miércoles, 12 de agosto de 2026

CONTRA TODO PRONÓSTICO

 
"Un día cualquiera en América", de Ron Croci.



Es mediodía y el vendedor de estrellas fugaces pregona a los cuatro vientos el otoño 
    de nuestros párpados
Los pájaros se extravían por las costuras del cielo
Deshilachados vuelan hacia un paraíso inexistente
Un viandante anuncia el apocalipsis
Subido a una boca de riego
No huyáis y confiad en el gurú de cola de cocodrilo
Alimentaos con sus patrañas
Es mejor así evitaréis el eclipse de vuestros cuerpos embalsamados con tinta de tabloide

Cenáculos de ratas leen entrelíneas a Adam Smith
Bajo la luz sifilítica de lamparillas de suntuosos lobbies
Calculan la extensión de sus planes de supresión de todas las utopías 
Y cuadriculan los vuelos de las golondrinas
Las páginas de sucesos de los diarios vespertinos vociferan
Con las manos chorreantes de sangre

Luchan pobres contra pobres en un ring como una caja de cerillas
Miríadas de cucarachas aplauden
Mecánicamente
Cerrado por vacaciones
El túnel ya no muestra luz al final de unos pasos de baile
Allí el vendedor de sogas hace su agosto
Hay corbatas de alambre de espino para toda edad y condición
Más ofertas en el interior de la celda de castigo

Las vacas sangradas pastan en prados multicolor
Bajo la cacofonía de la metralla suburbana
Donde los tranvías impactan en la diana del sol poniente
Alguien recita del biblia del caos
El mundo se cubrirá de zarzas fosforescentes
Y los escarabajos peloteros coparán las tribunas de los parlamentos
Mientras el mar bailará entre las lápidas de los cementerios
Como un forajido buscado en cinco países
Hasta morir de frío

Los traficantes del marfil de los sueños se disputan cuatro esquinas
De un cielo en construcción
De las fuentes manan alas de ángeles dopados
Contra todo pronóstico la voz del poeta se alza
En medio del paroxismo que precede al descarrilamiento de los planetas

martes, 11 de agosto de 2026

BLUES DE LA CALIMA


 
La luna con ictericia levita
Sobre un mar de pianos derretidos
El sudor tatúa máscaras africanas en las mosquiteras
Una guitarra desgrana notas azules
Que flotan como hojas de hibisco entre olas de espuma de cerveza
Las palmeras se contorsionan
Acompasadamente
 
Tejen las arañas multicolores
Un pentagrama de fiebre para la noche tórrida
Rumores de puertos en ebullición allende el océano
Vendedores de bananas pregonan
Los ardores de la canícula
Violinistas ciegos tañen los hilos de pescar del sol poniente
Insurgentes invocan el recuerdo
de Sankara o Lumumba
Contra el virus del necolonialismo
El ritmo de Alí Farka Touré hace florecer la rosa del desierto
Una estación de tren bajo la lluvia del trópico
Bosteza un blues tuareg
 
De súbito
La marea viva despliega su ejército de cangrejos rojos
Que se apostan en litorales pulidos
Por el salitre y la sangre de homéricos argonautas
Y la salmuera cubre las alcobas
De los que pernoctan en brazos de magnolios
Bajo los emparrados de las constelaciones
En jardines marítimos custodiados por ciegas jaurías
Ajenos a los vaivenes de un mundo
Que se tambalea como un elefante herido
 
Mientras la madre África nos envía su sangre
Solidificada y pulverizada
Bajo la apariencia exótica de calima
Para recordarnos de qué arcilla primigenia
Estamos hechos