sábado, 11 de septiembre de 2010

EL VIENTO Y LA MULTITUD EN LA METRÓPOLI (fragmento) por Pedro Plonka


[Del autor de este impresionante poema no tengo mucha información; tan sólo sé que Pedro Plonka (1896-1976) perteneció a un grupo de poetas vanguardistas de Valparaíso (Chile) en los años 20 del siglo pasado. Sobre este grupo poético (al que también perteneció Alberto Rojas Jiménez) se puede consultar este artículo aparecido en la prensa chilena: http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id=%7B0d6390d7-a22d-4740-9f2d-90b6ee7ff192%7D]


Lúcido, jocundo,
azul en la mágica argamasa de tus panoramas
el viento,
el viento,
Valparaíso,
el viento,
el viento resplandece de arterias infinitas
su veloz presencia deslumbradora.
Pájaros de luz beben el agua del aire
a la orilla de inmensos diamantes;
de las chimeneas y los caseríos
esbeltas orquídeas de humo nacen;
nacen para irse en el viento y caer al mar
y hundirse en los piélagos del Pacífico
junto a los pilotos, a pique.
Multitudes oceánicas silban jigas ultramarinas
y marchan con rumoreante ritmo trans-estelar;
legiones de sonoros cardos desgarran
sus morados fuselajes,
y en las cuencas de tus axilas vegetales,
en donde habita tu sonámbula flor de medianoche,
el mar enreda sus corrientes;
resuena en la caracola de tus barrios marítimos
la respiración mercante de los puertos;
oscilan los litorales
entre los dientes de tabaco de los capitanes,
oscilan mares de rojo cabotaje cuajados de marinerías
y, oscilan en la danza plana del agua,
mujeres cosmopolitas
con las música de los continentes en el sexo;
bailarinas marismas zapatean puertos musicalizados
llamando transeúntes y navegantes
con lenguas de fuego
desde graciosos volcanes alcohólicos;
tamborilean las orquestas epidermis
de salvajes papagayos
y, arriba, abajo y entremedio palmotean caobas y bronces
y tropicales danzas puntean ojos de tórridos marfiles.



"Puerto" por Felix del Marle

martes, 7 de septiembre de 2010

MONUMENTO AL MAR por Vicente Huidobro


[Poeta y narrador chileno nacido en Santiago en 1893. Perteneció a una familia de rancia aristocracia donde siempre se respiró un gran ambiente intelectual. Antes de cumplir los veinte años publicó su primer libro de poemas, «Ecos del alma», donde dejó entrever el modernismo que declaró oficialmente en su manifiesto «Non Serviam» en 1914. Está considerado como uno de los poetas vanguardistas más importantes de la primera mitad del siglo XX. Creó y difundió con mucho éxito la corriente del «Creacionismo», en la que se resume lo mejor del cubismo y el futurismo. Vivió en Paris donde trabó amistad con grandes vanguardistas de la época como Apollinaire, Jean Cocteau, André Breton, Pablo Picasso y Juan Gris.Entre sus obras destacadas pueden señalarse, «Altazor» 1931, «Temblor de cielo», «Poemas árticos», «Ecuatorial», «Tour Eiffel» y «Hallali».
Extraído de A media voz]


Paz sobre la constelación cantante de las aguas
Entrechocadas como los hombros de la multitud
Paz en el mar a las olas de buena voluntad
Paz sobre la lápida de los naufragios
Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas tenebrosas
Y si yo soy el traductor de las olas
Paz también sobre mí.

He aquí el molde lleno de trizaduras del destino
El molde de la venganza
Con sus frases iracundas despegándose de los labios
He aquí el molde lleno de gracia
Cuando eres dulce y estás allí hipnotizado por las estrellas

He aquí la muerte inagotable desde el principio del mundo
Porque un día nadie se paseará por el tiempo
Nadie a lo largo del tiempo empedrado de planetas difuntos

Este es el mar
El mar con sus olas propias
Con sus propios sentidos
El mar tratando de romper sus cadenas
Queriendo imitar la eternidad
Queriendo ser pulmón o neblina de pájaros en pena
O el jardín de los astros que pesan en el cielo
Sobre las tinieblas que arrastramos
O que acaso nos arrastran
Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna
Y se hace más oscuro que las encrucijadas de la muerte

El mar entra en la carroza de la noche
Y se aleja hacia el misterio de sus parajes profundos
Se oye apenas el ruido de las ruedas
Y el ala de los astros que penan en el cielo
Este es el mar
Saludando allá lejos la eternidad
Saludando a los astros olvidados
Y a las estrellas conocidas.


"El gran seductor" por R. Magritte (1953)
Este es el mar que se despierta como el llanto de un niño
El mar abriendo los ojos y buscando el sol con sus pequeñas manos temblorosas
El mar empujando las olas
Sus olas que barajan los destinos

Levántate y saluda el amor de los hombres

Escucha nuestras risas y también nuestro llanto
Escucha los pasos de millones de esclavos
Escucha la protesta interminable
De esa angustia que se llama hombre
Escucha el dolor milenario de los pechos de carne
Y la esperanza que renace de sus propias cenizas cada día.

También nosotros te escuchamos
Rumiando tantos astros atrapados en tus redes
Rumiando eternamente los siglos naufragados
También nosotros te escuchamos

Cuando te revuelcas en tu lecho de dolor
Cuando tus gladiadores se baten entre sí

Cuando tu cólera hace estallar los meridianos
O bien cuando te agitas como un gran mercado en fiesta
O bien cuando maldices a los hombres
O te haces el dormido
Tembloroso en tu gran telaraña esperando la presa.

Lloras sin saber por qué lloras
Y nosotros lloramos creyendo saber por qué lloramos
Sufres sufres como sufren los hombres
Que oiga rechinar tus dientes en la noche
Y te revuelques en tu lecho
Que el insomnio no te deje calmar tus sufrimientos
Que los niños apedreen tus ventanas
Que te arranquen el pelo
Tose tose revienta en sangre tus pulmones
Que tus resortes enmohezcan
Y te veas pisoteado como césped de tumba

Pero soy vagabundo y tengo miedo que me oigas
Tengo miedo de tus venganzas
Olvida mis maldiciones y cantemos juntos esta noche
Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar
Olvida los presagios funestos
Olvida la explosión de mis praderas
Yo te tiendo las manos como flores
Hagamos las paces te digo
Tú eres el más poderoso
Que yo estreche tus manos en las mías
Y sea la paz entre nosotros

Junto a mi corazón te siento
Cuando oigo el gemir de tus violines
Cuando estás ahí tendido como el llanto de un niño
Cuando estás pensativo frente al cielo
Cuando estás dolorido en tus almohadas
Cuando te siento llorar detrás de mi ventana
Cuando lloramos sin razón como tú lloras

He aquí el mar
El mar donde viene a estrellarse el olor de las ciudades
Con su regazo lleno de barcas y peces y otras cosas alegres
Esas barcas que pescan a la orilla del cielo
Esos peces que escuchan cada rayo de luz
Esas algas con sueños seculares
Y esa ola que canta mejor que las otras

He aquí el mar
El mar que se estira y se aferra a sus orillas
El mar que envuelve las estrellas en sus olas
El mar con su piel martirizada
Y los sobresaltos de sus venas
Con sus días de paz y sus noches de histeria

Y al otro lado qué hay al otro lado
Qué escondes mar al otro lado
El comienzo de la vida largo como una serpiente
O el comienzo de la muerte más honda que tú mismo
Y más alta que todos los montes
Qué hay al otro lado
La milenaria voluntad de hacer una forma y un ritmo
O el torbellino eterno de pétalos tronchados

He ahí el mar
El mar abierto de par en par
He ahí el mar quebrado de repente
Para que el ojo vea el comienzo del mundo
He ahí el mar
De una ola a la otra hay el tiempo de la vida
De sus olas a mis ojos hay la distancia de la muerte


"La gran ola de Kanagawa" por Katsushika Hokusai

lunes, 6 de septiembre de 2010

VELETA





viernes, 3 de septiembre de 2010

GRODEK por Georg Trakl


[Poeta austriaco nacido en Salzburgo en 1887.Desde muy joven alternó el trabajo como farmaceuta con su afición por la literatura, fundando con varios amigos el grupo literario Apollo y escribiendo algunos poemas que fueron publicados en el prestigioso periódico "Neues Wiener Journal". En 1910 obtuvo el título de Magister der Pharmazie por la Universidad de Viena. Aunque su afición por el alcohol y el cloroformo le produjeron graves cambios de personalidad, su obra literaria, influenciada por autores como Rimbaud, Hölderlin y Novalis, osciló entre el expresionismo y el simbolismo, y se convirtió en un gran legado para generaciones posteriores. Durante la primera guerra mundial participó en la batalla de Grodek, lo que le produjo una crisis nerviosa que le condujo al hospital psiquiátrico de Cracovia, donde se suicidó con una sobredosis de cocaína el 3 de noviembre de 1914.

Extraído de
A media voz]



Por la tarde resuenan en los bosques otoñales
las mortíferas armas, y en las llanuras áureas
y en los lagos azules rueda el sol más oscuro.
La noche abraza a los guerreros moribundos,
irrumpe el lamento salvaje de sus bocas quebradas.
Pero silenciosas en la pradera,
rojas nubes que un dios airado habita
convocan la sangre derramada, la frialdad lunar;
y todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Bajo el dorado ramaje de la noche y las estrellas
vaga la sombra de la hermana por el bosque silencioso
saludando las almas de los héroes,
las cabezas sangrantes.
Y en el cañaveral suenan las oscuras flautas del otoño.
Oh, qué soberbio duelo, con altares de bronce;
un terrible dolor nutre hoy la ardiente llama del espíritu,
por los nietos que no han nacido aún.

(Versión de Helmut Pfeiffer)




"Alameda con copos de nieve" de Edvard Munch

jueves, 2 de septiembre de 2010

ARAUCARIA






martes, 31 de agosto de 2010

EL VIAJERO AMARGADO por Jacobo Fijman


[Nace el 25 de enero de 1898, en Besarabia (hoy Rumania) bajo el Imperio Ruso que dura para él casi un lustro. En 1902 sus padres deciden emigrar a la Argentina. En un principio la familia deambula por el sur argentino. Más tarde se establecen en Lobos, provincia de Buenos Aires. En 1917 concluye sus estudios secundarios y se radica en Capital Federal. Ingresa en el Profesorado de Lenguas Vivas y comienza una profunda formación cultural. Se especializa en filosofía antigua, griego y latín. Además adquiere conocimientos en leyes y matemáticas. Su pasión por el violín y la música clásica lo acerca, en un primer momento, al compositor y violinista italiano Arcangelo Corelli, y luego, a la espiritualidad de los cantos gregorianos.

Trabaja escasos meses como profesor de francés en el Liceo de Señoritas de Belgrano y hundido en una oscura crisis emprende un viaje por todo el país, donde se gana la vida como músico ambulante. Tiene 21 años. Sus primeros poemas ya tienen forma y estilo. El próximo paraje es el Chaco Paraguayo: allí se emplea como peón en un aserradero. A su retorno en 1920 a Buenos Aires, es ferozmente golpeado tras un confuso episodio en la puerta de la comisaría 4ta. Fijman suplica desde el suelo diciendo: ¡Soy el Cristo Rojo... no me peguen, no me peguen!, pero es detenido y llevado a la cárcel de Villa Devoto. Luego de una serie de maltratos es trasladado al Hospicio de las Mercedes. Ingresa el 17 de enero de 1921 y permanece hasta el 26 de julio del mismo año. Dentro del hospicio es sometido a castigos corporales y descargas de electroshock.

A su salida del hospicio Fijman enfrenta una cruda realidad. Sin embargo su fuerza poética puede con el desánimo y logra publicar una serie de notas en el semanario Mundo Argentino y en la revista israelita, Vida Nuestra.

En 1923 un grupo de escritores jóvenes encabezado por Oliverio Girondo, Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal, promueven la revista Martín Fierro, de arte y crítica libre. Tres años más tarde, Fijman es invitado por Marechal a unirse a los martinfierristas. El 1 de septiembre de 1926, publica Molino Rojo. Su primer libro de poemas, aparece en un momento de gran inestabilidad social y política. El título es inmediatamente asociado a los movimientos anarquistas y socialistas. Por el contrario, Fijman buscaba dos palabras que unidas representaran "esos estados del alma" - como le gustaba decir -, donde habitaban los fantasmas, el espanto de su internación dentro del hospicio y la abominable postración de un hombre que hallaba en la demencia un instancia poética muy superior a la de cualquier mortal

Camina. Cada tanto lo detienen las verdades. Impresionado por los maestros clásicos de la pintura religiosa y por la vuelta a la filosofía escolástica (Aristóteles), agudiza su crisis con el mundo real. Es entonces cuando Natalio Botana, director del diario Crítica, convoca a los mayores exponentes del grupo Martín Fierro y junto a Enrique Pichón Riviere, dan forma a las columnas de arte y cultura.

Del otro lado del Atlántico, el surrealismo, surgido en 1924, está en su apogeo. París es el parnaso de la cultura. Poco antes de su viaje a Francia, Fijman relata: "Un presagio me inquieta: si el barco naufragara en el camino a Europa sufriría dos tragedias: el cambiarme las medias y lavarme la ropa". Desembarca en París junto a su amigo Antonio Vallejo y una noche conoce a varios de los precursores del nuevo movimiento. "Nos citamos para leer poemas, estaban Breton, Desnos, Eluard...". Pero su incipiente delirio místico lo distancia de los franceses. "Con Artaud nos conocimos en un café, en la Coupole. Estuvimos a punto de pelearnos. Yo me identificaba con Dios y Artaud con el diablo. Y el Conde de Lautréamont era un loco perverso. Se había entregado a los vicios y hacía con ellos poesía".

El largo viaje parece concluir y envuelto en una gran confusión teológica cruza nuevamente el océano. Vive en la indigencia. "Sus bolsillos abultados, llevaban un rosario, un catálogo que reproducía las vírgenes del Louvre, y algunas estampas de santos"- narra el escritor Juan Jacobo Bajarlía. En 1929, es bautizado y convertido al catolicismo. Ese mismo año publica su segundo libro Hecho de estampas, que es bien recibido.

Al comienzo del `30, realiza un nuevo viaje a Europa, en un frustrado intento para ordenarse como sacerdote y hacer una completa vida penitencial. A su regreso escribe diversas notas en la revista católica Número, en la que se destaca Ciudades más ciudades, relato en el que expresa su encantamiento por una sobrina de Oliverio Girondo: "Mañana iré a Bruselas con González Cháves. Ciudades más ciudades y ciudades muertas sobre la imagen de las personas dinámicas. Pero de cualquier manera tengo que huir, huir de Teresa, de mi amor por Teresa".

En el transcurso de 1931, edita su tercer y definitivo libro, Estrella de la Mañana. La Argentina es gobernada por la dictadura de José Felix Uriburu y la presencia militar en las calles es una constante. "El libro, corresponde a la época más oscura que he conocido en este país. La gente era perseguida de la manera prevista por el Apocalipsis".

Luego del cierre de Número, su situación económica se agrava. Vive en conventillos y por las noches toca el violín en tugurios para poder subsistir. Nadie sabe de él. Un día aparece fugazmente en el velatorio de su madre.

En la primavera de 1942, la Policía Federal allana el altillo en el que solía pasar sus días. El Acta policial sentencia: "afectado de alienación mental". De allí lo conducen a Villa Devoto y luego al Instituto Neuropsiquiátrico José T. Borda (Buenos Aires), donde permanecerá hasta el día de su muerte. Según los médicos padece de una "psicosis distímica". Vive en la más absoluta miseria y la mayoría de los amigos de su generación lo han abandonado. Dentro del hospicio es ultrajado. Al respecto, Fijman ironiza: "Me aplicaron electroshock. Se ve que querían sacarme la enfermedad del cuerpo".

A pesar del estado de quietud mental al que lo someten, el poeta despliega toda su fastuosa inventiva en poemas sacros y dibujos en pastel. Dedica la mayor parte del día al estudio de los teólogos antiguos y a la lectura de otras disciplinas Escribe y pinta, para echar a patadas a todos esos animales que ríen en su cabeza y no lo dejan dormir.

En el año 1948, Leopoldo Marechal lo incluye junto al pintor Xul Solar y al escritor Macedonio Fernández en su mítico libro, Adán Buenosayres. Aquel extraño habitante de la noche parisina, que volvía de sus largas caminatas con una crónica inusual sobre algún aspecto de la ciudad, era ahora Samuel Tesler, un personaje crecido en la fealdad y la sabiduría.

La segunda mitad del siglo viene arropado en penas. Por las mañanas concurre a la Biblioteca Nacional, en donde pasa horas meditando y leyendo poesía antigua. No tiene amigos, ni refugios. Todos los que lo han olvidado saben perfectamente que está loco. Que vive apasionadamente su amor por la Virgen María y que por las noches conversa con ángeles y demonios.

En el año 1958 asiste a la Sociedad Argentina de Escritores, donde aparentemente cobra una pensión tramitada en la entidad. Sus días se parecen a todos los días. Sale del pabellón. Baja hasta el salón principal. Se sienta frente a unas largas mesas y comienza a escribir o a pintar durante horas. Aunque es incluido en las Enciclopedias y colecciones de literatura Argentina, es cruelmente ignorado, y ningún escritor de su generación sabe a ciencia cierta dónde está.

A partir de 1968, la vida del viejo poeta, quedará marcada por la presencia del escritor y abogado Vicente Zito Lema, a quien Fijman concederá los más lúcidos conceptos sobre el arte y la locura y en quien depositará uno de sus máximos temores. "Sé que dentro de muy poco me voy a morir. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte porque ya estoy muerto en Cristo sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los internos. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre! Mi vida ha sido el estudio, la poesía, quiero estar hermoso digno. Además va a estar ella, la Virgen, la única que no se burló de mi amor, ni me rechazó".

Luego de una extensa lucha, Zito Lema es nombrado curador de Fijman, cargo que le permite llevarlo a vivir los fines de semana a su propia casa. En 1969, un grupo de personas, encabezadas por el joven tutor del poeta, edita el primer número de la revista Talismán (íntegramente dedicada a Fijman) y a mediados de año aparecen en la revista Extra, una serie de notas firmadas por el propio Fijman.

La dictadura de Onganía agoniza, la idea de una Argentina más próspera es sólo una ilusión y la violencia recrudece. Al año siguiente, Fijman es invitado al programa de televisión "La Ciudad Creadora", emitido por Canal 7. Lo acompaña, entre otros el actor Federico Luppi. En un momento dado sucede algo impensado. Fijman alza la vista, acaso como si hubiera visto la luna que tanto amaba, y dice: "Tengo que contar un secreto que llevo toda la vida conmigo". Las cámaras lo buscan, quieren el mejor plano. Hay expectativa, y como un golpe en pleno rostro, afirma: "todos los domingos, en misa, los sacerdotes comen mierda". El silencio recorre el estudio y la tensión se hace insoportable. El poeta acaba de propiciar la más fulminante declaración escuchada, por aquellos años, en un medio del Estado. Y lo sabe. Como también es consciente de que la muerte está a pasos de hacerle la última zancadilla "¿Se ocupará de mi cuando muera? Sáqueme a toda prisa de la morgue. No dejen que me destrocen. ¿Me lo promete?"- le suplica a su amigo Vicente Zito Lema.

"Poeta", Jacobo Fijman: así lo registran las necrológicas de los diarios del 1 de diciembre de 1970. Tenía 72 años, tres libros publicados, un cuaderno con dibujos y lo puesto. Nada más.

Extraído de http://meridianabis.blogspot.com/2008/05/jacobo-fijman-biografa.html]




Gris andurrial de la mañana.
El mar descorcha sus botellas
de vinos espumosos.

Bailan como muñecos
mis anhelos, oreados por los vientos;
y vanse a pique sollozando,
con las manos abiertas, distendidas.

El mar embriaga mis sarcasmos
aguja de relojes negros,
trasnochadores;
conciencia amarga de la vida.
Hastío.
Zozobras.
Gargantas temblorosas.

De día en día
preparo mis maletas;
cambio los aires y las horas!

Las grises estaciones me han dejado
el silencio de sus faroles
enfermos, de velorios;
y los puertos sus guinches y sus barcos
afiebrados de esclavos y bocinas.

Se alargan las agujas de los relojes negros.
Sarcasmos.
Bailan mis muñecos, oreados por los vientos
en el gris andurrial de la mañana.



"El violinista verde" de Marc Chagall

viernes, 4 de junio de 2010

ODA MARÍTIMA por Álvaro de Campos (Fernando Pessoa)


[Fernando Antonio Nogueira Pessoa (1888-1935) nació en Lisboa el 13 de Junio a las 3 de la tarde. Entre 1896 y 1905 vivió en Durban en Sudáfrica donde su padre era cónsul, de forma que el inglés se convirtió en su segunda lengua, de hecho, trabajó como traductor técnico y sus primeros trabajos están escritos en inglés.En 1906 se matricula en el Curso Superior de Letras en Lisboa pero lo abandona un año más tarde. En 1914 empieza a escribir poemas de sus heterónimos (personalidades dentro de sí mismo, distintos alter egos). Colabora en revistas culturales como Orfeu que surge en 1915, Atena dirigida por él mismo y Ruy Vaz a partir de 1924 o Presença en 1927. En 1926 Pessoa requiere la patente de invención de un Anuario Indicador Sintético, por Nombres y Otras Clasificaciones, Consultable en Cualquier Lengua. En esta época dirige junto con su cuñado la Revista de Comercio y Contabilidad. En 1934 aparece Mensagem el único libro que se publicó mientras vivía. El 30 de noviebre de 1935 muere en Lisboa a los 47 años. Pessoa está considerado como uno de los poetas más importantes de la literatura portuguesa. Influido por filósofos como Nietzsche y Schopenhauer introdujo en su país las corrientes literarias en auge en su época como el modernismo o el futurismo y se convirtió en el principal foco estético de la vanguardia portuguesa.

Alvaro de Campos [uno de los más interesante heterónimos creados por Pessoa] nació en 1890 en Tavira y es ingeniero de profesión. Estudión ingeniería en Escocia, se formó en Glasgow, en ingeniería naval. Visitó oriente y durante esa visita, a bordo, en el Canal de Suez, escribe el poema Opiário, dedicado a Mario de Sá-Carneiro. Desilusionado de esa visita, regresa a Portugal donde lo espera el encuentro con el maestro Caeiro, y el inicio de un intenso viaje por las teorías del sensacionismo y del futurismo o del interseccionismo. Lo espera aún un cansancio y un sonambulismo poético como el prevé en el poema Opiario: Vuelvo a Europa descontento, y de paso/ de llegar a ser un poeta sonambólico. Conoció a Alberto Caeiro [otro conocido heterónimo pessoano] en una visita al Ribatejo y se convirtió en su discípulo: Lo que el maestro Caeiro me enseñó fue a tener claridad; equilibrio, organismo en el delirio y en el desvairamiento, y también me enseñó a procurar no tener filosofía ninguna, pero con alma (Páginas Intimas e Auto Interpretaçao, p.405) Se distancia entre tanto, mucho del maestro al aproximarse a movimientos modernistas como el futurismo y el sensacionismo. Se distancia del objetivismo del maestro y percibe las sensaciones destanciandose del objeto y centrandose en el sujeto, cuando, pues, en el subjetivismo que acabará por encaminarse por la conciencia del absurdo, por la experiencia del tedio, de la desilución (grandos son los desiertos, y todo es desierto/ grande es la vida, y no vale la pena haber vivido) y de la fatiga (lo que hay en mi es sobre todo cansancio/ no de esto ni de aquello,/ sin siquiera de todo o de nada:/ cansancio así mismo, él mismo, /Cansancio). Alvaro de Campos experimentará la civilización y admira la energía y la fuerza, tranportándolas para el dominio de su creación poética, nombrandamente en los textos "Ultimatum" y "Oda Triunfal". Alvaro de Campos es el poeta modernista, que escribe las sensaciones de la energía y del movimiento así como, las sensaciones de sentir todo de todas las maneras. Es el poeta que más expresa los postulados del Sensacionismo, elevando al exceso ese ansia de sentir, de percepcionar toda la complejidad de las sensaciones. Su primera composición data de 1914 y todavía el 12 de octubre de 1935 firmaba poesías, o sea, poco antes de la muerte de Fernando Pessoa, el cual dejara de escribir textos antes que Alvaro de Campos.

(Extraído de http://perso.wanadoo.es/mlomba/fernando2.htm)]





Solo, en el muelle desierto, en esta mañana de verano,
miro hacia la entrada del puerto, miro hacia lo Indefinido,
miro y me alegra ver,
negro y claro, pequeño, un paquebote entrando.
Viene lejos, nítido, clásico a su manera.
Distante, en el aire lo sigue la vana orla de su humo.
Viene entrando y la mañana entra con él
y en el río,
aquí, allá, despierta la vida marítima,
se izan velas, avanzan remolcadores,
surgen barcos pequeños detrás de las naves que están en el
puerto.
Hay una tenue brisa.
Y mi alma se une con lo que apenas distingo,
con el paquebote que entra,
porque él está con la distancia, con la mañana,
con el sentido marítimo de esta hora,
con la dolorosa dulzura que me sube como náusea,
como un principio de furia en el espíritu.
Miro a lo lejos el paquebote,
independiente del alma,
y dentro de mí un volante comienza a girar, lentamente.

Los paquebotes que entran de mañana en el puerto
traen ante mis ojos
el misterio alegre y triste de quien llega y parte.
Traen una memoria de muelles y momentos distantes,
puentes que conducen hacia otra humanidad.
Todo el atracar, todo el desprendimiento de la nave
es -lo siento en mí como sangre-
inconscientemente simbólico,
terrible amenaza de revelaciones metafísicas
que perturban en mí al que yo fui.

Ah, todo el muelle es una soledad de piedra.
Y cuando la nave se aleja
y de pronto reparo en que se abrió un espacio
entre el muelle y la nave,
no sé por qué sufro una súbita angustia,
una niebla de tristes sentimientos
que brilla en el suelo de mis penas de hierba
como la primer ventana donde el alba golpea,
y que me envuelve como si recordara a una persona
que misteriosamente fuese mía.

Ah, ¿quién sabe, quién sabe
si antes de mí, en otro tiempo,
no partí de muelle?
¿Si no dejé otra clase de puerto
en una nave hacia el sol oblicuo del amanecer?
¿Quién sabe si no dejé,
anterior al tiempo del mundo exterior
que veo raerse en mí,
un gran muelle con poca gente
de una gran ciudad despierta a medias,
enorme ciudad comercial, crecida y apopléjica
aunque eso quede fuera del Espacio y el Tiempo?

Sí, un muelle de algún modo material,
visible como muelle, veraz, realmente muelle,
el Muelle Absoluto por cuyo modelo inconscientemente imitado,
insensiblemente evocado,
construimos nuestros muelles en nuestros puertos,
nuestros muelles de piedra actual sobre agua verdadera,
que después de construidos se revelan
Cosas Reales, Hechos de Espíritu, Entidades en Piedras que son Almas,
en la fugacidad de nuestros sentimientos de hierba o raíz,
cuando del muro exterior parece abrirse una puerta
y sin que nada se altere
todo se manifiesta diverso.

Ah, Gran Muelle donde partimos en Naciones-Navíos.
Gran Muelle Anterior, eterno y divino.
¿De qué puerto? ¡En qué mar?
Oh, ¿por qué pienso esto?
Gran Muelle, igual a todos los muelles pero Único.
Lleno también de murmurantes silencios en las albas,
desabotonando con las mañanas un ruido de guindastes
y comboyes que arriban con mercaderías,
bajo la nube negra que surge, ocasional y leve,
del fondo de las chimeneas de las fábricas cercanas
y sombrea el llano de carbones pequeños que brillan
como si fuese la sombra de una nube que pasa sobre agua sombría.

En los momentos de silencios y angustia,
¡qué esencia de misterio y de sentido
de un éxtasis divino y revelador
no es puente entre cualquier muelle y el Muelle!

Muelle que en las aguas inmóviles se refleja oscuro,
y el bullicio a bordo de las naves.
Oh alma errante e inestable de la gente que se embarca,
gente simbólica que pasa y en quien nada perdura,
y que al volver la nave al puerto
ha cesado de ser la misma.
Oh ebriedad de lo diverso, idas, fugas continuas,
alma eterna de los navegantes y las navegaciones,
quilla reflejada lentamente en las aguas
cuando la nave sale del puerto.
Fluctuar como el alma de la vida; como la voz, partir,
trémulo vivir el instante sobre las aguas eternas.
Despertar a días más reales que los días de Europa,
ver puertos misteriosos en la soledad del mar,
doblar cabos apartados hacia súbitos vastos paisajes
por innumerables costas atónitas...

Ah las playas distantes, los muelles vistos los lejos.
Las playas cercanas, los muelles vistos de cerca.
El misterio de cada ida y cada arribo,
a cada hora marítima
la dolorosa inestabilidad e incomprensión
de este universo imposible, sentido en nuestra piel.
La solución absurda que nuestras almas esparcen
sobre extensiones de mares diferentes e islas lejanas,
sobre las distantes islas de las costas ya pasadas,
sobre el crecimiento nítido de los puertos con sus casas y gentes
hacia el barco que se aproxima.

Ah las frescas mañanas del arribo
y la palidez de las mañanas en que se parte,
cuando nuestras entrañas se contraen
y una vaga sensación semejante al miedo
-el miedo ancestral de separarse y partir,
el misterioso y ancestral recelo al arribo y lo nuevo-
nos recorre la piel y nos tortura
y todo nuestro cuerpo angustiado siente,
como si fuese alma,
un inexplicable deseo por sentir de otra manera:
una nostalgia de algo,
una zozobra del cariño ¿a qué vaga patria?
¿A qué costa? ¿A qué nave? ¿A qué muelle?
Nos duele su pensamiento
y queda por dentro un gran vacío,
una hueca saciedad de minutos marítimos
y una vaga ansiedad que sería tedio o dolor
si supiese cómo serlo...

A pesar del verano la mañana está fresca.
Una tenue torpeza de noche perdura en el aire sacudido.
Ligeramente se apresura el volante dentro de mí.
Y el paquebote viene entrando ... porque así tiene que ser,
no porque lo vea avanzar en su distancia excesiva.

En mi imaginación está cerca y visible,
en toda su extensión las líneas de sus vigías,
y todo tiembla en mí, la carne y la piel,
por esa criatura que no llega en nave alguna
y que yo vine a esperar al muelle por un inexplicable mandamiento.

Las naves que entran y salen de los puertos,
las que pasan a lo lejos
(me imagino viéndolas desde una playa desierta),
todas estas naves casi abstractas al partir,
todas me conmueven como si fueran otra cosa,
no sólo naves que parten y regresan.

Y vistas de cerca, aunque no se embarque uno en ellas,
vistas desde abajo en los botes, murallas elevadas,
y por dentro, a través de las cámaras, de la salas, de las despensas,
mirando de cerca los mástiles afilándose hacia lo alto,
rozando las cuerdas, descendiendo corredores incómodos,
oliendo la untada mezcla metálica y marina de todo aquello
-vistas de cerca son ellas y son otra cosa,
producen en la misma nostalgia y la misma ansiedad otras distintas.

Toda la vida marítima, todo en la vida marítima,
toda esa preciosa seducción se insinúa en mi sangre
y sueño indefinidamente los viajes.
Ah, las líneas de las costas distantes, oprimidas por el horizonte,
los cabos, las islas y las playas arenosas.
Soledades marinas, como los momentos del Pacífico
en que una sugestión nacida en la escuela
uno siente en los nervios el peso de que sea el mayor de los océanos,
y el mundo y el sabor de las cosas
se tornan un desierto dentro de nosotros.
La extensión más humana, más furiosa, del Atlántico.
El Índico, el más misterioso de los océanos.
El Mediterráneo, dulce sin misterio alguno, clásico,
un mar que se golpea
encontrando explanadas de jardines cercanos
mirados por estatuas blancas.
Todos los mares, todos los estrechos, las bahías, los golfos,
quisiera apretarlos a mi pecho, oh sentirlos y morir.

Y ustedes, oh cosas navales, mis viejos juguetes de sueño,
fuera de mí componen mi vida interior;
quillas, mástiles y velas, guindolas y cordajes,
chimeneas de vapor, gavias, hélices, flámulas,
calderas, colectores, válvulas, galdropes y escotillas,
caen dentro de mí como se precipita en el suelo
el contenido confuso de una gaveta abierta.
Sean el tesoro de mi vida avaricia febril,
sean los frutos del árbol de mi imaginación,
tema de mis cantos, sangre en las venas de mi inteligencia,
sean el lazo que me una al exterior por la belleza,
provéanme de imágenes, literatura, metáforas,
porque en serio, en verdad, real, literalmente,
mis sensaciones son una nave que rompe el aire con la quilla,
mi imaginación un ancla sumergida a medias,
mi ansiedad un remo quebrado
y la tesitura de mis nervios una red secándose en la playa.

Suena por casualidad en el río un silbato, sólo uno.
Se estremece ya todo el campo de mi psiquismo.
Se apresura cada vez más el volante dentro de mí.

Ah, los paquebotes, los viajeros, el se-ignora-el-paradero
de Fulano de Tal, marino, conocido nuestro.
Ah, la gloria de saber que un hombre
que andaba con nosotros
murió ahogado junto a una isla del Pacífico.


Nosotros que íbamos con él hablaremos de eso
con un orgullo legítimo, con una inexpresable confianza
de que tenga un sentido más bello y más vasto
que el de apenas perder el barco donde iba
y haber quedado en el fondo con los pulmones reventados...

Ah, los paquebotes, los cargueros, los barcos de vela.
Van escaseando en los mares -ay de mí- los veleros.
Y yo que amo la civilización moderna, que con el alma beso las máquinas;
yo, el ingeniero, el civilizado, el educado en el extranjero,
quisiera ver sólo veleros y barcos de madera,
saber de la vida marítima sólo la antigua vida de los mares.
Porque los antiguos mares son las Distancia Total,
la Lejanía Pura, libre del peso actual...
Ah, todo me recuerda esa vida mejor,
esos mares más extensos porque se navegaban despacio,
misteriosos porque se sabía menos de ellos.

Todo vapor lejano es de cerca un velero.
Toda nave distante ahora, vista de cerca es otra en el pasado.
Todos los invisibles marineros a bordo de las naves en el horizonte
son los marineros visibles del tiempo de las viejas naves,
esa época lenta, el velero de peligrosas travesías,
el tiempo de madera y lona
y de viajes que duraban meses.

Me invade poco a poco el delirio de las cosas marítimas,
me penetran físicamente el muelle y su atmósfera,
el murmullo del Tajo corre por encima de mis sentidos,
y comienzo a soñar, y me envuelvo con el sueño de las aguas,
comienzo a pegar bien el cordaje de transmisión en mi alma
y la premura del volante me seduce nítidamente.
Gritan por mí las aguas,
gritan por mí los mares,
gritan por mí las lejanías, levantando al gritar una voz corpórea
todas las épocas marítimas vividas en el pasado.

Tú, marinero inglés, Jim Barns, amigo mío, fuiste tú
el que me enseñó ese grito antiquísimo, inglés,
que tan mortalmente resume
en las almas complejas como la mía
el llamado confuso de las aguas,
la voz inédita e implícita de todas las cosas del mar,
de los naufragios, de los viajes lejanos y travesías peligrosas.
Ese grito inglés tuyo, hecho universal en mi sangre,
sin rasgo de grito, sin forma humana ni voz.
Ese grito tremendo que parece sonar
es una caverna cuya bóveda es el cielo
y parece narrar todas las cosas siniestras
que pueden suceder en la Lejanía, en el Mar, por la Noche.
(Fingías siempre que era por una goleta que gritabas,
y decías así, poniendo las manos junto a la boca,
haciendo bocina con las grandes manos curtidas y oscuras:

Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó--- yyy
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó ----yyyy...)

Te escucho aquí, ahora, y algo en mí se despierta.
Se estremece el viento. Avanza la mañana. El calor se abre.
Siento mis mejillas encenderse.
Mis ojos conscientes se dilatan.
El éxtasis en mí se eleva, crece, avanza,
y con un ruido ciego, amotinado, se acentúa
el vivo giro del volante.

Oh clamoroso llamado
cuyo calor, cuya furia hierve en mí,
todas mis ansias en una unidad explosiva,
mis propios tedios apresurándose, todos...
Grito que lanza a mi sangre
un amor ya pasado, no sé dónde, que retorna
y aún tiene fuerza para atraerme e impulsar,
que aún tiene fuerza para hacerme odiar esta vida
que transcurre entre el límite corporal y del alma
de la gente real con que vivo.

Ah, sea como sea, vaya a donde vaya, partir.
Irme fuera, por las olas, por el peligro, por el mar.
Ir Lejos, hacia Fuera, a la Distancia Abstracta,
indefinidamente, por las noches hondas y misteriosas,
y como la polvareda llevado por los vientos,
entregado a los vendavales.

Ir, ir, ir, ir de una vez.
El deseo de tener alas enfurece mi sangre.
Todo mi cuerpo se arroja ante mí.
Fuera de mi imaginación me precipito en torrentes.
Clamo, me abalanzo, me atropello...
Mis ansias estallan en espuma
Y mi carne son olas que golpean contra las rocas.
Pensando en esto, oh ira, pensando en esto, oh furia,
pensando en las estrechez de mi vida llena de ansiedad,
súbita, trémula, exorbitadamente,
con una oscilación vasta, viciosa, violenta,
del volante vivo de mi imaginación,
se desata en mí, agobiante, vertiginosa, silbante,
la brama sombría y sádica del estruendo de la vida marítima.

Eh, marineros, grumetes, eh, tripulantes, pilotos.
Navegantes, marinos, hombres de mar, aventureros.
Eh, capitanes. Hombres que duermen en rudas tarimas.
Hombres que duermen en los mástiles, avistando el peligro.
Hombres que tienen la muerte por almohada.
Hombres que poseen una toldilla, que mira desde la borda
la inmensa inmensidad del mar.
Eh, manipuladores de los guindastes de carga.
Eh, amainadores de velas, fogoneros, servidumbre,
eh, los que enrollan cabos en el combés,
los que llevan la carga a las bodegas
y limpian el metal de las escotillas.
Hombres del timón y de las máquinas y de los mástiles.
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh
Gente de playeras y bonete,
con anclas y banderas cruzadas tatuadas en el pecho.
Gente de amurada, fumadores de pipa,
oscuros de tanto sol, curtidos por tanta lluvia,
limpios de los ojos, por tanta inmensidad ante ellos,
audaces por tantos vientos que sus rostros batieron con valor.

Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh
Hombres que vieron Patagonia
y pasaron por Australia,
que colmaron su mirada de costas que nunca veré
y pisaron tierra en tierras donde jamás descenderé.
Que compraron toscos artículos en colonias, adentrándose en
tierras inhóspitas,
y haciéndolo todo si nada hicieran,
como si eso fuese natural,
como si la vida fuese así
y ni siquiera cumpliendo un destino.
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh
Hombres del mar actual y del pasado.
Encargados de abordo, esclavos de galeones. Combatientes de Lepanto.

Piratas del tiempo de Roma. Navegantes de Grecia.
Fenicios. Cartagineses. Portugueses salidos de Sagrés
a la aventura indefinida, hacia el Mar Total, a realizar lo imposible.
Hombres que asentaron patrones y dieron nombres a cabos,
que por primera vez traficaron con esclavos y negros de nuevas tierras
y dieron el primer espasmo europeo a las negras atónitas.
Que trajeron oro, hongos, abalorios, maderas olorosas,
de costas de lujuriosa explosión vegetal.
Hombres que saquearon tranquilos pueblos africanos,
que hicieron huir a esas razas con el ruido de cañones
y se entregaron a la matanza, al robo y a torturar
y ganaron los trofeos de novedad
arremetiendo con la cabeza ante el misterio de nuevos mares.
Eh-eh-eh-eh-eh
A todos ustedes en un solo,
a todos ustedes en todos ustedes como uno,
a todos ustedes mezclados, cruzados,
a todos sanguinarios, violentos, odiados, temidos, ensangrentados,
yo los saludo, yo los saludo, yo los saludo.
Eh- eh-eh-eh-eh Eheh-eh-eh-eh Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh
Eh laho.laho laHO-lahá-á-á-á-á

Quiero ir con ustedes, quiero ir
al mismo tiempo con todos ustedes
a todo lugar donde vayan.
Quiero tener sus peligros frente a frente,
sentir en mi cara los vientos que deshicieron las suyas,
escupir de mis labios la sal de los mares que los suyos besaron,
tender los brazos para ayudarlos, compartir sus tormentas,
llegar por fin como ustedes a puertos extraordinarios.

Huir juntos de la civilización,
perder con ustedes toda idea moral,
sentir que se transforma lejos mi humanidad.
Juntos beber en mares del sur
nuevos tumultos del alma, nuevos salvajismos,
nuevos fuegos primitivos de mi volcánico espíritu.
Ir con ustedes, arrojar de mí
-ah, poeta de dentro hacia afuera-
mi traje de civilizado, mis blandas acciones,
mi miedo innato de encadenado,
mi pacífica vida,
mi sentada, estática, reglamentada e inspeccionada vida.

En el mar, en el mar, en el mar, en el mar.
Eh, dejar la vida en el mar, al viento, a las olas.
Salar con la espuma arremetida por los vientos
mi paladar de grandes viajes.
Fustigar con agua conmovida la carne de mi aventura,
y que fríos oceánicos recorran los huesos de mi existencia.
Flagear, acuchillar, oprimir con vientos, con espuma, con soles,
mi ser ciclónico y atlántico,
mis nervios tendidos como jarcias,
lira en las manos de los vientos.
Sí, sí, sí... Crucifíquenme en las navegaciones
y mi espalda gozará su cruz.
Átenme a los viajes como a maderos
y la sensación de esa tortura recorrerá mis vértebras
en un incansable espasmo pasivo.
Háganme lo que sea, pero que esté en los mares,
sobre el combés, al son de las olas,
hieran, maten, acuchillen.
Lo que quiero es llevar a la muerte
un alma que se transborde en el mar,
que embriagada se derrumbe de cosas marítimas,
tanto de marineros como de anclas, de cabos,
tanto de cosas de la distancia como el ruido de los vientos,
tanto de la Lejanía como del Muelle, de los naufragios,
de los tranquilos comercios,
de los mástiles, del oleaje,
llevar a la muerte con dolor, voluptuosamente,
una copa de sanguijuelas llena para beber,
para beber extrañas verdes absurdas sanguijuelas marinas.

Hagan jarcias de mis venas,
amarras de mis músculos.
Arránqueme la piel y péguenla en las quillas,
que sienta el dolor de los clavos
y que nunca cese de sentirlos.
Hagan con mi corazón una flámula de almirante
de aquellos tiempos de guerra de las viejas naves
y coloquen al pie de los combés mis ojos arrancados.
Quiebren mis huesos golpeándolos contra las amuradas,
fustíguenme atado a los mástiles, fustíguenme,
y a todos los vientos de todas las latitudes y longitudes
lancen mi sangre en las aguas que atraviesan la nave
de lado a lado, arrojadas a la cubierta
en las violentas convulsiones de las tormentas.

Tener la audacia de las velas henchidas con el viento
y ser el agobio de los vientos como las altas gavias,
la vieja guitarra del Fado de los mares llenos de peligros,
canción que los navegantes oyeron y no pudieron repetir.

Los marineros que se sublevaron
ahorcando al capitán en una verga.
Que desembarcaron a otro en una isla desierta.
Marooned.

El sol de los trópicos provocó la fiebre de la piratería antigua
en mis venas intensas.
Los vientos de la Patagonia tatuaron mi imaginación
con imágenes trágicas y obscenas.
Fuego, fuego, fuego dentro de mí.
Sangre, sangre, sangre, sangre,
me estalla el cerebro.
El mundo se rae en mí, enrojecido.
Me estallan las venas con un sonido de amarras
y feroz, voraz, revienta en mí
la muerte en bramidos del gran pirata cantando
hasta que sus hombres abajo sentían el pavor en sus vértebras,

Fifteen men on the Dead Man's chest.
Yo-ho ho and a bottle of rum!

Y después gritar, e una voz irreal, hasta denotar en el aire:

Darby M'Graw-aw-aw-aw-aw
Darby M' Graw-aw-aw-aw-aw-aw-aw-aw
Fetch a-a-aft- the ru-u-u-u-u-u-u-u-u-um, Darby

Ah, qué vida aquella, esa era vida.
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh
Eh-laho-laHO-lahá-á-á-á-á
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh

Quillas quebradas, naves a pique, sangre en los mares,
combés ensangrentados, despojos,
dedos cercenados en las amuradas,
cabezas de niños aquí y allá,
gente con los ojos desorbitados al gritar, al aullar.
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh
Todo esto me envuelve como una capa en el frío.
Me froto con todo esto como una gata en celo con un muro.
Clamo como un león hambriento,
arremeto contra todo como un toro enfurecido,
clavo las uñas, me destrozo las garras, sangran mis encías sobre todo esto.
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh

De repente estalla en mis oídos
como un clarín junto a mí
el viejo grito, mas ahora metálico, airado,
llamando por la presa que ya se distingue,
la goleta que va a ser asaltada:

Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó ---yyyy ...
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó ---yyy ...

Ya en mí no existe el mundo entero. Me enardezco,
bramo en la furia del abordaje,
pirata-menor, César-Pirata;
robo, mato, despedazo, acuchillo,
sólo siento el mar, la presa, el saqueo.
Sólo siento que golpeo
y que me golpean
la venas de mis fuentes.
Derrama sangre caliente la sensación de mis ojos.
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh
Ah piratas, piratas, piratas,
ámenme y ódienme, piratas,
mézclenme con ustedes, piratas.
Su furia, su crueldad, hablan a mi sangre
de un cuerpo de mujer que fue mío en otro tiempo y cuyo celo sobrevive.

Quisiera ser una bestia que abarca todos sus movimientos,
una bestia que hundiese los dientes en las amuradas, en las quillas,
que comiese mástiles, bebiese sangre y alquitrán en los combés,
destrozase remos, cordajes, poleame y velas,
serpiente de los mares, femenina y monstruosa, cebándose en los crímenes.

Y hay una sinfonía de sensaciones incompatibles y afines,
una orquestación en mi sangre de confusión de crímenes,
de estrépitos espasmódicos en orgías de sangre en los mares,
con furia, como un vendaval ardiendo en el espíritu,
una polvareda caliente que nubla mi lucidez
haciéndome ver esto y soñarlo sólo con la piel y las venas.
Los piratas, la piratería, las naves, el instante,
aquel instante marítimo en que la presa es asaltada
y el terror de las víctimas huye hasta la locura -ese instante
en su total de crímenes, terror, naves, gente, mar, nubes, cielo,
brisa, latitud, longitud, gritos,
quisiera que en su Todo fuese mi cuerpo en su Todo, sufriendo,
que fuese mi cuerpo y mi sangre, mi ser enardecido,
y floreciera como una herida que se expande en la carne irreal de mi alma.

Ah, ser todo en los crímenes, ser yo todos los elementos que forman
los asaltos a los barcos y las matanzas y la violaciones.
Ser cuanto sucedió en los saqueos,
cuanto vivió o quedó inerte en el lugar de las tragedias sangrientas.
Ser el pirata resumen de toda la piratería en su apogeo,
y la víctima síntesis, de carne y hueso, de todos los piratas del mundo.

Ah, que mi cuerpo pasivo fuese la mujer todas-las mujeres
que fueron violadas, heridas, muertas, destrozadas por los piratas.
Ser en mi subyugado ser la hembra que teme pertenecerles y sentir todo esto,
sentir todas estas cosas recorrer al mismo tiempo mis vértebras.

Oh, mis velludos y ásperos héroes de la aventura y el crimen.
Mis bestias marítimas, esposos de mi imaginación.
Amantes causales del desvió de mis sensaciones.
Quisiera ser Aquella que los espera en los puertos,
amantes odiados en el sueño de su sangre de pirata.
Porque ella estaría con ustedes, única en el espíritu,
furiosa sobre los cadáveres desnudos de sus víctimas en los mares.
Ella los habría acompañado en sus crímenes y en la orgía oceánica,
su espíritu de bruja danzaría invisible entre los movimientos
de sus cuerpos, de sus cuchillos, de sus manos estranguladoras.
Y ella, esperándolos en tierra cuando llegaban, si acaso llegaban,
bebería en los rugidos de ese amor todo el vasto,
todo el denso y siniestro perfume de sus victorias,
y a través de sus espasmos entonaría un Sabbat enrojecido y amarillo.
La carne herida, abierta y destripada, con la sangre derramándose.
Ahora, en el auge preciso de soñar lo que ustedes hacían,
acercándome todo a mí, ya no les pertenezco, soy ustedes,
y mi femineidad que los acompaña es ser sus almas.
Estar dentro de toda su ferocidad, cuando la liberaban,
beber dentro de la conciencia sus sensaciones
cuando teñían de sangre altamar
y cuando arrojaban a los tiburones
los cuerpos aún vivos de los heridos, la carne sonrosada de los niños
y llevan a las madres a mirar por la borda lo que les ocurría.
Estar con ustedes en la carnicería, en el pillaje,
orquestado en la sinfonía de los saqueos.
Ah, no sé, no sé cuánto quisiera ser para ustedes.
No sólo ser una hembra, ser las hembras, las víctimas,
las víctimas -hombres, mujeres, niños, naves-,
no sólo ser la hora y los barcos y el oleaje,
no sólo ser sus almas, sus cuerpos, su furia, su posesión,
ni concretamente ser su hecho abstracto de orgía,
no es sólo esto que yo quisiera ser -es más que esto:
Dios-Esto.
Porque es preciso ser Dios, el Dios de un culto contrario,
un Dios monstruoso y satánico, Dios de un panteísmo de sangre
que pueda colmar en toda su medida mi furor imaginativo
y que nunca logre agotar mi ansia de identificarme
con cada uno y con todo y con el Más-Todo de sus victorias.
Ah, tortúrenme para satisfacerme.
Hagan de mi carne el aire que sus cuchillos atraviesan
antes de caer sobre las cabezas y las espaldas.
Que sean mis venas los vestidos que las dagas traspasan,
mi imaginación el cuerpo de las mujeres que violan,
mi inteligencia el combés donde luchan de pie, matando,
y toda mi vida -en su conjunto nervioso, histérico, absurdo-
el gran organismo cuyas células conscientes
fueran cada acto de piratería cometido
-y todo yo un torbellino como una inmensa pudrición del
oleaje, ah y ser todo esto.

Con pavorosa velocidad, desmedido,
el mecanismo febril de mis visones que se transbordan
gira ahora que es apenas mi conciencia, mi volante,
un nebuloso círculo agobiado en el aire.

Fifteen men on the Dead Man´s chest.
Yo-ho ho and a bottle of rum!

Eh- laho-LaHO ---lahá-á-ááá ---ááá...

Ah, lo salvaje de este salvajismo. Mierda
toda la vida que no es esto, como la nuestra.
Yo, ingeniero, práctico por fuerza, sensible a todo,
aquí, en relación a ustedes cuando estoy detenido y cuando camino,
también cuando yazgo o cuando, débil, me impongo;
estático, quebrando, disidente cobarde de su gloria,
de su gran poder estridente, encendido y sangriento.

Arre, por no actuar de acuerdo con mi delirio.
Arre, por andar siempre aferrado a la enaguas de la civilización.

Por andar con la douceur des moeurs a cuestas, como un fardo de olanes.
Niños de aceras -todos somos- del humanitarismo moderno.
Estupores de tísicos, de neurasténicos, de linfáticos,
sin coraje para ser violentos y audaces,
con el alma como gallina amarrada por una pierna.

Ah, los piratas, los piratas.
El ansia de lo que es ilegal y feroz,
el ansia de las cosas crueles y abominables
que como brama abstracta roe nuestros débiles cuerpos,
nuestros nervios femeninos y delicados,
y nos enloquece con incontenibles fiebres la mirada vacía.

Oblíguenme a arrodillarme ante ustedes.
Humíllenme y golpéenme.
Hagan de mí su esclavo, algo suyo,
y que su desprecio jamás me abandone,
oh, mis señores, mis señores.

Siempre tomar gloriosamente la parte sumisa
en los hechos sangrientos y en las sensualidades desatadas.
Derriben sobre mí, como grandes, pesados muros,
las barbaries del antiguo mar.
Del este al oeste de mi cuerpo
esparzan la sangre de mi sangre,
besen con cuchillos y látigos y furia
mi alegre terror carnal de pertenecerles,
mi ansia masoquista de ofrecerme a su furor,
de ser el objeto inerte que sienta su omnívora crueldad,
señores, dominadores, emperadores, corsarios.
Ah, tortúrenme,
acuchíllenme y ábranme,
deshecho en pedazos conscientes
frótenme en los combés,
espárzanme en los mares, déjenme
en las ávidas playas de las islas.

En mí ceben todo mi misticismo suyo,
cincelen la sangre de mi alma
y abran, hieran.
Oh, tatuadores de mi corporal imaginación,
amados desolladores de mi sumisión carnal.

Sométanme como se mata perro a patadas,
hagan de mí el pozo para su desprecio de dominadores.

Háganme todas sus víctimas.
Como Cristo sufrió por todos los hombres, quiero sufrir
por todas las víctimas que cayeron bajo sus manos,
sus manos callosas, sangrientas, con dedos cercenados
en salvajes asaltos de amuradas.
Háganme cualquier cosa, como si fuese arrastrado
-oh placer, oh beso de dolor-
arrastrado por caballos que ustedes fustigan ...
Pero esto en el mar, todo esto en el ma-a-a-ar, esto en el
MA-A-A-AR
Eh-eh-eh-eh-eh Eh-eh-eh-eh-eh-eh Eh-EH-EH-EH-EH-EH
EH en el MA A-A-A-AR

Yeh eh-eh-eh-eh-eh Yeh-eh-eh-eh-eh-eh Yeh- eh-eh-eh-eh-eh
eh-eh
Todo grita. Gritan vientos, oleaje, barcos,
mares, gavias, piratas, mi alma , la sangre y el aire, y el aire.
Eh- eh-eh-eh. Yeh- eh-eh-eh-eh-eh. Yeh-eh-eh-eh-eh-eh Todo
canta gritando

FIFTEEN MEN ON THE DEAD MAN'S CHEST.
YO-HO-HO AND A BOTTLE OF RUM !

Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh
Eh-laho-laHO-O-oo-lahá-á ---ááá

AHO-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O ---YYYY...
SCHOONER AHO-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O ---YYYY...

Darby M'Graw-aw-aw-aw-aw-aw
DARBY M'GRAW -AW-AW-AW-AW-AW-AW

FETCH A-A-AFT THE RU-U-U-U-U-U-UM, DARBY!

Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
EH-EH EH-EH-EH-
EH-EH-
EH-EH-
EH-EH-EH!
EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-
EH-EH-!
EH-EH-EH-EH-EH-EH-
EH-EH-EH-EH-EH-EH-!
EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-!

Algo se rompe en mí.
El enardecimiento ha anochecido.
Sentí un exceso: no puedo ya continuar sintiendo.
Se hundió mi alma y dentro de mí sólo quedó un eco.
Decrece notablemente la velocidad del volante.

Salen un poco los sueños en las manos de los ojos.
Dentro de mí sólo hay un vacío, un desierto, un mar
nocturno.
Y al sentir el mar nocturno dentro de mí,
sube de sus lejanías, nace de su silencio
otra vez, otra vez el basto grito antiquísimo,
de repente , como un relámpago de sonido que no es un
estruendo sino ternura,
abarcando súbitamente todo el horizonte marino
húmedo y sombrío, humano, marino y nocturno,
voz de sirena distante llorando, llamando,
que viene del fondo de la Lejanía, del fondo del Mar, del
alma de los Abismos,
y a su tono, como algas, boyan mis sueños desechos...

Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó ---yy ...
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó ---yy ...

Ah, sobre mi excitación el rocío.
La frescura nocturna en mi océano interior.
He aquí, ante una noche en el mar
llena de enorme misterio humano de las olas nocturnas,
todo está en mí pronto.
La luna sube en el horizonte
y mi infancia feliz despierta en mí, como una lágrima.
Mi pasado resurge como si ese grito marítimo
fuese un aroma, una voz, el eco de una canción
que busca de mi pasado
aquella felicidad que nunca más volveré a tener.

Era en la vieja casa sosegada a la orilla del río ...
(las ventanas de mi cuarto y las del comedor
deban, por encima de una casas bajas, el río cercano,
al Tajo, este mismo Tajo, pero en otro punto, más distante ...
Si yo ahora llegase a la misma ventana no llegaría a la misma Ventana.
Aquel tiempo pasó como el humo de un vapor en altamar ...)

Una inexplicable ternura,
un remordimiento conmovido y lloroso
por todas aquellas víctimas -especialmente los niños-
que imaginé hacer al soñarme un antiguo pirata.
Una emoción conmovida porque fueron mis víctimas;
pero tierna y suave, porque no lo fueron realmente.
Una ternura confusa, como un vidrio empañado, azulado,
canta viejas canciones en mi pobre alma dolorida.

Ah, ¿cómo pude pensar, soñar aquellas cosas?
Que diferente soy de lo que fui hace unos momentos.
Histeria de sensaciones -primero éstas, después sus contrarias.
En la mañana rubia que se levanta como mi olvido
sólo escoge las cosas de acuerdo con esta emoción
-el murmullo de las aguas,
el leve murmullo de las aguas del río al encontrarse con el muelle ...
La vela pasando al otro lado del río,
los montes lejanos, de un azul japonés,
las casas de Almada,
y lo que hay de suavidad y de infancia en la hora matutina ...

Una gaviota pasa
y mi ternura es mayor.

Pero en nada he reparado durante este tiempo.
todo fue una impresión de la piel, como una caricia.
Todo este tiempo no quité la vista de mi sueño lejano,
de mi casa al pie del río,
de mi infancia al pie del río,
de la ventana de mi cuarto que en la noche deba al río
y la paz del lugar esparcida en las aguas ...
Mi vieja tía que me amaba a causa de un hijo que perdió.

Mi vieja tía acostumbraba cantarme para que yo durmiera
(si bien ya era yo un poco grande para eso) ...
Recuerdo y las lágrimas caen sobre mi corazón y lo lavan de la vida,
y se levanta una leve brisa marina dentro de mí.
A veces ella cantaba la "Nao Catrineta":

Allá va la Nao Catrina
sobre las aguas del mar ...

Y otras veces, una melodía muy melancólica y tan medieval,
la "Bella Infanta" ... Recuerdo, y la pobre vieja voz se levanta dentro de mí.
Recuerdo que muy poco la recordé después, y ella que me amaba tanto.
Qué ingrato fui con ella -y finalmente, ¿qué hice yo con la vida?
Era la "Bella Infanta" ... Yo cerraba los ojos y ella cantaba:

Estando la Bella Infanta
en su jardín sentada

Yo habría un poco los ojos y veía la ventana llena de luna
y después cerraba los ojos otra vez, y con esto era feliz.

Estando la Bella Infanta
es su jardín sentada
su peine de oro en la mano
sus cabellos peinaba

Oh, mi pasado de infancia, muñeco que me rompieron.

No poder viajar al pasado, a aquella casa y a aquel cariño,
y siempre quedar allí, siempre contento y siempre niño.

Pero esto fue el pasado -linterna en una esquina de calle vieja
Pensar en esto me da frío, hambre de algo que no puede obtenerse.
Me da remordimiento pensar en esto.
Oh, torbellino lento de sensaciones opuestas,
vértigo suave en el alma por causas confusas.

Furias rotas, ternuras como cordeles con que los nuños brincan,
gran abatimiento de la imaginación en los ojos de los sentidos,
lágrimas, lágrimas inútiles,
suaves brisas de contradicción corriendo la faz del alma ...

Evoco, para salir de esta emoción, por un esfuerzo voluntario,
con un esfuerzo desesperado, marchito, inútil,
la canción del Gran Pirata cuando estaba muriendo:

Fifteen men on the Dead Man's chest.
Yo-ho-ho and a bottle of rum!

Mas la canción es una línea recta mal trazada en mi Interior ...

Me esfuerzo y otra vez logro traer ante mis ojos del alma,
otra vez, pero con una imaginación casi literaria,
la furia de la matanza, de la piratería, el apetito del saqueo que se paladea,
de la carnicería inútil de mujeres y de niños,
de la frívola tortura de los pasajeros pobres hecha por distracción
y de la sensualidad de romper y destruir las cosas más
amadas de los otros,
pero sueño todo esto con mi miedo, como si alguien respirarse
de pronto sobre mi nuca.

Recuerdo que sería interesante
ahorcar a los hijos frente a las madres
(sin querer me siento las madres de ellos),
enterrar vivos en las islas desiertas a los niños de cuatro
años
y llevar a los padres en lanchas hasta allá, para verlos
(me estremezco, y recuerdo un hijo que no tengo
y que está durmiendo tranquilo en casa).

Aguijón de un ansia fría de crímenes marinos,
de una inquisición sin la disculpa de la Fe,
crímenes ni siquiera como razón de ser de la maldad o la furia.
hechos fríamente, ni siquiera por herir o por el mal,
ni siquiera para divertirnos:
apenas para pasar el tiempo
igual que uno pasa el rato en un comedor de provincia
con la servilleta tirada al otro lado de la mesa después de comer,
sólo por el suave gusto de cometer crímenes abominables y
no considerarlos gran cosa,
de ver sufrir hasta la locura y la muerte-por-el-dolor pero
nunca llegar más allá ...
porque mi imaginación rehúsa acompañarme.
Un escalofrío me contrae.
Y de pronto, pero más repentinamente que la otra vez, de
más lejos, de más hondo,
de pronto -oh pavor por todas mis venas-
el frío súbito de la puerta del Misterio que dentro de mí se
abrió y dejó pasar una corriente de aire.
Recuerdo a Dios, lo trascendental de la vida,
y de pronto la vieja voz del marino Jim Barns, con quien hablaba,
convertida en la voz de ternura misteriosa de mi anterior,
de esas pequeñas cosas de rezago de madre y cinta de
cabello de hermana,
pero asombrosamente venida del más allá de la apariencia de las cosas,
la voz sorda y remota convertida en la Voz Total, la voz sin Boca,
venida por fuera y por dentro de la soledad nocturna de los mares,
llama por mí, llama por mí ...

Viene sordamente, como si estuviese sofocada y aún se oyese,
lejanamente, como si estuviese en otro lugar y no la pudiéramos oír,
como un líquido guardado, una luz que se apaga, un aliento silencioso,
de ningún sitio del espacio, ningún lugar en el tiempo,
el grito eterno y nocturno, el soplo hondo y confuso:
Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó ---yyy ...
Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó --- ---yyy ...
Shooner ah- ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó --- ---yyy ...
Tiemblo por un frío del alma que recorre mi cuerpo.
De pronto abro los ojos, que no tenía cerrados.

Ah, qué placer por fin salir de los sueños.
He aquí de nuevo al mundo real, tan bondadoso para los nervios.
Aquí, en esta hora matutina cuando entran en el puerto los
paquebotes que arriban temprano.

No me importa ya el paquebote que entra: aún está lejos.
Ahora lo que esté cerca me eleva el alma.
Mi imaginación práctica, higiénica, poderosa,
comienza en este momento a ocuparse con las cosas
modernas y útiles,
con los cargueros, con los paquebotes y los pasajeros,
con las modernas cosas inmediatas, potentes, comerciales,
verdaderas.
Modera su giro en mi interior el volante.

Moderna vida marítima.
Todo limpieza, higiene, máquinas.
Todo tan bien arreglado, tan naturalmente ajustado:
las piezas de las máquinas, las naves por los mares,
todos los procesos comerciales de exportación e importación
combinándose perfectamente,
corriendo todo como por leyes naturales,
ninguna cosa chocando con otra.

Nada perdió la poesía. Y están además las máquinas ahora
con su poesía, y también esa nueva vida
sentimental, comercial, intelectual, mundana,
que infundieron las máquinas en las almas.
Como antes, los viajes son bellos,
y un barco siempre será bello sólo por ser un barco.
Viajar todavía es viajar y lo lejos está donde siempre estuvo
-en ninguna parte, gracias a Dios.

Los puertos están llenos con vapores de muchas especies.
Pequeños, grandes, con diferentes disposiciones de vigías,
de tan deliciosamente tantas compañías de navegación.
Vapores diferentes en la destacada separación de losanclamentos.
Tan agradable su garbo estático de cosas comerciales que se
desplazan en el mar,
en el viejo mar siempre homérico, oh Ulises.

La mirada humana de los faros en la distancia de la noche,
y el faro repentinamente cercano en la noche muy obscura
("Qué cerca e la tierra estábamos pasando". Y el sonido del
agua hablándonos al oído) ...

Todo es hoy como siempre, y ahora además hay comercio.
Y el destino comercial de los grandes vapores me envanece de mi época.
La gente a bordo de los barcos de pasajeros
me produce el orgullo de vivir en un tiempo
donde es fácil el mestizaje de las razas
y se transponen espacios para ver todas las cosas,
viviendo con la realidad de los sueños.

Limpios, reglados, modernos como un escritorio con clips en redes de hilo amarillo,
mis sentimientos, comedidos ahora y naturales, como de gentlemen,
son prácticos, ajenos adversarios.
Lleno de aire marino los pulmones,
como gente perfectamente consciente de cómo es saludable
respirar la brisa del mar.

El día ha avanzado ya hasta horas de trabajo.
Comienza todo a moverse, a regularizarse.
Con gran placer natural, directo, repaso con el alma
todas las operaciones comerciales que necesita un embarque de mercancías.
Mi época es el sello que llevan todas las facturas,
y siento que todas las cartas de todos los escritorios
debían estar dirigidas a mí.

Un grado de abordo posee tanta singularidad
y es hermosa como una asignatura de comandante de la nave.
Rigor comercial de principio a fin en las cartas:
Dear Sirs -Messieurs -Amigos y Señores;
Yours faithfully- ...nos salutation empressées ...
Esto es humano y limpio, y por eso es bello,
y su fin es un destino marítimo, un vapor donde embarcan
las mercancías de que trataron las cartas y facturas
Ah, complejidad de la vida. Las facturas son escritas por gente
que vive amores, odios, pasiones políticas, a veces crímenes
-pero son tan cuidadas, tan bien escritas, tan ajenas a esto.

Hay quien mira una factura y no siente esto.
Con seguridad que tú, Cesario Verde, lo sentías.
Yo, hasta las lágrimas lo siento humano.
Vengan a decirme que no hay poesía en el comercio, en los escritorios.
Ahora entra por toda la pie. La respiro con este aire marino.
Pero esto viene con motivo de los vapores, de la navegación moderna.
Pues las facturas y las cartas comerciales son el principio de la historia,
y las naves que llevan las mercancías por el mar eterno son el fin.

Ah, y los viajes, los viajes de recreo o cualquier otros,
los viajes por mar donde somos compañeros
de una manera especial, como si un misterio marino
uniese las almas y nos convirtiera por un momento
en patriotas efímeros de una inconstante patria
que eternamente se desplaza en la inmensidad de las aguas.
Grandes hoteles del Infinito, oh trasatlánticos míos.
Con el cosmopolitismo total, perfecto, de nunca detenerse en un punto
pero conteniendo todas las formas de vestidos, de caras, de razas.

Los viajes, los viajeros -cuánta variedad de ellos,
cuántas nacionalidades sobre el mundo y profesiones, gentes.
Diversos destinos que se dan en la vida,
la vida que en el fondo es siempre la misma.
Cuántas caras raras. Todas las caras son raras
y nada posee tanta religiosidad como mirar mucho ala gente.
La fraternidad no es una idea revolucionaria,
es algo que la gente aprende en su vida diaria, donde tiene que tolerar todo,
y en ocasiones encuentra agrado en los que tiene que tolerar,
y un día acaba por llorar de ternura sobre lo que toleró.

Esto es bello, es humano,
abraza nuestros sentimientos humanos, tan convenientes y burgueses,
tan complicadamente sencillos, tan metafísicamente tristes.
La vida inestable, diversa, acaba por educarnos en lo humano.
Pobre gente, pobre gente toda la gente.

Me separo de esta hora en el cuerpo de esa nave
que ahora va saliendo. Es un tramp-steamer inglés,
muy sucio, como si fuese una nave francesa,
con un aire simpático de proletario de los mares,
y sin duda anunciado ayer en la última página de los periódicos.

Me enternece el pobre vapor, va tan humilde y tan natural.
Parece tener un cierto escrúpulo no sé en qué, ser persona honrada,
muy cumplida en el alguna de tantas especies de deberes.
Allá va dejando el lugar frente al muelle, donde yo estoy.
Allá va tranquilamente, pasando donde las naves estuvieron
en otro tiempo, en otro tiempo ...
¿Hacia Cardiff? ¿Hacia Liverpool? ¿Hacia Londres? No importa.

Él hace su deber. Así nosotros hacemos el nuestro. Hermosa vida.
Buen viaje. Buen viaje.
Buen viaje, mi pobre amigo casual, que me hiciste el favor
de llevar contigo la fiebre y la tristeza de mis sueños,
de restituirme a la vida para verte pasar.
Buen viaje. Buen viaje. Esto es la vida ...

Cuán natural es tu aplomo, inevitablemente matutino,
al salir hoy del puerto de Lisboa.
Siento un curioso cariño, grato, por eso.
¿Por cuál eso? Allá sé lo que es ...Va ...Pasa ...
con un ligero estremecimiento
(T-t--t---t----t-----t ...).
Dentro de mí se detiene el volante.

Pasa, lento vapor, pasa y no permanezcas ...
Pasa de mí, pasa de mi vista,
vete de dentro de mi corazón,
piérdete en la Lejanía, en la Lejanía (bruma de Dios),
piérdete, sigue tu camino y déjame ...
¿Quién soy para que llore o interrogue?
¿Quién soy yo para que te hable y te ame?
¿Quién soy para que me duela mirarte?
Se aleja del muelle, crece el sol, levanta su oro,
brillan los tejados de los edificios del muelle,
todo este lado de la ciudad brilla ...

Parte, déjame,
sé ahora la nave en medio del río, destacada y nítida,
después la nave saliendo el puerto, pequeña y cercana,
después el vago punto en el horizonte -oh angustia mía-,
un punto cada vez más vago en el horizonte ....
después nada, y sólo yo mi tristeza,
y la gran ciudad ahora llena de sol
y la hora real y desnuda como un muelle ya si naves,
y el giro lento del guindaste que, como un compás que gira,
traza un semicírculo de no sé qué emoción
en el silencio conmovido de mi alma ...

Fernando Pessoa retratado por Almada Negreiros