentar en las Delicias Surrealistas.



Paisaje de la multitud que vomita (Anochecer en Coney Island)

La mujer gorda venía delante
arrancando las raíces y mojando el pergamino de los tambores
la mujer gorda
que vuelve del revés los pulpos agonizantes.
La mujer gorda, enemiga de la luna,
corría por las calles y los pisos deshabitados
y dejaba por los rincones pequeñas calaveras de paloma
y levantaba la furia de los banquetes de los siglos últimos
y llamaba al demonio del pan por las colinas del cielo barrido
y filtraba un ansia de luz en las circulaciones subterráneas.
Son los cementerios, lo sé, son los cementerios
y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena,
son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora
los que nos empujan en la garganta.

Llegaban los rumores de la selva del vómito
con las mujeres vacías, con niños de cera caliente,
con árboles fermentados y camareros incansables
que sirven platos de sal bajo las arpas de la saliva.
Sin remedio, hijo mío, ¡vomita! No hay remedio.
No es el vómito de los húsares sobre los pechos de la prostituta,
ni el vómito del gato que se tragó una rana por descuido.
Son los muertos que arañan con sus manos de tierra
las puertas de pedernal donde se pudren nublos y postres.

La mujer gorda venía delante
con las gentes de los barcos, de las tabernas y de los jardines.
El vómito agitaba delicadamente sus tambores
entre algunas niñas de sangre
que pedían protección a la luna.
¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Ay de mi!
Esta mirada mía fue mía, pero ya no es mía,
esta mirada que tiembla desnuda por el alcohol
y despide barcos increíbles
por las anémonas de los muelles.
Me defiendo con esta mirada
que mana de las ondas por donde el alba no se atreve,
yo, poeta sin brazos, perdido
entre la multitud que vomita,
sin caballo efusivo que corte
los espesos musgos de mis sienes.
Pero la mujer gorda seguía delante
y la gente buscaba las farmacias
donde el amargo trópico se fija.
Sólo cuando izaron la bandera y llegaron los primeros canes
la ciudad entera se agolpó en las barandillas del embarcadero.

domingo, 9 de octubre de 2016

PROYECCIÓN DE CINE SURREALISTA EN LAS DELICIAS SURREALISTAS

El incansable Piojo Eléctrico, de vuelta del largo paréntesis estival, se complace en invitaros a una velada de cine surrealista con la proyección de los cortos "Emak Bakia" de Man Ray y "Cinema Anémico" de Marcel Duchamp.

Aunque el cine no fue el aspecto creativo que más desarrolló el Movimiento Surrealista (en comparación con la poesía o la pintura) el séptimo arte en manos de los surrealistas pudo liberarse momentáneamente de la dictadura de la narrativa y volver a su sentido originario de imagen en movimiento. Actualmente, la imagen en el cine y, en especial, en el más comercial, está supeditada a contar una historia con lo que el arte cinematográfico queda sometido a la tutela del arte literario. Pero tanto los surrealistas como los cineastas de las vanguardias del siglo pasado se rebelaron contra esta arbitrariedad impuesta por el todopoderoso mercantilismo de nuestras sociedades capitalistas y demostraron que el cine verdadero cine solo debe rendir pleitesía a la poesía de la imagen en insumiso movimiento.

Si queréis experimentar cómo sería el cine si hubiera primado la poesía de la imagen sobre la linealidad de la narración tradicional, si queréis admirar el cine en estado puro sin la contaminación mercantilista de la industria cinematográfica, pasaos por la librería La Delicia de Leer (C/ Juan Agapito y Revilla, 10) el jueves 13 de octubre a las 20.30 para ver estas dos joyas del cine surrealista.



jueves, 29 de septiembre de 2016

EL GRITO DE LAS PERSEIDAS


En el cielo incendiado 
Por las acrobacias elípticas de las aves migratorias
Los vigías de dorados catalejos 
Disparan venablos indoloros al alfabeto ardiente
De las constelaciones nómadas
Y en sus atalayas la noche
Despioja el arpa
Enloquecida del poniente electrificado
Zodíacos vertiginosos
Alambicado Capricornio 
Acuario iluminado por fiestas patronales
Piscis deslizándose por trampolines de salitre 
Y alcohol de contrabando
Más abajo
El mar reposa en calma
Provisionalmente
Los pulpos abrazados a los contramaestres
En las cantinas de la Vía Láctea 
Bridan a la salud del ojo abisal del huracán
Con salmuera galáctica
Los faros cual cinematógrafos clandestinos
Alumbran el cabotaje de los grandes cetáceos
Entre estrellas fugaces
Que pierden un zapatito de nácar
De camino al último baile en el trasatlántico del lujo
Entretanto 
Caballos alados levantan una polvareda fosforescente
En las estepas de una constelación que gira
Como una veleta de fuego secreto que siempre señala al norte


La noche de verano está hecha para pescar peces dorados en el estanque de los haikus


Mil ojos de gato Mil cohetes lanzados bajo la carpa
Del firmamento improvisado
A soplos de saxo
En el que renacen esfinges de polvo cósmico
Mil pájaros nocturnos 
Extraviados en la cabellera de Andrómeda
No consiguen encontrar las puertas giratorias
Que comunican
El silencio perpetuo con la circularidad de la locura
Músicos de verbenas subterráneas
Mendigan por las nebulosas alcoholizadas
En busca de sus dientes de oro
Perdidos al black jack
Meteoritos con monóculo 
Y chistera
Lanzando sus dados por las vertientes de la techumbre
De la Ópera
Desde las gradas basálticas de los anfiteatros de Marte
Una muchedumbre de guantes
De prestidigitador llamando
Al postigo de las noches iluminadas por los sables
De húsares abatidos en choques interestelares
Una cantante de jazz extasiada
En el corredor de la muerte de una prisión infestada de arácnidos
Más allá del cinturón de asteroides
Un espasmo de paquidermo 
Sobre el piano de cola de una funeraria
Que pone sintonía al fin del mundo
Pero mil ojos de pájaro 
Mil flechas disparadas por las lámparas incandescentes
De timbas frecuentadas 
Por maniquíes 
Bajo el emparrado de planetas marfileños en migración hacia el sur


La noche de verano está hecha para que los sonámbulos silben un blues






Zodiaco tatuado en la noche de espuma efímera
Aries pastando en los prados venusianos
Tauro sacrificado en la arena de Júpiter
Cáncer bañándose en leche de burra
Los pieles rojas emboscados en la constelación del Oso
Fabricando flechas envenenadas
Con colas de cometas
Dispararán sin compasión
A la luna sanguínea cuando emerja como una diosa del océano
Géminis pugnando en el útero de la constelación de la Loba
Leo ahogado en la pócima de su vanidad
Escorpio en la cuerda floja del deseo 
Las luciérnagas tejen un vestido de haces de luz
Para Polaris
Que gravita en su trono de alabastro cósmico
Mientras Virgo sustituye su cinturón de castidad
Por el cinturón de asteroides
Las galaxias se peinan mirándose en el  espejo del Mar Negro
Y se empolvan la nariz con cenizas de desiertos radiactivos
Los trópicos abarrotados de guacamayos
Tallados en vetas de esmeralda
Se bañan en luz cegadora de supernova
Batucadas del carnaval de Nueva Orleans rompen los diques
De silencio de una ciudad abandonada apresuradamente
Por una alerta de tsunami
Guerrilleros de sílice toman la residencia de verano
Del Rey Sol
Y derrochan su licor de centellas
Bajo bóvedas de pedrería intergaláctica
Pero ¿de quién ese casco de explorador
De los siete mares de ceniza lunar arrojado a los pies de los caballos
Que corren en el hipódromo de los anillos de Saturno?
Tras la conjunción astral hay un fragor de hogueras caníbales por el este


La noche de verano está hecha para perderse en la cabellera de la hiedra venenosa


Y en esto que arriban las Perseidas 
A costas bañadas por espuma de cerveza
A lomos de potros de pedernal que pegan fuego al firmamento
Libra está sopesando la ausencia de olas en los relojes de arena
Sagitario caza aves fénix con rayos de sol
Pero las Perseidas prosiguen su cabalgata en mitad de la tormenta 
Desatada por la contaminación lumínica
Ni los farolillos de las fiestas patronales ni los candiles
De los pescadores nocturnos de ostras
Eclipsarán esa belleza 
De muñeca de porcelana rescatada de un naufragio interplanetario
Caballistas de pura llama
En lo alto de la melena de una noche que se deshilacha por las buhardillas
En los planetarios el ballet de instrumentos de navegación
Interrumpe su actuación para quitarse sus escafandras
Ante el paso de un cometa
(Un ejemplar descarriado de los rebaños de la ionosfera)
Las lágrimas de todo el santoral
Salen disparadas de apocalípticas girándulas
Y fecundan los campos que llevan a cuestas racimos de mujeres
Que vuelven de tomar un baño nocturno
En la cuenca del ojo tuerto de la luna llena
Esa luna anfibia que emergió del océano como una diosa
De marfil cósmico
Envuelta en corales ánforas y restos de naufragios
Y no hay paraguas para hacer frente al diluvio de nácares
Salpicados de rosas trepadoras
Deslizándose por la seda clandestina de los cines al aire libre
Precipitándose desde campanarios submarinos
Descolgándose por el voltaje de las tormentas estivales
Como un aguacero de prendas íntimas
Sobre un antiguo campo de batalla
Donde aguarda un carruaje de diamante dispuesto a partir hacia el oeste


La noche de verano está hecha para tatuarse una estrella de mar en cada párpado




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El grito de las Perseidas by Sorrow is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.




miércoles, 21 de septiembre de 2016

O EL POEMA CONTINUO (fragmento) por Herberto Helder

[Ya colgué una breve biografía de Helder aquí pero quiero incluir este artículo/obituario de El País ya que murió el año pasado:

Muere Herberto Helder, ‘el poeta oculto’

Javier Martín
El País, 25/03/2015

Está considerado el mayor poeta portugués de la segunda mitad del siglo XX

Sin ruido, como su vida, este martes falleció el mayor poeta portugués de la segunda mitad del siglo XX. Herberto Helder Luís Bernardes de Oliveira había nacido el 23 de noviembre de 1930 en Funchal (Madeira) y murió en Cascais, alejado de cualquier ruido. Durante toda su vida rechazó premios, entrevistas, fotos y hasta la difusión de sus libros de poemas, de solo una edición.

Su obra, rigurosa, dura y original se extiende durante más de medio siglo. Comenzó en 1958 con O Amor em visita y terminó el pasado junio con A morte sem mestre (La muerte sin maestro), un libro con la portada escrita de su propia mano y reproduciendo un papel rugoso -el mismo con el que él forraba los libros de su biblioteca-. El poemario final incluía un CD con versos declamados por el propio autor. Como en casos anteriores por exigencia del poeta, solo hubo una edición, de unos 5.000 ejemplares. La edad no le restó afán creativo, pues un año antes había publicado Servidores, su obra más autobiográfica, en donde el poeta misántropo da a concoer detalles de su infancia en Madeira, un recordatorio donde la muerte está siempre en la sombra del fiero poeta, antes espantado de la vida y ahora de la muerte. Servidores y Muerte sin maestro rompieron su hábito de publicar poemas cada seis años. Su obra anterior fue en 2008, A faça nao corta o fogo (La navaja no corta el fuego) que, a sus 78 años, significó un revulsivo a la poesía portuguesa de este nuevo siglo... En España, tanto Hiperion como Pages, principalmente, ha difundido su contundente obra.

Pese a comenzar Derecho y Filología en Coimbra, ninguna de las dos carreras terminó; pero en su vida profesional no hubo trabajo que no conociera: cajero de banco, publicista farmacéutico, meteorologista, bibliotecario ambulante, corresponsal de guerra. La dictadura de Salazar no tuvo mucha piedad con él, pues le condenó por participar en la publicación de un libro del Marqués de Sade, le despidió de la radiotelevisión pública y le censuró Apresentaçao do rosto.

En Lisboa, en los años 50, frecuentó el grupo del Café Gelo con ilustres de la época como Mário Cesariny, Luiz Pacheco, António José Forte, João Vieira o Hélder Macedo. En ese ambiente, en 1958, publicó su primer libro, O Amor em Visita.


Hacía muchos años que Helder había renunciado a la exposición pública, ya fueran entrevistas o premios. En 1994 rechazó el galardón más importante, el Premio Fernando Pessoa. “No digan nada a nadie y dén el premio a otro”, aconsejó al jurado. Él quería seguir siendo el “poeta oculto” y escribir en una lengua “al mismo tiempo plana y plena”.

Herberto Helder, uno de los grandes 
experimentadores de la poesía portuguesa.
]


Las mujeres tienen un sombreado rosal
frío esparcido en el vientre.
Un caliente rosal a veces, una planta
de tiniebla.
Sube desde los pies y atraviesa
la carne quebrada.
Nace de los pies, o de la vulva, o del ano -
y se mezcla con las aguas,
con el sueño de la cabeza.
Las mujeres piensan como un impensado rosal
que piensa rosas.
Piensan de espina en espina,
paran de nudo en nudo.
Las mujeres echan hojas, reciben
un orvallo inocente.
Después su boca se abre.
Verano, otoño, la ola dolorosa y ardiente
de las semanas,
pasan por encima. Las mujeres cantan
en su alegría terrena.

¿Qué cantan verdadero?
Cantan.
Son cerradas y dulces, cambian
de color, anuncian la felicidad en medio de la noche,
de los días rutilantes, la gracia.
Con lágrimas, sangre, antiguas sutilezas
y una suavidad amarga -
las mujeres vuelven impura y magnífica
nuestra límpida, estéril
vida masculina.
Porque las mujeres no piensan: abren
rosas tenebrosas,
inundan la inteligencia del poema con su sangre menstrual.
Son altos esos rosales de mujeres,
inclinadas como campanas, como violines, dentro
del sonido.
Dentro de su savia de ceniza brillante.

El pan de avena, las manzanas en el cesto,
el vino frío,
o la candela sobre el silencio.
O mi tarea sobre el tiempo.
O mi espíritu sobre Dios.
Digo: mi vida es para las mujeres vacías,
las mujeres de los campos, los seres
fundamentales
que cantan de casualidad a los siniestros
muros de Dios.
Las mujeres de oficio cantante que a Dios muestran
la boca y el ano
y la mano roja bordada sobre el sexo.

Espero que el amor arrobe mi melancolía.
Y que las flores sazonadas revienten y se pudran
dulcemente en el aire.
Y que la suavidad y la locura se detengan en mí,
y luego el mundo tenga ciudades antiguas
que hagan arder en la tiniebla su inocencia lenta
y sangrienta.
Espero sacar de mí el más veloz
apasionamiento y la inteligencia más pura.
- Porque las mujeres pensarán hojas y hojas
en el campo.
Pensarán en la vida mojada,
en el día brillante lleno de rayos.

Veo que la muerte se inspira en la carne
que la luz martillea levemente.
En esas mujeres inclinadas sobre la frescura
vehemente de la ilusión,
en ellas -envueltas por su rosal de brasas-
veo a los meses que respiran.
A los meses fuertes y pacientes.
Veo a los meses absorbidos por los meses más jóvenes.
Veo a mi pensamiento muriendo en la escarpada
tiniebla de las mujeres.

Y digo: ellas cantan mi vida.
Esas mujeres estranguladas por una belleza
incomparable.
Cantan la alegría de todo, mi
alegría
por dentro del gran dolor masculino.
Esas mujeres hacen feliz y extensa
la muerte de la tierra.
Ellas cantan la eternidad.
Cantan la sangre de una tierra exaltada.


Mujer y rosas de Marc Chagall

sábado, 18 de junio de 2016

LIBERTAD O EL AMOR DE ROBERT DESNOS, LA NOVELA MÁS SUBVERSIVA JAMÁS ESCRITA, EN LAS "DELICIAS SURREALISTAS"

El Piojo Eléctrico redunda en su comportamiento irritante y se complace en invitaros a una disertación sobre la novela más transgresora del surrealismo francés: La Libertad o el amor de Robert Desnos. El acto será perpetrado como siempre en la librería la Delicia de Leer, sita en C/ Juan Agapito y Revilla, 10, el próximo miércoles 22 de junio a las 20.30 h. 


La libertad o el amor es una de las novelas más sorprendentes jamás escritas por su enorme poder subversivo. Para empezar, pone patas arriba las formas de la novela tradicional (mucho antes de que la crítica inventara la etiqueta "novela experimental") con la yuxtaposición aparentemente caótica (o como diría Breton, automática) de situaciones, personajes y estados de ánimo. Además, la obra puede muy bien ser leída como un poema en prosa. Por otra parte, Desnos se dedica a disparar bilis surrealista contra la moral y la sociedad tradicionales. Hay irreverencia, obscenidad, crueldad, sadomasoquismo, blasfemias, orgías con alcohol y drogas, ataques a la monarquía y la religión,  todo aquello que molestaba y sigue molestando a la conservadora élite rectora y que ha motivado que éste sea un libro "underground" y que a pesar de su decisiva influencia en figuras claves del surrealismo español (Aleixandre, Cernuda) hasta hace bien poco no haya estado disponible en español gracias a la edición de Cabaret Voltaire de 2007. Finalmente, la novela es subversiva en su concepción revolucionaria (incluso para nuestra época) del amor, que va más allá del género o del número o incluso de las prácticas de los amantes y que es aquello que se opone a la libertad. Ésta, lejos de la visión edulcorada del romanticismo, es en Desnos el polo opuesto del amor y desemboca, en último término, en la soledad y la muerte. De ahí que Desnos utilice el amor como "panfleto contra la muerte" y que nos fuerce a elegir en la disyuntiva del título. O se está en el extremo del amor o se está en el de la libertad. La libertad o el amor es también una novela de viajes y acaso la verdadera odisea del ser humano sea, como sugiere Desnos en la obra, el constante tránsito de uno de estos polos al otro.


He aquí un fragmento de la novela:

"Yo me complacía contemplando el juego de su abrigo de piel en torno a su cuello, el roce del ribete con las medias de seda, la caricia intuida del forro sedoso en las caderas. De repente constaté la presencia de una cinta blanca alrededor de las pantorrillas. Ésta fue creciendo rápidamente, se deslizó hasta el suelo, y cuando llegué al lugar recogí el bombacho de fina batista. Cabía entero en una mano. Estaba impregnado del olor más íntimo de Louise Lame. Qué fabulosa ballena, qué prodigioso cachalote puede destilar un ámbar más perfumado. Oh pescadores perdidos en los fragmentos de la banquisa, que os dejaríais morir de emoción hasta caer en las olas glaciales cuando, una vez despedazado el monstruo y habiendo recogido cuidadosamente la grasa el aceite y las barbas para hacer corsés y paraguas, descubrís en el vientre abierto el cilindro de materia preciosa. ¡El bombacho de Louise Lame! ¡Qué universo! Cuando volví a mi ser, ella había ganado terreno. Tropezando entre los guantes que ahora se juntaban todos, con la cabeza pesada de tanta embriaguez, la perseguí, guiado por su abrigo de leopardo.

En la Porte Maillot, recogí el vestido negro de seda del que se había desprendido. Desnuda, ahora estaba desnuda bajo su abrigo de piel leonada. El viento de la noche impregnado del olor rugoso que las velas de lino habían recogido en las diferentes costas, impregnado del olor a fuco encallado en las playas y parcialmente reseco, impregnado del humo de las locomotoras que se dirigían a París, impregnado del cálido olor a raíl tras el paso de los grandes expresos, impregnado del olor frágil y penetrante a césped húmedo de los jardines de los castillos dormidos, impregnado del olor al cemento de las iglesias en construcción, el viento pesado de la noche debía de sepultarse debajo del abrigo y acariciar sus caderas y la parte inferior de sus pechos. La fricción del tejido con sus caderas despertaba en ella, sin duda, deseos eróticos mientras andaba por la avenida de Les Acacies con rumbo desconocido. Unos pocos coches iban y venían, la luz de sus faros barría los árboles, el suelo se erizaba en montículos, Louise Lame se apresuraba. Yo distinguía muy claramente la piel de leopardo.

Había sido un animal terriblemente fiero.

Durante años había aterrorizado a toda una comarca. A veces se veía su silueta en un árbol o en una roca, después, al alba siguiente, caravanas de jirafas y de antílopes, camino de los abrevaderos, mostraban a los indígenas una epopeya sangrienta inscrita profundamente con sus garras en los troncos de la selva. Aquello duró varios años. Los cadáveres habrían podido contar, si los cadáveres hablaran, que sus dientes eran blancos y su robusta cola más peligrosa que la cobra, pero los muertos no hablan, los esqueletos aún menos, y todavía menos os esqueletos de jirafa, pues tan graciosos animales eran la presa favorita del leopardo.

Un día de octubre, cuando el cielo empezaba a verdear y asomaban los montes erguidos en el horizonte, vieron al leopardo trepar, desdeñando por una vez los antílopes, los mustangs y las bellas, altivas y rápidas jirafas, a un arbusto de espinas. Durante toda la noche y todo el día siguiente estuvo hecho un ovillo rugiendo. Al salir la luna se había desollado completamente y su piel, intacta, yacía en tierra. Durante todo este tiempo el leopardo no había dejado de crecer. Al salir la luna, alcanzaba la copa e los árboles más altos, y a medianoche ocultaba con su sombra las estrellas.

Extraordinario fue el espectáculo de la marcha del leopardo desollado a través de la campiña sumida en espesas tinieblas por su gigantesca sombra. Arrastraba su piel, más fastuosa que ninguna de las que vistieron los emperadores romanos, ni ellos ni el legionario elegido entre los más hermosos y a quien amaron.

¡Procesiones de enseñas y lictores, procesiones de luciérnagas, ascensiones milagrosas! Nunca hubo otra sorpresa semejante a la marcha de la fiera enfrentada, en cuyo cuerpo se transparentaban las azules venas.

Cuando alcanzó la casa de Louise Lame, la puerta se abrió sola y, antes de sucumbir, sólo le quedaron fuerzas para depositar en la escalinata, a los pies de la fatal y adorable joven, el homenaje supremo de su piel.

Sus osamentas obstruyen todavía hoy un buen número de los caminos del planeta. El eco de su colérico grito, tras repercutir, durante mucho tiempo en glaciares y encrucijadas, murió como el ruido de las mareas y Louise Lame anda delante de mí, desnuda bajo su abrigo.

Unos pasos más y he aquí que de desprende de esa última prenda. Cae. Corro más rápido. Ahora Louise Lame está denuda, completamente desnuda en el Bois de Boulogne. Los autos huyen barritando; sus faros iluminaban a veces un abedul, otras un muslo de Louise Lame sin alcanzar, no obstante, el vello de su sexo. Una tempestad de rumores angustiosos pasa por las localidades vecinas: Puteaux, Saint-Cloud, Billancourt.

La mujer desnuda camina toda ella rozada por telas invisibles, París cierra puertas y ventanas, apaga las farolas. Un asesino en un barrio lejano se toma mucho trabajo en matar a una impasible paseante. Unas osamentas obstruyen la calzada. La mujer desnuda llama a cada puerta, abriendo los párpados cerrados.

Robert Desnos, La libertad o el amor, Cabaret Voltaire, pgs. 64-66."